Sección Tres: Hojas Su Prosperidad, Fuerzas y Medicina: Capítulo Dos: Protegiendo nuestras hojas, Encontrando el balance

wild fig tree with fruits emerging

Una higuera con frutas brotando, foto por Steve Slater, encontrado en Flickr.

En el último capítulo vimos el paralelo entre las hojas de los árboles y el alma del cristiano. Si no ha leído: Sección Tres: Hojas Su Prosperidad, Fuerzas y Medicina: Capítulo 1 ¿Qué Importancia Tienen Las Hojas? debe de leerlo primero para poder entender este capítulo mejor.

“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca” Mateo 24:32.

-Falsos Acacias-

Hay un árbol llamado Acacia Falso.  Se llama de esta manera porque al mirarlo, parece ser un Acacia, pero si lo examina bien, hace cosas que los demás Acacias no hacen.  Por ejemplo: ¡Este árbol para proteger sus hojas se convierte en un cobarde!  Cuando vienen momentos difíciles para las hojas de este árbol, los encoge y deja todo labor de fotosíntesis, deja de dar sombra para los demás y deja el proceso de rendir fruto también.  Se rinde totalmente ante las circunstancias.

Así también a veces somos nosotros los cristianos que “en el tiempo de la prueba [nos] aparta[mos]” Lucas 8:13.  Cuando lo que debemos de hacer, aun en tiempos de prueba, es seguir al Señor (aunque nos toca arrastrarnos por falta de fuerzas) y estar dispuestos a seguir trabajando para el Señor.  Esto no significa que no habrá días bien difíciles cuando sí tendremos las ganas de darnos por vencidos.  Lo que significa es que al mantenernos cerca de la fuente de toda bendición y al ser sinceros con Dios (eso es lo que significa esperar en Jehová) el Señor va a ministrar a nuestros espíritus y podremos seguir adelante, aún con más fuerzas en el Señor (esto es lo que significa levantarse sobre alas como las águilas).  No podemos rendirnos, ¡no podemos encoger nuestras hojas y rendirnos ante las circunstancias de la vida!

El Acacia falso al doblar sus hojas, ya no sirven sus hojas para nada.  No están produciendo comida para el árbol, no están emitiendo oxígeno al ambiente que lo rodea, ¡ni siquiera da sombra a otros!  Mientras que es importante guardar nuestras hojas, no podemos ser tan egoístas y pensar solamente nosotros.  Tenemos que seguir siendo de bendición en el cuerpo de Cristo.  Este árbol definitivamente nos da una lección de qué manera no debemos cuidar a nuestras hojas.  Tenemos que encontrar un balance en el Señor, y ¿quién mejor que el Señor para instruirnos en ese balance?  Entonces cuando vienen las circunstancias difíciles, aunque parece imposible encontrar una salida, busquemos de Dios para que Él nos enseñe la salida que Él mismo nos tiene guardado.

-Su Hoja No Cae-

Muchas veces en la vida del cristiano, pasa que nos enfocamos en buenas obras, pero no en aquella buena obra que Dios preparó “de antemano para que anduviésemos en ella” Efesios 2:10.  ¿Se acuerda que hablamos de Martha y María? en el momento que Cristo estuvo en su casa enseñado, tenían que estar escuchando las palabras de vida eterna que hablaba (Juan 6:68).  En algún momento, Jesús iba a terminar de enseñar y entonces sería la hora para hacer todo lo que Marta y María tenían que hacer.  Lo que Martha hacía no era mala, simplemente era en mal momento.  Es como la persona que cuando en medio de la predicación, mentalmente está pensando en lo que va a hacer al salir de la iglesia.  Eclesiastés 3:1 dice “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” Hay un momento para todo, y es importante recordarnos de darle a Dios su tiempo sin dividir nuestra atención en otras cosas, ni en aquellas cosas que parecen ser de o para Él, acordémonos que tenemos un corazón engañoso (Jeremías 17:9)

Se acuerda que vimos que un olivo maduro producirá miles de flores, pero solamente uno en cada cien de ellos se convertirá en fruto.  Y como ya hemos dicho, lo más valioso del olivo es su fruto.  Flores son muy bonitos, pero no va a dar una flor a una persona hambrienta, le va a dar pan, y en Israel, la única manera que hacían pan (en el tiempo de Jesús y antes) era con harina en la tinaja y ¡aceite en la vasija!  Sin el olivo, no hay aceite, pero ¡solamente por tener una flor bonita en sus ramas no significa que tendrá fruto!

Cuando está considerando todas las flores (posibles obras) que están brotando en su árbol, y está tratando de decidir cuál hacer botar para que rinde su fruto, y cual dejar caer porque no va a rendir fruto es necesario pedirle dirección al Señor, la Biblia dice que “Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo” Proverbios 11:14 y “con dirección sabia se hace la guerra” Proverbios 20:18.  Dios en su misericordia le dará la sabiduría y el discernimiento para proseguir solamente en aquello que va a rendir fruto valioso para el Reino de Dios.  Todo tiene su tiempo, por eso que en Salmos 1 dice de aquella persona aquel que se deleita en Dios: “da su fruto a su tiempo.”  Todo es en el tiempo de Dios, y todo ya está dentro de los planes de Dios.  No tengamos temor al arduo trabajo, simplemente no pensemos que las obras nos salvarán, mantengámonos firme en el primer amor, ¡siempre volviendo a los pies de Jesús para escuchar su voz!

La segunda razón que tiene el olivo, y tenemos nosotros para producir una buena cantidad de flores es porque los frutos jóvenes compitan con el crecimiento de nuevas hojas para recibir recursos de las raíces.  La raíz siempre va a preferir a la hoja en tiempos difíciles entonces muchas flores y sus posibles frutos son perdidos.  Mientras más flores se producen, más frutos tendrá eventualmente.  La raíz prefiere la hoja y nosotros debemos preferir nuestras almas a nuestras obras porque a veces vamos a pasar por un desierto espiritual, cuando vamos a encontrarnos en tiempos difíciles, espiritualmente hablando. Entonces vamos a tener que cambiar nuestro enfoque de uno de producir fruto/hacer obras a uno de buscar más comunión con el Señor.  Y el cristiano que se encuentra en esta circunstancia hace bien en dejar de cultivar fruto para cultivar más y más la oración, el ayuno, la alabanza, la adoración y la lectura de la Biblia.  Y por consecuencia de haber cultivado estas cosas encontrará su vida llena del fruto del Espíritu que se encuentra en Gálatas 5:22-23.

Una tercera razón para producir más flores que frutos eventuales es porque entonces el árbol tiene la posibilidad de elegir y nutrir el fruto mejor y más lleno de semillas.  Pensándolo bien, esto es muy inteligente, porque el propósito verdadero del fruto es perpetuar al árbol mediante la semilla que lleva adentro.  De igual manera, el propósito del fruto en el cristiano, es perpetuar el Reino de los Cielos mediante la promesa que rinde.  Si el fruto no tiene este propósito, no es realmente fruto, es simplemente una manera de mantenerse ocupado con obras muertas. Todas estas razones hacen resaltar la necesidad en el cristiano de discernir entre obras muertas y aquella obra que Dios ha reservado especialmente para uno mismo.  Aquella obra que despierta pasión en la vida del creyente y rinde mucho fruto en el reino de Dios.

Finalmente, la última razón que tiene el árbol en producir una gran cantidad de flores tiene que ver con la manera que la flor produce el fruto.  Lo cree o no, las flores de los árboles tienen género, son masculinos o femeninos.  En algunos árboles, cada flor tiene masculino y femenino y entonces tiene la posibilidad de producir un fruto sin ninguna participación exterior.  Otras flores requieren esa participación exterior, requieren que alguna abeja traiga en sus patitas lo que le falta para reproducirse y convertirse en un fruto.  En casos de árboles que tienen los dos tipos de flores, flores que se han reproducido solos sin participación exterior y flores que a base de la participación exterior han sido germinados, el árbol prefiere el fruto del último.  Los frutos que resultan de participación de más de una flor crecen más rápidamente y son preferidos por las raíces del árbol, por lo tanto, tienen más posibilidades de sobrevivir.

Esto tiene su correlación espiritual; muchas veces el fruto que estamos tratando de rendir como cristianos no es porque el Espíritu Santo lo ha depositado en nosotros, sino porque es lo que nosotros en nuestra propia prudencia, en la cual no nos debemos apoyar, creemos lo más espiritual.  El fruto que va a ser preferido por la raíz, que es Cristo, como hemos visto, es aquel fruto que el Espíritu Santo ha hecho formar en nosotros.

-Hojas Solamente-

Recordemos la higuera estéril, la de Mateo 21:18-19, la cual maldijo el Señor.  La Biblia dice que la maldijo porque “no halló nada en ella, sino hojas solamente…”  Otra manera de proteger las hojas es dejando de gastar fuerzas en la producción de frutos. Es cierto que a veces hay la necesidad de dedicarse a la introspección para el proceso de la restauración del alma.  Esto se debe limitar.  Porque es fácil caer en la trampa de auto compasión o el “pobre de mí.”  Como cristianos tenemos que aprender a mantenernos tan cerca de Cristo que aun en el tiempo de la prueba siempre estamos llenos del Espíritu Santo de Dios, aunque siempre lo estamos derramando en la vida de otros.

Yo he aprendido a través de muchas experiencias con diversas pruebas que muchas veces el Señor quiere usar la prueba en mi vida para ministrar a los demás o para enseñarme cómo ministrar a o aconsejar a los demás.  Si yo no estoy dispuesta a dar este fruto en la tribulación y en la angustia entonces yo le estoy fallando a Dios y estoy negando propósito a mi sufrimiento y sufrimiento sin propósito le roba la vida del creyente. No crea que escriba fríamente estas palabras. Aun ahorita el enemigo trata de detenerlas con sus artimañas.

El dejar de dar fruto para enfocarse con egoísmo solamente en las hojas puede traer la maldición de nunca más poder producir.   Con esto reconozco que hay momentos en que la prueba es muy recia y es necesario dedicarse a la renovación y restauración del espíritu sin embargo nuestra motivación siempre es importante para el Señor. Hay personas que dejan de dar fruto en la prueba por simple egoísmo porque no han aprendido que al derramar en las vidas de los demás recibirán aún más del Señor.  No han aprendido que: “hay quienes reparten, les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza” Proverbios 11:24.  Hay que repartir y confiar que Dios, el juez justo, va a añadir más a nuestras vidas.

A veces el fruto que damos en nuestras vidas va a tomar diferentes formas.  En momentos de pruebas el fruto que quiere Dios de nosotros puede ser simplemente nuestra honestidad en reconocer nuestras propias debilidades o que nos dispongamos a buscarlo a Él fervientemente.  En otros momentos puede ser que Dios nos quiere usar para dar el consuelo a otra persona de conocer que hay otra persona sintiendo lo mismo que ellos sienten.

-El balance correcto-

“No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué has de destruirte? No hagas mucho mal, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir antes de tu tiempo? Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes tu mano; porque aquel que a Dios teme, saldrá bien en todo Eclesiastés 7:16-18 (con énfasis)

En la Nueva Traducción Viviente estos versículos terminan con “todo el que teme a Dios evitará caer en ambos extremos” (v.18).  Qué linda lección de nuestro Señor dado a través de los labios del hombre más sabio que hubo y que habrá en toda la tierra el rey Salomón (1 Reyes 3:12).  Un hombre que en su vejez se apartó de Dios debido a la influencia de sus mujeres (1 Reyes 11:4).  El rey nos escribe aquí en estos versículos de un corazón amargado por haberse apartado del Dios vivo, el dador de todo gozo y de toda paz.  A pesar de su amargura, el rey nos da una buena lección en estos versículos.  Nos enseña que es importante evitar a los extremos en nuestras vidas: “Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes tu mano…”  Esa es una lección importantísima cuando estamos hablando de cuidar a nuestras hojas.

Hemos visto dos ejemplos del extremo de cuidarse a uno mismo encogiendo las hojas o dejando de producir fruto.  Ahora veamos el otro lado del espectro.  Hay personas a quienes les cuesta pedir ayuda (yo se que las hay porque yo era una de ellas).  Estas personas prefieren hacer todo ellos mismos porque piensan muchas veces que así será más fácil y no se tienen que preocupar si se hizo bien o no se hizo bien.  Yo estoy tratando de evitar este extremo en mi vida ahora porque me ha costado caro en mi salud y en preocupaciones en extremo.

Mientras que jamás estaría bien rendirse ante las circunstancias de la vida y dejar de serle útil al Señor en el Reino, tampoco está bien ir al otro extremo y agotar a sus fuerzas corriendo detrás de todo ministerio y ayudando en todos lados sin haber siquiera inquirido del Señor si es su voluntad o no para su vida el hacerlo. Es sumamente importante para el cristiano el vivir una vida en balance, así como lo es para el árbol.  Y para esto es necesario pedirle a Dios mucho discernimiento.

Si usted se encuentra en cualquier de estos dos extremos, pídale a Dios que le ayude a volver a una vida balanceada para que usted pueda cumplir con los propósitos de Dios para su vida.  Él dice en la Biblia: “Salvaré a la que cojea, y recogeré la descarriada” Sofonías 3:19.  El Señor está dispuesto a recogerle del camino equivocado y ponerle de nuevo en el centro de sus planes para su vida dónde usted va a ser de bendición para otras personas, no solamente porque está rindiendo fruto espiritual sino también porque está dispuesto a permitir que los otros le bendigan a usted con el fruto que hay en sus vidas.

Hasta aquí hemos hablado de la función de las hojas y su paralelo en la vida del creyente y hemos visto la necesidad de proteger a nuestras hojas y de qué manera no hacerlo, ahora vamos a ver a una habilidad especial que tienen las hojas y que, gracias a Dios, nosotros también lo tenemos: la habilidad de seguir a la fuente.

-Siguiendo al Señor-

“Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” Lucas 9:62

¿Sabía usted que las hojas de los árboles se pueden mover solitos sin ninguna brisa?  ¡Sí!  Las hojas tienen la habilidad de moverse durante el día para seguir al sol.  En la mañana lo están buscando al oriente y se mueven todo el día para seguirlo al occidente para poder absorber más luz para la fotosíntesis.  Las hojas buscan al sol, no esperan que el sol les alumbre.  Como cristianos tenemos que hacer lo mismo.  Tenemos que estar mirando a Cristo Jesús “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” Hebreos 12:2.  Esta es la manera más eficaz y buena de guardar a nuestras hojas.

Cristo es lo único en esta vida que no cambia, su amor para nosotros nunca cambia, su poder y su deidad nunca cambian.  Mientras que todo lo que nos rodea está constantemente cambiando.  En la naturaleza hay un ciclo constante de muerte y vida nueva y en nuestras vidas al no más nos acostumbramos a vivir de una forma, las circunstancias cambian y fuerzan a que nosotros hagamos algo nuevo.  Sin embargo, en medio de todo el caos que forma esta vida humana, está Cristo como una antorcha, para darnos dirección en la oscuridad que nos rodea.

Aquí en Lucas 9:62, el Señor Jesús nos dice que una vez que ponemos nuestra mano en el arado para trabajar para Él, al mirar atrás, que implica volver al mundo, nos hacemos inútiles para Dios.  Por esto es que también dice en Hebreos 10:36-38: “Porque os es necesario la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aun un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma.”  No podemos retroceder, tenemos que seguir para adelante y seguir el ejemplo de las hojas de los árboles y poner nuestra mirada en el Señor y seguirle en su ceñir desde el oriente cuando recién aceptamos al Señor hasta que se ponga en el occidente porque Él nos lleva a casa a estar eternamente con Él.

Seguir al Señor implica esperar en Él.  Seguir al Señor es reconocer que es Dios quien ordena sus pasos (Jeremías 10:23) y buscar atentamente en la Palabra del Señor la dirección que necesita para su vida (Proverbios 119:133).  Seguir al Señor quiere decir que está dispuesto a no hacer nada muchas veces mientras que el Señor no le ha dado dirección clara.  Es en el esperar que muchas personas encuentran dificultades.  Seguir al Señor activamente, moviéndose, cambiando de dirección y haciendo es muchas veces más fácil que esperar en silencio hasta ver la salvación de Jehová (Lamentaciones 3:26).  Sin embargo, seguir al Señor quiere decir que está dispuesto tanto a hacer como para abstenerse de hacer.

A veces seguir al Señor traerá dolor a nuestras vidas, pero es el dolor del quebrantamiento del vaso que se había deformado en manos del alfarero y para ser útil y para ser bello tiene que ser reformado según el diseño original.  En Nahum 1:7 la Biblia nos dice que “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.”  Durante el proceso de quebrantamiento, Dios se mantiene a nuestro lado para fortalecernos y para darnos el ánimo que necesitamos para seguirle a Él en medio de este proceso tan importante.

-Una nota a los padres-

Algo muy interesante que aprendí acerca de los árboles y sus hojas a lo largo de escribir este libro es que en el árbol hay hojas de sol y hojas de sombra.

Las hojas de sol son las hojas que crecen más altos en el árbol y están acostumbrados a recibir el fuerte calor del sol en el día (que tiene su paralelo en las tribulaciones y las pruebas).  Estas hojas llevan a cabo la mayor parte del trabajo de fotosíntesis para proveer para el resto del árbol.  Estas hojas somos nosotros como padres con hijos pequeños, y en especial lo deben ser los papás en el hogar como sacerdote tanto para los hijos y para la esposa.

Las hojas de sombra son hojas que viven la mayor parte de su vida a debajo de las hojas de sol.  Estas hojas trabajan en la fotosíntesis también y tienen su función para el sustento del árbol (o del hogar en este paralelo), sin embargo, estas hojas normalmente no sienten la fuerza completa del sol o su calor.  De la misma manera los hijos no deben estar expuestos a las tribulaciones y pruebas que estamos pasando los padres o el matrimonio. Ellos no tienen la madurez todavía para poder entender o sobrellevar a tantas cargas.  De manera similar, la esposa como vaso más frágil no está hecha por Dios para llevar la mayor parte de la carga del hogar como lo fue hecho el hombre.

Cuando un árbol ha desarrollado hojas de sol y hojas de sombra y pasa algo catastrófico al árbol y pierde las hojas que eran sus hojas de sol y repentinamente están expuestas a la plena fuerza y calor del sol las hojas que antes eran hojas de sombra, estas hojas muchas veces no están preparadas para aguantar la fuerza del sol, se secan y se mueren y el árbol entero está expuesto al peligro de morir.

Como padres, es nuestra la responsabilidad de proteger a nuestros hijos y asegurarnos que mientras ellos vayan creciendo, vayan aprendiendo de manera gradual a sobrellevar las cargas de la vida para que cuando llegue el día en que ellos ya no están con nosotros, ellos estén preparados para vivir una vida victoriosa en el Señor y no que se encuentren expuestos a las dificultades y pruebas de esta vida de forma repentina e inesperada porque nosotros no supimos protegerlos y no supimos prepararlos para la vida.

Sección Tres: Hojas Su Prosperidad, Fuerzas y Medicina: Capítulo 1 ¿Qué Importancia Tienen Las Hojas?

Hulugaga Ella Fallas by Charlth Gunaranthna Flickr

Arboles plantados juntos a las corrientes, foto por Charith Gunaranthna, encontrada en Flickr

“Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.” Salmos 1:3

En preparación para escribir este libro, no tenía idea qué cosa iba a escribir al llegar a esta sección del libro.  Sabía que no podía pasar por alto a la mención por Dios de la hoja del árbol.  “…su hoja no cae y todo lo que hace prosperará” Salmos 1:3 y “no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde…” Jeremías 17:8 y “sus hojas nunca caerán…(serán) para medicina” Ezequiel 47:12. Hemos visto la importancia de dar fruto, y que todo fruto tiene su tiempo y toma su tiempo.  Ahora ¿Qué importancia tienen las hojas del árbol y como se refleja esto en la vida del creyente?

En estos tres versículos se ve que las hojas tienen una importancia grandísima, puesto que Salmos 1 nos enseña que el justo por lo que su hoja no cae, es prosperado todo lo que hace y esto tiene su paralelo en 3 Juan 2 cuando dice “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.”  En Jeremías dice que los justos de Dios no sentiremos la prueba, no veremos cuando venga el calor por tener la hoja verde y a la vez también está diciendo que aun en la prueba extendida se mantendrá verde nuestra hoja.  En Ezequiel dice que nuestras hojas serán para medicina a las naciones.

Un día estudiando a estos versículos y acerca de la función de las hojas en los árboles, le pedía al Señor discernimiento, puesto que yo sabía que fue el Señor que me impulsó a escribir este libro (y que me ha dado las fuerzas para seguir escribiendo aun en la prueba).  Me respondió el Señor y me reveló que las hojas de los árboles son como el espíritu del hombre.  Y esa revelación dio nuevo sentido a estos versículos para mí y abrió mis ojos en gran manera a como la naturaleza (la creación) misma testifica acerca del creador y de nuestra relación con nuestro creador (Romanos 1:19-20).

Primero, es importante notar la orden en Salmos 1, primero las aguas, el Espíritu Santo, La Palabra de Dios, y Cristo (quién es el Verbo), primero es la fuente.  Segundo es el fruto, lo que rinde el árbol, lo que provee para los demás, lo que provee para el Reino de Dios.  Tercero se mencionan las hojas y último habla de prosperidad, dando que entender que si falta uno de estos tres ingredientes (fuente, fruto y hoja) no habrá bendición o sea prosperidad espiritual en la vida del creyente. El orden de este libro se basa en el orden dado en Salmos 1, sin embargo, yo creo que el orden de importancia en la vida del creyente de estos ingredientes es más bien reflejado en Jeremías 17:7-8: “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.  Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.”  Vemos aquí que las aguas siempre vienen primero, la fuente que es Dios y viene de Dios siempre es principal.  Sin embargo, en Jeremías, luego de las aguas habla de las raíces (que son mencionadas en la sección sobre los tipos de árboles), de hojas y último de todas de fruto.  En Jeremías la promesa en vez de prosperidad es fuerzas y resistencia, luego veremos cómo estas dos cosas son relacionadas en la vida del creyente.

En verdad la hoja es más importante al árbol que el fruto. Sin fruto no hay prole para el árbol y su linaje no sigue, pero si el árbol no tiene hojas y si las hojas que tiene no son saludables, ¡nunca podrá dar fruto!  Son de tanta importancia las hojas para el árbol, tiene el mismo nivel de importancia para el árbol que lo tienen las raíces.  ¿Por qué?  Porque el árbol necesita tanto el agua que chupan las raíces como el sol que recibe a través de las hojas y no puede funcionar sin esas dos cosas.  Y en este capítulo veremos el paralelo de esto en la vida del creyente.  Como cristianos necesitamos a Cristo (nuestra raíz) y también necesitamos un espíritu bien alimentado por la comunión con el Espíritu Santo, si no tenemos estas dos cosas, nunca tendremos fruto en nuestras vidas. Mientras que el fruto es sumamente importante, lo es aún más el cuidado de las hojas.

Ahora quiero explicar la importancia de la hoja al árbol.  Las hojas del árbol son la mayor fuente de potencia para el árbol, extraen del aire dióxido de carbono y lo combinan con agua extraída de la tierra por las raíces en un proceso llamado fotosíntesis, ese proceso produce azúcares que son la energía del árbol y produce oxígeno como producto del mismo proceso y ese oxígeno lo sueltan al aire.[i]  Entonces en las hojas se lleva a cabo el uso de las materias primas de las fuentes del árbol (las aguas y el sol) y la eliminación de lo innecesario.

En el cristiano; como expliqué, la hoja corresponde al espíritu, el hombre interior, y es allí donde mora el Espíritu Santo, es allí donde las cosas exteriores que necesitamos son usadas para fortalecernos en Dios y donde con el discernimiento que Dios nos da, eliminamos lo que no le agrada al Señor.  Sin hojas fuertes, el árbol no puede sobrevivir y ciertamente nunca dará fruto.  De igual manera sin un espíritu fortalecido por el Espíritu Santo nunca podremos perseverar en la vida cristiana ni mucho menos dar fruto para nuestro Señor.  Por lo tanto, es mi deseo, como fue el deseo del apóstol Pablo que el Señor cumpla en nuestras vidas estas palabras de Efesios 3:16: “Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu.”

-No deje caer sus hojas-

Cuando en Salmos 1 dice que su hoja no cae, hablando del árbol, podemos decir, hablando del cristiano que no le entra desánimo ni a su espíritu ni a su alma por lo que se ha mantenido cerca de su fuente (Dios) y se ha mantenido lejos de lo que agota (los incrédulos y los falsos hermanos).  También por lo que constantemente medita en las promesas y las bendiciones que Dios tiene guardados para aquellos que escuchan y obedecen a su voz.  (Salmos 1:2, Deuteronomio 28:1-14 y Isaías 26:3).

En Jeremías 17 nos dice que, con hoja verde, con un espíritu vigoroso, refrescado en Dios, de ánimo fuerte, no verá el cuándo viene el calor y en la sequía no se fatigará.  Entonces la hoja verde es importantísima para el árbol, e igualmente lo es el espíritu renovado, refrescado y fortalecido en el cristiano.

¿Cómo hace entonces el árbol para proteger sus hojas?  En la hoja del árbol hay estomas. Las estomas son agujeros pequeñitos que cierran y abren dependiendo del ambiente en la que se encuentra la hoja.  Esta acción es bien organizada para optimizar el balance entre la necesidad del árbol de producir comida y su necesidad de proteger sus hojas sin las cuales no puede producir comida.  Balanceando las necesidades actuales del árbol con la necesidad de preservar su vida.[ii]

El árbol, sin alma, sin espíritu, sin entendimiento, sabe guardar su hoja.  Sabe discernir entre un ambiente bueno y un ambiente malo.  Sabe que recibir y cuando recibirlo y sabe qué no recibir y cómo evitarlo.  Y sabe balancear las necesidades y los deseos de la vida presente con la necesidad de la preservación de su vida.  ¡Cuánto más debemos los cristianos poder discernir estas cosas!  ¡Teniendo el Espíritu Santo de Dios dentro de nosotros!  ¡El omnisciente vive dentro de nosotros, dándonos ciencia, conocimiento e inteligencia! (Efesios 1:8 y 17) ¡Hasta tenemos la mente de Cristo! (1 Corintios 2:16)

Sin embargo, muchas veces los cristianos nos abrimos a lo que contamina ¡y a La Palabra de Dios nos cerramos!  Nos abrimos a lo que destruye y nos oponemos a lo que edifica.  Nos abrimos a lo que roba nuestras fuerzas y nos cerramos a la alimentación del Espíritu Santo.  ¿Cómo, entonces, queremos tener fuerzas?  Y muchas veces nos encerramos en una mentalidad de obtener lo que necesitamos o sentimos necesitar en el momento sin pensar en su efecto eterno.  Como el hermano que deja de venir a la iglesia por trabajar en dos trabajos porque dice; tengo necesidad económica ahora. Piensa que después va a buscar de Dios, pero cuando pasa la necesidad económica (si es que pasa porque en esta vida siempre hay necesidades económicas) ya se ha alejado de Dios y ha perdido las fuerzas espirituales que tenía antes.

Aprendamos del árbol a guardar nuestra hoja que representa nuestro espíritu.  El cristiano que ha sabido guardar su hoja, no se desespera en los problemas, no se desanima en las tribulaciones porque su hoja está verde (su espíritu está fortalecido).  Ni en un año de sequía que representa una temporada extendida de pruebas no se fatiga ni deja de dar fruto por lo mismo que su espíritu lo ha hecho fortalecer en el Señor, poniendo su confianza en Dios.  Solamente alcanzaremos esta bendición si aprendemos a abrir el corazón (la estoma de la hoja, el espíritu) a la ministración del Espíritu Santo.

Otra manera en que los árboles protegen sus hojas se encuentra en la transferencia de agua en el árbol.  En el árbol, el agua solamente es absorbido por medio de las raíces, aun el agua que cae sobre de las hojas es inútil al árbol, tiene que caer sobre de las raíces.  Al ser absorbido por las raíces, el agua es distribuida de una manera muy interesante.  El agua solamente sube a las hojas cuando las raíces están más mojadas que las hojas[iii].  Si las hojas no tienen necesidad de agua en el momento, esa agua se queda en las raíces y no sube.  Esto significa que para las hojas adquirir agua de las raíces, tienen que estar operando constantemente a un nivel bajo de humedad.  Sin dejarse secar del todo por lo que entonces se marchitarían antes que pueda llegar a ellos el agua nueva de las raíces.

Las mismas estomas que se abren para recibir el dióxido de carbono necesario a la producción de alimento para el árbol también causan la pérdida de agua para la hoja al abrirse.  Al abrirse se evapora de ellos el agua que tenía la hoja y de esta manera emiten oxígeno al medio ambiente.  ¡Un solo árbol maduro tiene la capacidad de producir el oxígeno suficiente para diez personas cada año![iv]  Así como el Señor le dijo a Abraham “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición  Génesis 12:2 (con énfasis).  Nosotros también somos bendecidos, pero ¡lo somos para ser de bendición!

También en Proverbios 11:24-25 dice, “Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza.  El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado.”  La hoja tiene que dar para recibir.  Nosotros también. Si queremos una unción fresca primero tenemos que vaciar en las vidas de los demás la unción que Dios ha derramado en nosotros.  Dios nos bendice para que seamos una bendición.  Y Dios conoce nuestros corazones. Si no estamos dispuestos a ser una bendición, tampoco nos va a bendecir.

Lo que nos enseña el árbol es la necesidad de buscar un balance en esta área de nuestras vidas, como en toda área de la vida.  Tenemos que aprender a balancear la realidad de que vivimos en un mundo caído y necesitamos ministrar a ese mundo caído (como lo hace el árbol, inhalando el dióxido de carbono la cual es veneno para nosotros y exhalando el oxígeno), con el riesgo de desgastar nuestro propio espíritu.  De igual manera como se abren las estomas al percibir la necesidad de dióxido de carbono, también se cierran totalmente cuando hay demasiado frío o esté demasiado oscuro para la fotosíntesis o cuando se presente el peligro de perder demasiada agua.

¿De qué manera llevar ese balance?  Aquí volvemos al principio de este libro, a un tema que he repetido vez tras vez.  Volvemos a la necesidad de mantener lazos bien estrechos con la fuente de nuestro poder; Dios Padre, Hijo e Espíritu Santo.  Con oración, con ayuno, con lectura de la Biblia y manteniendo la comunión de los santos, congregándose siempre.  Si siempre tiene prioridad nuestro tiempo con Dios, siempre tendremos lo que necesitamos para ministrar a los demás.  Siempre tendremos lo que necesitamos para que nuestra hoja esté verde, para que nuestro espíritu esté fuerte y refrescado y que sea medicina para los dolidos.

Tiene que haber un flujo, un intercambio de agua fresca, absorbido por las raíces, llevada a las hojas.  Y esa agua tiene que venir de Cristo y del Espíritu Santo de Dios.  “Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto.  A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina” Ezequiel 47:12.  Porque sus aguas salen del santuario…porque su fuente es Dios; ¡Padre, Hijo e Espíritu Santo!  Por eso su hoja no se va a caer, sino que va a estar fortalecido.

Estamos fuera de balance cuando gastamos todas nuestras energías en producir, en trabajar, en formar fruto y no cuidamos de nuestro espíritu.  Si esto lo haría el árbol, utilizando todo el alimento que producen las hojas para producir más madera o más flores para tener más fruto y no guardara nada de ese alimento para alimentar a las hojas mismas, se morirían todas sus hojas y por lo tanto el árbol mismo.  De igual manera el cristiano a enfocarse solamente en trabajar para Dios, solamente en derramar la unción en las vidas de los demás y nunca se preocupara por tomar un tiempo para descansar en Dios, se muere su espíritu, cae en desánimo y corre el riesgo de apartarse del evangelio decepcionado.  Como cristiano tenemos que dar, pero nosotros no tenemos nada para dar, por eso dice la Biblia: “…separados de mí, nada podéis hacer” Juan 15:5.  Tenemos que dar, pero primero tenemos que recibir y de lo que hemos recibido damos (1 Crónicas 29:14).

También estamos fuera de balance si solamente nos preocupamos en recibir del Señor y en proteger nuestro espíritu y nunca hacemos nada para avanzar el Reino de Dios.  Pues Jesús dijo, “Desde los días de Juan el bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” Mateo 11:12.  Dios busca personas dispuestos a trabajar para avanzar el reino de los cielos.  Dios busca hacedores de la Palabra y no oidores solamente (Santiago 1:22).   Y la Palabra nos amonesta que la fe sin obras es muerta y es la fe actuando juntamente con obras que quiere el Señor (Santiago 2:17 y 22).  Si el árbol se preocupara solamente en guardar sus hojas y no en fabricar madera para un tronco más grueso, lo botaría cualquier viento que soplara.  Si no se preocupara de producir fruto nunca podria producir otro árbol y en el capítulo acera del olivo hablamos de las plantas de olivo alrededor de la mesa.  Al final de este capítulo veremos cómo no debemos de guardar nuestras hojas, por ahora hablaremos acerca de la producción de hojas fuertes, de un espíritu fortalecido.

-Desarrollando Buen Follaje-

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.  Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.  Ya vosotros estáis limpios por la Biblia que os he hablado.” Juan 15:1-3

Alguna vez ¿ha tenido un jardín afuera o una planta en su casa?  Si lo ha tenido sabe que las hojas se secan y las tiene que quitar para mantener saludable la raíz de una planta.  ¿Por qué?  Porque es la hoja que recibiendo el sol produce comida para la raíz a través de un proceso llamado fotosíntesis.  El Pequeño Larousse[v] define de esta manera al proceso, “Síntesis de un cuerpo químico o de una sustancia orgánica, como los glúcidos realizada por las plantas clorofílicas mediante la energía luminosa.”  En palabras más simples, la hoja recibe la luz del sol y con esa luz fabrica comida para el resto de la planta.  Ese es el trabajo de las hojas, las hojas reciben agua de las raíces para poder vivir y realizar su trabajo.  Cuando la hoja se seca ya no está efectuando ningún trabajo a favor de la planta, pero mientras permanece en la planta hala agua y nutrición de las raíces y toma el espacio que pudiera ocupar otra hoja saludable.  Entonces ¿Qué hacemos?  Venimos y quitamos las hojas secas para que hojas nuevas puedan crecer en su lugar para el mantenimiento de la planta.  Sino ¿qué pasa?  Comienza a morir la planta.

Lo mismo pasa en el cristianismo.  Cristo es nuestra raíz, de Él recibimos agua (el Espíritu Santo) y nutrición (Mana o la Biblia que mora en nosotros Colosenses 3:16).  Nosotros también tenemos una responsabilidad a la planta, la raíz es Cristo, la planta es su iglesia, las ramas somos nosotros.  Nada podemos darle a Cristo, es más bien la fuente de todo, pero ¡a su iglesia podemos contribuir!  A su iglesia debemos contribuir de varias maneras; con el diezmo y nuestras ofrendas (Malaquías 3:6-11 y Filipenses 4:10-19), sirviendo en la iglesia, orando para la iglesia, evangelizando, haciendo así crecer la obra del Señor. Como puede ver, de muchas maneras podemos contribuir a la obra de Dios.  Dios no nos quiere ver calentando bancas, eso es lo que hace la rama seca, la que muy pronto es cortada y echada en el fuego (Juan 15:6).  ¿Qué ha producido usted para la obra de Dios?

Tomemos de nuevo como ejemplo el Cedro del Líbano. Para mantener el buen follaje en el Cedro del Líbano, las hojas tiene que ser recortadas con los dedos, solamente dejando la tercera parte.[vi]  De igual manera, Dios nos tiene que ‘recortar’ a nosotros de vez en cuando para que nosotros podamos desarrollar bien.  En Romanos capítulo 5:3-5 dice La Palabra de Dios lo siguiente: “… nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.”  La esperanza dice la Biblia es lo que no nos va a dejar avergonzados, entonces Dios quiere desarrollarla en nosotros.  Nos enseña que es desarrollado a través de un proceso.  Esa es la manera que Dios nos ‘recorta’ a nosotros para que desarrollemos una hoja que no cae.  El proceso no es divertido mientras lo estemos pasando, pero su resultado es un cristiano que nunca será avergonzado.  Veamos el proceso…

Primero, el diablo nos pide para zarandearnos (Lucas 22:31), Cristo le da permiso de hacerlo, con una condición, ¡Cristo mismo va a estar intercediendo a nuestro favor! (Lucas 22:32) Por esta causa el diablo ¡puede molestarnos, pero NUNCA derrotarnos!  Luego la tribulación que el diablo quería para nuestro mal obra en nosotros para producir paciencia (que como ya vimos es parte del fruto del Espíritu). Entonces ¡lo que él quiso para nuestro mal, Dios lo usa para nuestro bien! (Génesis 50:20) Una vez producida la paciencia, entonces la paciencia produce en nosotros una prueba, unas arras de nuestra redención, o sea una comprobante tangible de nuestra salvación, un cambio permanente en la manera de ser.  La paciencia como parte del fruto del Espíritu es una de las arras o sea que es garantía de nuestra redención.  ¿Cómo verdaderamente sabemos que somos salvos?  Por las arras del Espíritu, (Efesios 1:13-14) el fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas.

Ya viendo nosotros mismos el cambio en nuestras vidas y como ahora tenemos paciencia y todo tipo de fruto espiritual en nuestras vidas, nos llenamos de esperanza, dándonos cuenta que La Palabra de Dios realmente es viva y eficaz (Hebreos 4:12).  Y es la esperanza que nunca nos deja avergonzados, mientras el cristiano tiene esperanza tiene la victoria, cuando deja que el diablo le robe el gozo y la esperanza entonces es derrotado el cristiano.

Tal vez se encuentra en una situación muy difícil ahora mismo, y no halla salida, y no entiende si Dios le ama ¿por qué está permitiendo que sufra de esta manera?  Ahora ¿entiende?  Dios lo está permitiendo por el amor tan grande que tiene para usted.  Dios quiere producir en su vida algo que aún en los momentos más difíciles nunca dejará que quede avergonzado: la esperanza.  “Porque la esperanza no avergüenza” Romanos 5:5.

Muchas veces tenemos un concepto equivocado de la esperanza.  Muchas veces no entendemos que mientras que la esperanza apunta hacia el futuro, viene del pasado.  La esperanza viene de recodar a todas las maravillas que ha hecho el Señor en nuestras vidas y de creer que Dios es fiel para volver a hacer maravillas aún más grandes en nuestras vidas en el futuro.  Es necesario recordar de donde Dios nos ha sacado para poder creer que nos puede sacar del apuro en que estamos y que es fiel y misericordioso para hacerlo también.

En el Salmos 22:1-2 David le clama al Señor “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no me respondes; y de noche y no hay para mí reposo.”  Estas son palabras de un hombre que aparentemente ha perdido toda esperanza, sin embargo, en el versículo tres David cambia de tono y de dirección con sus palabras, comienza a alabar a Dios y a traer a su memoria las grandezas que Dios ha hecho con su pueblo y llega a esta conclusión: “Los que teméis a Jehová, alabadle; glorificadle, descendencia toda de Jacob, y temedle vosotros, descendencia toda de Israel. Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él, le oyó” Salmos 22:23-24.  Cuando David dejó de enfocarse en su problema presente y comenzó a alabar a Dios por todos los prodigios que Él había hecho tanto para él mismo y para el pueblo de Israel entonces volvió a tener esperanza porque la esperanza viene de una experiencia, de un encuentro con Dios

A veces la misma prueba es su puerta hacia la esperanza.  Acordémonos que en Oseas dice: “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Y le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza…” Oseas 2:14-15.  Acor significa turbación, entonces lo que nos está diciendo aquí el Señor es que a veces (quizás muchas veces) nuestras pruebas más grandes son una puerta abierta hacia nuestra bendición.  Nuestras pruebas son oportunidades para que Dios se muestre fuerte y fiel a nuestro favor para que tengamos recuerdos de donde sacar nuestra esperanza, una esperanza que nunca nos dejará avergonzados porque su fundamento es Dios.

Y aún si siente que hasta la esperanza está perdiendo, siga luchando para la bendición prometida, que no será avergonzado, y verá que cuando ya no tiene fuerzas para agarrarse de Dios, ¡Él le agarra a usted!  “Volveos a la fortaleza, oh prisioneros de esperanza; hoy también os anuncio que os restauraré el doble” Zacarías 9:12.  Cuando siente que hasta la esperanza se le va, Dios manda a la esperanza que le tome prisionero, porque Dios se compromete con Su Palabra de no dejarle avergonzado.

Yo soy testigo de esto porque cuando yo llegué al punto más bajo en mi vida y creía que mi vida se me iba, y no podía ni agarrarme de los recuerdos de las veces que Dios me había librada en el pasado porque no me sentía digna de ser librada por el Señor.  Sin embargo, Dios asió de mí y nunca me dejó y no quiso permitir que yo me apartara de Él.  Él fue mi fortaleza y la prueba más grande de mi vida fue mi puerta hacía una esperanza firme y fuerte en el Señor.  También me permitió aprender más misericordia para el caído y para los adoloridos y así mi puerta de esperanza puedo usarla para dar esperanza y alimentar a la fe de otras personas.

Por esta razón nos podemos gloriar y gozar en las tribulaciones porque podemos saber que son temporarios y ¡la gloria de las arras del Espíritu Santo es eterna!  Y como cristianos tenemos que poner nuestra mirada en lo que es eterno.  “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de Gloria; no mirando las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” 2 Corintios 4:17-18.  Lamentablemente, aun como cristianos, muchas veces ponemos nuestra mirada solamente en las circunstancias y nos olvidamos que nuestro Dios es soberano y que Él está obrando como el alfarero, formándonos para que nuestra vasija pueda ser una vasija gloriosa, útil para Él.

– “No verá cuando viene el calor”-

Los árboles también corren riesgo de perder sus hojas en días de demasiado calor.  Así como nosotros corremos el riesgo de desanimarnos durante el intenso calor de pruebas.  La Biblia lo compara a un fuego: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese” 1 Pedro 4:12.  Entonces el árbol también cuenta con una manera de proteger sus hojas en esos periodos de intenso calor.

Cuando se arrecia el calor, las hojas cierran algunas de sus estomas para evitar la pérdida de demasiada agua.  El problema es que al cerrar las estomas para proteger su agua también pierde esa oportunidad de producir comida para sí mismo.  El árbol tiene que hacer una decisión entre proteger sus hojas y producir su comida.  Este problema no lo tiene el árbol que vive en sombra.  El árbol con sombra puede aprovechar todo el sol del día para producir su comida.

En Jeremías dice: “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.  Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto” Jeremías 17:7-8 (con énfasis).  ¡No dice que el calor no vendrá!  Dios nunca promete una vida sin pruebas, al contrario, dice: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.  Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” Santiago 1:2-4.  Dios nos manda a gozarnos en las pruebas porque producen en nosotros la paciencia con el fin de que no nos falte ninguna cosa.

La promesa en Jeremías 17 es cuando ponemos nuestra confianza en el Señor, al venir los problemas nuestro espíritu estará tan fortalecido que no sentiremos ese calor tan fuerte, sino que seguiremos con el vigor en nuestro espíritu.  Por eso dice el Salmos 91: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.  Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré.”  Y “Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará.  Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos.  Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada” Salmos 91:1-2 y 7-10.  Al tener a Cristo para alumbrarnos y para dar nos sombra en las dificultades, aunque vengan los problemas que vengan podremos sobrellevarlos y salir vencedores y no solo eso: “antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” Romanos 8:37.

No nos preocupemos, Dios sabe de qué tenemos necesidad (Mateo 6:32).  Tenemos que demostrar confianza en Él.  Recuerde como Dios dio al pueblo de Israel columna de nube en el día para protegerlos del calor abrasador del desierto y columna de fuego de noche para protegerlos del gran frio que desciende de noche en el desierto (Éxodo 13:21-22).  Dios supo en qué momento dar nube y en qué momento dar fuego.  Todavía en el día de hoy lo sabe.  Dará a nuestras vidas fuego y sombra siempre en el momento perfecto para que vivamos una vida abundante y victoriosa en Él. Solamente tenemos que confiar en Él y descansar en su soberanía, así moraremos bajo su sombra y efectivamente no veremos cuando viene el calor, sino que estaremos confiados.

-Renovando el espíritu-

Si tiene un árbol conífero de hoja perenne cerca de su casa y lo contempla, se dará cuenta que ¡sí pierde sus hojas!  De hecho, yo antes tenía tres y el primer año que fueron plantados, al llegar el otoño, yo estuve llamando al hombre que me las vendió porque pensaba yo que se morían los árboles por lo que yo pensaba que el árbol conífero no perdía sus hojas.  Pero aprendí que sí las pierde, ¿Entonces por qué se llama perenne?  Porque a diferencia de los árboles caducifolios que pierden todas sus hojas al venir la estación desfavorable, los perennifolios solamente pierden las hojas más viejas que se han vuelto inútiles.  Cada año al venir el invierno, estos árboles se deshacen de sus hojas viejas que ya no son tan eficaces porque ya le crecieron hojas nuevas.

Estos árboles se están siempre renovando.  Lo mismo tenemos que hacer nosotros, estarnos renovando siempre: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” Efesios 4:22-24.  El ciprés se despoja cada año de lo que ya no le sirve, ¡qué buena lección para los creyentes!  Momento a momento tenemos que estar dispuestos a despojarnos de todo lo que no nos permite servir a Dios eficazmente.

En su vida las hojas viejas pueden ser ministerios que en un tiempo Dios los puso en su vida, pero ha llegado su momento de transición a otro ministerio o a otro oficio en el Señor.  Sin embargo, uno mismo sigue estancado tratando de retener a lo que ya no está en los planes de Dios para la vida de uno.  Estas hojas viejas también pueden ser hábitos que en la infancia espiritual Dios los permitía pero que, ahora teniendo más madurez espiritual, Dios quiere que sean erradicados de la vida de uno. Tenemos que estar dispuestos a permitir que el Señor sea quien nos quite las hojas inútiles que ya solamente inutilizan a la raíz de la planta.  Para esto tenemos que ser sensibles a la voz del Señor y dispuestos a obedecerla.

Nos toca pedirle a Dios la sabiduría y el discernimiento para darnos cuenta qué sacar de nuestras vidas y qué guardar.  También tenemos que estar dispuestos a pedirle a Dios continuamente que Él nos esté renovando y que nos vaya quitando toda hoja inútil que nosotros mismos no nos hemos quitado y que estorba a nuestro crecimiento espiritual.  Si le da permiso al Señor entrar en su vida de esta manera, encontrará que el Señor hará grandes cosas en su vida y vivirá en y disfrutará de una libertad sobrenatural y un gozo y una paz inefable, se lo digo de experiencia y se lo recomiendo de todo corazón.

Si el ciprés retuviera las hojas viejas, tendría que fabricar la comida suficiente para ellos, aunque ellos ya no están contribuyendo al árbol.  Lo mismo en nuestras vidas, hay áreas en nuestras vidas que nos quitan energías, nos quitan tiempo, nos quitan del todo y no añaden nada a nuestras vidas, son nuestras hojas viejas (nuestro viejo hombre) y tenemos que despojarnos “de todo peso y del pecado que nos asedia” y correr “con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1).  ¡Y eso no lo podemos hacer con hojas viejas!  Tener hojas perennes no significa nunca perder una hoja, significa que siempre tendrá más hojas para reemplazar a los que ya no le sirven.  Dios en su gran gracia y amor se encarga de eso.

[i] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

[ii] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

[iii] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

[iv] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

[v] El Pequeño Larousse Ilustrado 2006 Diccionario Enciclopédico pg. 461

[vi] Cedar of Lebanon – Cedrus libani http://bonsai-bci.com/species/cedar-of-lebanon.html

Sección Dos – Frutos de Justicia, El bien de Jehová: Capítulo Dos, La Vid

vineyard by Sean MacEntee found on Flickr

Una Viña, Foto por Sean MacEntee, Foto encontrada en Flickr.

“Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven usted, reina sobre nosotros.  Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?” Jueces 9:12-13

¿Cómo definir lo que es un árbol?  Lo que es un árbol puede ser definido como cualquier planta con un tronco de madera la cual es perennal (la cual vuelve a brotar año tras año).[i]  Basándose en esta definición la vid es un árbol, aunque nunca lo había considerado yo como tal sino como un arbusto.  Pero aún más importante que una definición humana es La Palabra de Dios, y aquí en este versículo el Señor lo está llamando árbol a la vid.

La vid es un árbol de muchísimas contradicciones.  Mientras que su ‘tronco’ es inútil (Ezequiel 15:1-4), su fruto era indispensable en Israel en los tiempos de los profetas y de Cristo.  El único trabajo de la viña es dar abundante fruto, mientras que el labrador de la viña tiene trabajo interminable.  Tiene que recortar la vid, limpiarla en el invierno, y en el verano otra vez recortar y limpiar y atar las ramas a soportes.  Requiere, por lo menos, la uva morada de agua constantemente, y todo esto para una sola cosecha en septiembre, y una cosecha bastante trabajosa, pero como veremos más adelante, ¡era y sigue siendo una cosecha de gozo!  A pesar de estas contradicciones y el afán y el trabajo de este árbol, encontramos versículos como el siguiente en el libro de Isaías 65:8 “Así ha dicho Jehová: Como si alguno hallase mosto en un racimo, y dijese: No lo desperdicies, porque bendición hay en él; así haré yo por mis siervos, que no lo destruiré todo.”

-Cetro del Rey-

“Tu madre fue como una vid en medio de la viña, plantada junto a las aguas, dando fruto y echando vástagos a causa de las muchas aguas.  Y ella tuvo varas fuertes para cetros de reyes y se elevó su estatura por encima entre las ramas, y fue vista por causa de su altura y la multitud de sus sarmientos.” Ezequiel 19:10-11

Este versículo habla simbólicamente de Israel.  Compara a Israel con una vid.  La vid debe dar abundante fruto por lo que su madera realmente es inútil para cualquier obra.  Ese fruto debe beneficiar al labrador de la viña, pero Israel como veremos, no dio fruto para Dios. Al ver que sus vástagos se habían fortalecido y servían para algo, para cetro de rey, se equivocó en creer que el fruto era para ella misma.  En el capítulo anterior vimos en la Biblia acerca de a quién le pertenecen los frutos que rendimos.  Y mientras que es cierto que nosotros vamos a gozarnos como consecuencia de rendir frutos, los frutos en sí le pertenecen a Dios porque de Él fluyen todas las bendiciones.  Todo lo que somos y tenemos como cristianos le pertenece a Dios.  Sin embargo, Israel no reconoció esa verdad, como nos dice el Señor en Oseas: “Israel es una frondosa viña, que da abundante fruto para sí mismo; conforme a la abundancia de su fruto multiplicó también los altares, conforme a la bondad de su tierra aumentaron los ídolos.  Está dividido su corazón.  Ahora serán hallados culpables…”  Oseas 10:1-2.

Seremos hallados culpables si nos jactamos en la presencia de Dios debido a nuestros frutos.  Si permitimos que nuestro corazón se divida entre agradar a Dios y ser vistos por los hombres.  Es fácil caer en la soberbia y la vanagloria cuando Dios lo usa a uno en abundancia.  Pero al caer en esos pecados corta el mismo fluir del Espíritu en su vida y del Espíritu viene el fruto.  Israel, nos dice en Ezequiel 19, fue vista a causa de sus muchos sarmientos, su mucho fruto.  Por causa de ese fruto fue levantado Israel, se elevó sobre las demás naciones, pero ¿a causa de qué?  A causa de las muchas aguas.  A causa del Espíritu Santo de Dios que la sostenía.  Hay un gran peligro en dar fruto para uno mismo, es el peligro a la jactancia y a la vanagloria, dos cosas que cortan la bendición en la vida del creyente.  Debemos mantenernos humildes en la presencia de Dios porque “Jehová exalta a los humildes, y humilla a los impíos hasta la tierra” Salmos 147:6.

El peligro de dar fruto para sí mismo es la jactancia y la consecuencia de la jactancia es caer de la gracia de Dios.  Quizás por eso el Señor hizo a la viña con esa gran contradicción de fruta deliciosa y codiciable y madera inútil.  Muchas veces el Señor, en su sabiduría, conociéndonos como somos, tiene que darnos una debilidad para mantenernos humildes delante de Él, así como hizo con el apóstol Pablo: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera” 2 Corintios 12:7.  Aceptemos de la mano del Señor no solamente lo bueno sino también lo que a nosotros nos parece malo, porque el Señor en su infinito sabiduría está cuidándonos de la jactancia que puede ser común entre los cristianos.

-La vid Verdadera–

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.  Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará para que lleve más fruto.” Juan 15:1-2

¡Nuestro Padre celestial tiene trabajo arduo e interminable con nosotros!  Gracias a su misericordia sigue trabajando en nosotros, aunque muchas veces somos pámpanos rebeldes que queremos llevar fruto ¡pero para nosotros mismos!  Como ya vimos, así era el pueblo de Israel también.  Teniendo corazón dividido no servían a Dios de todo corazón, aunque Él los plantó a ellos, los sembró en buena tierra, esperando una gran cosecha de fruto para el reino de Dios, pero ellos querían el fruto para ellos mismos.  El fruto que es producido en nuestras vidas, frutos de justicia, frutos espirituales que pudieran edificar y alimentar al pueblo de Dios, muchas veces los queremos usar para nuestro propio beneficio en vez de rendirlos para ser una bendición a otros.  Dios produce en nosotros gozo y paz y no queremos enseñar a otros como tenerlos en su vida, ni queremos alegrar la vida a otro.  El Espíritu Santo derrama en una vasija ciencia, inteligencia y sabiduría divina y luego esa persona se niega a usar el fruto de esos dones que Dios mismo ha depositado en él para ayudar a los que necesitan, a no ser por ganancia (2 Timoteo 6:5-6).  El deseo de Dios es que rindamos abundante fruto para una sola razón, para ser de bendición en la vida de los demás, así nos haremos útiles en el Reino de los Cielos, “de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8.

En Eclesiastés 11:1-3, nos lo explica el Señor de otra manera, y allí mismo en el versículo tres ¡nos da una advertencia!  “Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás.  Reparte a siete y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra.  Si las nubes fueran llenas de agua, sobre la tierra la derramarán; y si el árbol cayere al sur o al norte, en el lugar que el árbol cayere, allí quedará.”  Entregando a Dios el fruto que rindamos en nuestras vidas, el cual viene a través de la manifestación del Espíritu Santo en nuestras vidas, para que lo utilice para bendecir a las vidas de muchas personas es la única manera de lograr disfrutarlo.

Si lo echamos sobre las aguas, si lo echamos sobre el Espíritu Santo (agua 1 Corintios 12:13) con fe en la Palabra (agua Isaías 55:10-11) y en un espíritu de anticipación, entonces Dios permitirá que nosotros también disfrutemos de ese fruto, y volverá a nosotros.  Porque la Biblia dice “A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho se lo volverá a pagar” Proverbios 19:17.  El que presta ¿no recibe luego lo que prestó y aún con intereses?  Así es cuando uno presta a Dios, dando al que tiene de cerca, compartiendo dones y frutos espirituales, emocionales, físicos y económicos.

En el versículo dos de Eclesiastés capítulo 11, ¡Dios nos está pidiendo que compartamos el fruto en nuestras vidas con todo aquel que se nos ponga en nuestro delante!  ¡Sin acepción de personas!  “Hermanos míos, que vuestra fe en el Señor sea sin acepción de personas…pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores” Santiago 2:1 y 9.  Estas palabras vienen con una advertencia, reparta porque no sabe el mal que vendrá sobre la tierra.  Reparta y a muchos, no quede convicto como transgresor. El versículo tres del capítulo 11 de Eclesiastés trae una última advertencia para aquella persona que desea rendir fruto para sí mismo.  Nos dice “Si las nubes fueran llenas de agua, sobre la tierra la derramarán.”  Es necia la persona que cree que podrá retener su propio fruto.  Cuando el fruto del árbol madura, con una pequeña sacudida el fruto cae del árbol, y se pudre en la tierra, y lo que no cae los insectos lo comen.  El fruto todavía inmaduro no lo comen los insectos porque es amargo todavía, pero ya maduro y dulce está expuesto a toda clase de insecto y de ave.  Si uno no rinde su fruto para Dios, se engaña a sí mismo creyendo que podrá retenerlo para uno mismo.  Tanto como la nube una vez llena no puede detener su lluvia, y el árbol una vez maduro su fruto tampoco no lo detiene, ¡nosotros no podremos!  ¡Entreguemos todo nuestro fruto al Labrador Divino, Dios Padre!

-El labrador de nuestra viña-

“Como tú no sabes cuál es el camino del viento (Del Espíritu Santo – Juan 3:8) o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas” Eclesiastés 11:5.

“Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña.  Tenía mi amado una viña en una ladera fértil.  La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres… ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?  ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?” Isaías 5:1-2 y 4. ¿Qué más puede hacer Dios para nosotros para que le demos fruto en abundancia y Él pueda sacar algún provecho de nuestras vidas?  Nos ha dado una tierra fértil, plantándonos en una iglesia llena del fuego del Espíritu Santo.  Somos nosotros que causamos divisiones en la tierra y arruinamos lo lindo que Dios nos ha dado.  Nos ha puesto cerco todo alrededor de nosotros, protegiéndonos de todo ataque de las fieras del campo, del diablo y sus demonios.  “Mas Tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza” Salmos 3:3.  Muchas veces somos nosotros que quitamos nuestro propio cerco, queriendo vivir, según nuestros pensamientos, libres (según nuestro pensamiento), cuando el pecado no es libertad, sino que es esclavitud.

Él ha despedregado la tierra, quitando todas las piedras de tropiezo que hay a nuestro alrededor.  Y nos enseña a poner nuestra mirada en Él para no tropezar a causa del comportamiento de algunos que solamente se llaman ‘cristianos’.  El problema es que a nosotros muchas veces nos gusta el chisme, nos gusta el saber, y quitando la mirada de Cristo para escuchar lo que no edifica, cuando nos damos cuenta, ya la viña está repleta de piedras que vienen a causa de nuestro pecado.

Nos plantó el Señor, esto significa más que el pequeño esfuerzo del sembrador que nada más avienta la semilla y cae donde cae, y parte va caer en buena tierra, pero la mayoría no (Mateo 13:3-9).  El labrador de la viña, para plantar una vid, especialmente una vid escogida como dice de nosotros en estos versículos de Isaías, hace un hueco en la tierra a la medida exacta para la preciosa vid que va a plantar.  Y luego lo pone a la tierra y rellena el hueco con abono y tierra buena.  El Señor tomó con nosotros todas las precauciones para que rindamos uvas y no uvas silvestres, para que demos fruto abundante para el reino de los Cielos y no fruto para nosotros mismos, que simbolizan las uvas silvestres, o aun peor, nada de fruto.

Edificó torre en medio de nosotros para estar Él en medio de nosotros.  “Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel” Isaías 12:6.  Edificó torre allí para estar con nosotros de día y de noche y nunca dejarnos solos.  “Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?  Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.  No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda.  He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel.  Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha.  El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche.  Jehová te guardará de todo mal; El guardará tu alma” Salmos 121:1-7.  Edificó torre en medio de nosotros para estar omnipresente con nosotros y saber siempre en qué condiciones nos encontramos, para cuidarnos del fuerte sol del día y del fuerte frío de noche.  Edificó torre en medio de nosotros para espantar a las zorras: “Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; Porque nuestras viñas están en cierne” Cantares 2:15.  El Señor reconoce cuando estamos en cierne, cuando estamos brotando la flor que se convertirá en fruto y que en ese momento está delicada y tierna nuestra vid delante de Dios porque está por manifestarse la promesa de fruto en nuestras vidas.  A todo costo, el Señor estará con nosotros para traer a luz ese fruto que tal vez ahora mismo es solamente una promesa para el futuro.

Finalmente, el Padre ha hecho un lagar en medio de nosotros.  Esto demuestra que Dios realmente cree en nuestra capacidad para producir buenas uvas.  Nos miró, nos llamó ‘vides escogidas’ e hizo todo lo posible para que podamos dar buen fruto y en gran abundancia.  Para que Él pueda extraer de nosotros bendición, gozo para derramar en las vidas de las demás personas.  Dios cree en nuestra capacidad de rendir buen fruto hasta tal punto que se esfuerza haciendo en medio de nosotros el lagar.  ¿Qué es el lagar?  Se estará preguntando, ¿Por qué poner tanto énfasis en el hecho que el Señor haga un lagar?  El lagar es el lugar donde las uvas son vaciadas y pisadas para extraer de ellos su mosto.  Entonces con el hecho de que el Señor tome el tiempo de construir un lagar en medio de nosotros significa que Él está seguro que vamos a rendir fruto y que ese fruto va a ser buen fruto, útil para una “libación de vino superior ante Jehová” Números 28:7.  Posiblemente, usted haya visto los lagares del día de hoy que son hechos simples con madera y clavo y calafateados para no perder el mosto.  De un lagar así no está hablando el Señor, sino que, en los tiempos bíblicos, no era cosa tan liviana hacer un lagar.  ¡Los lagares entonces tenían que ser cavados de rocas![ii]  ¡La misma palabra hebrea que aquí es traducida como lagar significa excavar!  ¡Qué gran esfuerzo de Dios para con nosotros!  ¡Qué ingratitud de parte nuestra no darle el fruto que Él espera!

-Uvas silvestres-

 “Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada.  Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella.  Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya.  Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor” Isaías 5:5-7.   Dios espera de nosotros frutos apacibles de justicia (Hebreos 12:11), espera que demos fruto con perseverancia (Lucas 8:15), espera de nosotros un fruto que permanezca (Juan 15:16), fruto de santificación (Romanos 6:22), fruto que abunde (Filipenses 4:17), fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23) y sobre todo fruto de labios que confiesan su nombre (Hebreos 13:15) que reconocen que de Él vienen sus frutos.  Si no damos los frutos que Él espera, somos echados afuera, cortados, y hollados.  Dios no puede ser burlado.  Quitará nuestro cerco y nuestra torre y seremos expuestos a las fieras del campo, a todo ataque de nuestro enemigo el diablo.  No seamos más así, seamos sinceros con Dios, ¡no rebeldes!  ¡Porque el Espíritu de Jehová no siempre contenderá con el hombre! (Génesis 6:3) y “los caminos de Jehová son rectos, y los justos andarán por ellos; mas los rebeldes caerán en ellos” Oseas 14:9. No caigamos aun caminando en el camino angosto, seamos sensibles a la voz del Espíritu Santo, rindamos abundante fruto, pero no para nosotros mismos sino para avanzar el Reino de los Cielos.

-Fruto más abundante-

Es a la vez beneficial y duro para la viña el trato del labrador, pero es para su bien, es para que pueda crecer y ser exitosa en su único propósito, el de llevar fruto.  “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” Juan 15:8.  Pues en el versículo dos, de Juan 15, la Biblia nos dice que aun el pámpano que está llevando fruto no escapa del labrador.  Es limpiado para que pueda llevar más fruto.  Las hojas viejas y secas son quitadas, las flores inútiles que no van a dar fruto son arrancados y el pámpano tiene que ser amarrado a un soporte para aguantar el peso de las uvas una vez que éstas hayan madurado.  Y es necesario soportar de buena gana todo este trato porque “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿Qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?” Hebreos 12:7. Siendo hijos, recibiremos disciplina porque Él azota a todo aquel que recibe por hijo (Hebreos 12:6) sin acepción de personas, sin necesidad de que primero hagamos algo malo (pues el pecado está ligado a nuestro corazón desde el nacimiento (Proverbios 22:15)).  El azote que el Señor da es uno para rendir un carácter agradable delante de su presencia.  Un carácter lleno de los frutos que debe rendir todo cristiano.  Es normal en una vid que se sequen las hojas, pero eso no significa que el labrador no los va a arrancar.  Los tiene que arrancar para que puedan crecer más hojas verdes en su lugar (veremos más adelante la gran importancia de las hojas).  De igual manera, puede haber cosas en nuestras vidas, actitudes o hábitos que en si no son malos, pero Dios, viendo el final deseado de nuestras vidas sabe que las tiene que quitar, esa es la verdadera disciplina de Dios.  ¡Eso es lo que rinde un cristiano lleno del poder del Espíritu Santo!  Aun siendo duro este trato para la viña y para uno, es más duro para el Padre.  ¡Imagínese su corazón de Padre cuando escucha y ve las lágrimas de sus hijos y sus hijas!

-La necesidad de agua-

“Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación, y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres, en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido” Isaías 12:3-4.

La uva morada para que sus viñas estén cargadas de uvas requiere de agua constantemente.  Si no reciben el agua que necesitan se marchitan, se secan y finalmente se mueren.  Pero fiel es nuestro labrador, Dios Padre, tan fiel que dice en la Biblia “si fuéremos infieles, Él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo” 2 Timoteo 2:13.  Y nos da invitación tras invitación en la Biblia de tomar de sus aguas.  En este versículo de Isaías 12, nos enseña cómo adquirir el agua que necesitamos.  “Sacaréis con gozo…”  Es necesario gozarnos en nuestro Dios, que Él sea nuestro gozo, nuestra delicia para poder sacar las aguas que nosotros necesitamos.  Es importante notar aquí que habla de aguas.  En si la palabra agua es plural, indicando una cantidad de agua.  La palabra aguas denota una cantidad de más que un tipo de agua.  Esas aguas que necesitamos vienen siendo el Espíritu Santo para refrescarnos (Juan 7:38, Apocalipsis 22:1) y la Palabra que sale de la boca de Dios que hace germinar y producir (Isaías 55:10-11).  Y ¿de dónde vamos a sacar esas aguas?  “de las fuentes de la salvación” que significa Cristo Jesús.  Otra vez la palabra es plural.  Fuentes en vez de fuente, indicando más de una fuente, entonces creo que es debido analizar más a la salvación.

Si Dios nos dice aquí que hay fuentes de salvación, pero sabemos que la salvación viene de una confesión de fe en Jesucristo: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.  Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” Romanos 10:9-10; entonces esta confesión es lo que resulta en la salvación, pero el proceso de la salvación comienza antes de la confesión y sigue aun después.  Estas son las fuentes de la salvación;

  • La gracia del Señor Jesús (Hechos 15:11)
  • La justificación de la sangre del Señor Jesús (Romanos 5:9)
  • La reconciliación mediante la muerte de Cristo (Romanos 5:10)
  • La esperanza en Cristo (Romanos 8:24)
  • La retención de la palabra predicada (1 Corintios 15:2)
  • El obsequio de la vida, cuando estábamos muertos en nuestros pecados (Efesios 2:1 y 2:5)
  • La fe en Cristo (Efesios 2:8) Y esa fe siendo don de Dios (Romanos 12:3)
  • El amor de la verdad (2 Tesalonicenses 2:10)
  • El creer en el Señor Jesús y ser bautizado (Marcos 16:16)
  • La Perseverancia aun cuando somos aborrecidos por causa de Cristo. (Marcos 13:13)
  • La Benignidad de Dios (Romanos 2:4)

Sabiendo que la uva requiere de agua constantemente ¿Se imagina el trabajo de Dios en regar a todos los creyentes todos los días?  Pero Dios tiene unas aguas especiales  “… el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” Juan 4:13-14 y  “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” Juan 7:38.  El agua en términos humanos, al recibir y consumirlo se acaba y vuelve uno a tener sed, pero el agua que da Cristo, el agua del Espíritu Santo y de La Palabra de Dios es especial, de una vez derramado en nosotros se vuelve una fuente, se vuelve un agua que nunca se gasta, más bien se está renovando constantemente dentro de nosotros, de tal manera que si seguimos a Cristo y retenemos una comunión íntima e estrecha con Dios, no tendremos nunca más necesidad de otro agua ni de otro depósito de agua.  El depósito original de Cristo se renueva y se purifica cada vez que oramos, cada vez que leemos La Palabra de Dios, cada vez que ayunamos y cada vez que en la iglesia alabamos y adoramos a su Santo Nombre.

-La bendición del racimo-

“Así ha dicho Jehová: Como si alguno hallase mosto en un racimo, y dijese: No lo desperdicies, porque bendición hay en él, así haré yo por mis siervos, que no lo destruiré del todo” Isaías 65:8.

Deseo dar otra llamada a congregarse.  El mosto, la bendición de que habla el Señor en este versículo es el del racimo.  De una uva no se hace vino, se hace cuando el lagar se ha llenado hasta rebosar con miles de racimos de uvas.  Hay una gran importancia en la alabanza y la adoración corporal.  Muchas personas creen que hacen bien quedándose en su casa para alabar a Dios, pero la Biblia dice: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos” Mateo 18:21.  La presencia prometida del Señor es en la congregación de los santos.  La Biblia también dice que la presencia de Dios habita entre las alabanzas de su pueblo (Salmos 22:3).  La persona que se queda en casa en vez de congregarse en una iglesia pierde una grande bendición.  Porque cuando el pueblo de Dios se junta y alaba y adora a Dios unánimes y a una voz (Romanos 15:6) la presencia de Dios desciende en ese lugar y llena no solamente el lugar, sino que también llena cada vaso que ha dispuesto su corazón para buscar de Dios.

En Salmos 133 dice: “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía…Porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna ¡” Salmos 133:1y3b.  El Señor envía bendición a su pueblo cuando el pueblo se reúne para buscar su rostro.  No es suficiente con alabar a Dios y leer la Biblia en la casa, de hecho, en Romanos 10:17 dice que “la fe es por el oír” y en Apocalipsis 1:3 la Biblia promete una bienaventuranza a los que oyen las palabras de Apocalipsis.  En el racimo hay bendición, bendición que Dios promete no destruir, bendición que Dios manda que no desperdiciemos.  Seamos sensibles a La Palabra de Dios, pongámoslo por obra.  Necesitamos estar rodeados de creyentes.  Necesitamos congregarnos en una iglesia.  Las uvas no crecen individualmente, crecen en racimo.  Las uvas no rinden su mosto individualmente, lo rinden en racimo.

-Una nota a los casados-

“Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa…” Salmos 128:3

En los tiempos Bíblicos, sembraban vides no solamente en viñas, sino que también los sembraron junto a las casas.  En aquel tiempo, las casas fueron hechas de adobo y las paredes de la casa retenían el calor del sol que las alumbraba en el día de tal manera que aún en el frío de la noche una vid sembrada junta a la casa se mantenía caliente toda la noche.  Esa calor permitía a la viña rendir fruto en gran abundancia.

El esposo debe cumplir esa misma función en el hogar, debe dar a la esposa el calor y el cariño necesario para que ella florezca y rinda fruto.  En 1 Pedro 3:7, La Palabra de Dios da esta instrucción para los esposos: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.”  Si el esposo quiere que sus oraciones sean oídas por el Señor entonces dice la Biblia que debe usar sabiduría en el trato de su esposa, que la trate como a un vaso más frágil, dándole a ella el honor que merece por ser su esposa y la madre de sus hijos.

En Colosenses 3:19 dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.”  La mujer no florece en condiciones de hostilidad al igual que la viña no da fruto si las condiciones son malos o muy secos o muy fríos.  El hogar influye mucho en la vida de la mujer; y el hombre, como cabeza del hogar y de la mujer (Efesios 5:23) tiene en sus manos hacer que su mujer se levante y dé fruto para el Reino de Dios, o que la mujer decaiga en su vida espiritual.  Hay mujeres que viven en hogares llenos de desprecio y todavía se hacen grandes mujeres de Dios a través de mucha lucha y sufrimiento, pero como cristiano, Dios pedirá cuentas al hombre si no trata a la mujer como es debido, como una mujer cuya “estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas” Proverbios 31:10.

[i] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

[ii] Strong’s Concordancia exhaustiva #3342

Sección Dos – Frutos de Justicia, El bien de Jehová, Capítulo 1 El Olivo

Olive Tree WC Ferrell Flickr

El Olivo, Foto por WC Ferrell, Encontrada en Flickr

“Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros.  Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?” Jueces 9:8-9

En esta sección vamos a empezar a ver la bendición de dar fruto a través del análisis de árboles que dan fruto y el fruto que dan.  Vamos a comenzar con el olivo, un árbol que rinde un fruto muy importante. Dios escogió al aceite del fruto de este árbol para ser el aceite de la unción y del alumbrado de las lámparas del tabernáculo.  “Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder continuamente las lámparas” Éxodo 27:20. El aceite del olivo representa la unción de Dios la cual debe haber en todo creyente.

-Fruto ¿para qué? y ¿para quién? –

Fruto en la Biblia toma dos formas, físico y espiritual.  Hay fruto que es producido por un árbol o que es por el trabajo de uno, eso juntamente con el fruto del vientre (los hijos) es fruto físico, tangible. También hay fruto espiritual, fruto que se percibe como un cambio en la persona, pero no es algo que se puede tomar en la mano. Y es necesario saber que toda persona, sea hombre o sea mujer tiene un vientre espiritual para dar a luz bendición y los propósitos del Señor para su vida.

Pero ¿de quién y para quién es el fruto?  El fruto tanto físico como espiritual que rinde en su vida ¿a quién le pertenece?  Hay frutos que son únicamente para el Señor, como las almas (Romanos 16:5). Hay frutos que producimos por amor de Dios, pero el beneficio de ellos es para los que nos rodean, como las buenas obras (vea Tito 3:12-14 y Romanos 15:26-28) y hay frutos que son para la gloria de Dios y benefician no solamente a los que nos rodean, sino que nos benefician a nosotros también, así como gozo y paz y los demás frutos del Espíritu (Gálatas 5:22-23).

La Biblia tiene mucho que decir acerca de quién se queda con los frutos; por ejemplo, dice “quien cuida la higuera comerá su fruto” Proverbios 27:18, si usted es higuera, por ejemplo, ¿Quién le está cuidando?  ¡Dios y su pastor!  Entonces ellos dos tienen un derecho a disfrutar de los frutos para así disfrutar usted de las bendiciones de Dios (1 Corintios 9:9 y 1 Timoteo 5:18 y Ezequiel 44:30). También dice la Biblia: “Decid al justo que le irá bien, porque comerá del fruto de sus manos” Isaías 3:10.  Usted, como justo (eso si permanece en Cristo) tiene derecho a comer del fruto de sus labores en Cristo.  También, los que alcanzan misericordia delante de Dios tienen derecho a disfrutar de los frutos por pura gracia.

-Aprendiendo del Olivo y sus lecciones-

El olivo es un árbol que crece en los costados de las montañas donde la tierra está llena de piedras y aun así rinde bastante fruto, hasta dos veces por año lo rinde.  Este árbol produce miles de pequeñas flores blancos, pero solamente un flor de cada cien rinde fruto.[i]  El olivo da fruto más de mil años, aun cuando el tronco está ya podrido por dentro por la edad, las ramas siguen dando fruto.  Aun cuando ha sido talado, da renuevos y dentro de un par de años puede estar rindiendo fruto de nuevo.  En el olivo, lo más valioso es el aceite que rinde su fruto, aunque su madera fue usada por el Rey Salomón para adornos en el templo, su uso principal siempre ha sido rendir su fruto, la oliva para entonces rendir su aceite.  Del aceite y su paralelo espiritual, la unción, hablaremos en sección tres, capítulo tres.  Aquí nos enfocaremos en el trabajo del árbol en producir el fruto que rinde la bendición de aceite.

-Enfocándose en lo que va a dar fruto-

Un olivo maduro producirá miles de flores, pero solamente uno en cada cien de ellos se convertirá en fruto.  Y como ya hemos dicho, lo más valioso de este árbol es su fruto.  Flores son muy bonitos, pero no va a dar una flor a una persona hambrienta, le va a dar pan, y en Israel, la única manera que hacían pan (en el tiempo de Jesús y antes) era con harina en la tinaja y ¡aceite en la vasija!  Sin el olivo, no hay aceite, pero ¡solamente por tener una flor bonita en sus ramas no significa que tendrá fruto!

En el libro de Job 15:33, Dios nos dice lo que el árbol hace con las flores inútiles “Perderá su agraz como la vid, y derramará su flor como el olivo.” El olivo derrama todas las flores inútiles que no van a producir fruto.  ¿Cuál sería su secreto para saber cuáles flores derramar, y cuáles se convertirán en fruto?  Más importante es ¿Cómo podemos nosotros distinguir entre la flor que dará fruto en nuestras vidas y la que solamente está tomando aliento de las raíces sin cumplir ningún propósito?  El diablo le gustaría vernos tan ocupados con obras muertas que nunca cumplamos el propósito de Dios en nuestras vidas.  Hay muchas cosas buenas que pudiéramos estar haciendo, en nuestras casas, en nuestros trabajos y sobre todo en la iglesia, pero es necesario analizar cuál va a traer fruto para el reino de los cielos.

Esto hace surgir una pregunta muy grande, ¿Por qué producir más flores que el número de frutos que el árbol puede producir?  Estudiando este tema abrió mis ojos a varias verdades centrales en la vida espiritual.  Aprendí que hay varias razones para tener una sobreproducción de flores en el árbol, y también en nuestras vidas.

-El ‘síndrome de Marta’-

Muchas veces las flores fallan en producir fruto porque el fruto joven aborta en su crecimiento, puede ser debido a frio o falta de agua o por ataque de insectos.  Es igual en nuestras vidas muchas veces.  En la vida cristiana, buscando servirle a Dios, nuestros ojos y nuestras mentes se llenan con todas las posibles formas de servir a Dios y pasa muchas veces (menos veces espero cuando ya el cristiano madura) que el cristiano corre detrás de todo servicio a Dios que pueda, sin enfocarse en una en particular y sin cultivar un sueño en el Señor primero.  Y entonces ¿qué pasa?  Tarde que temprano se acaba la emoción o se agotan las energías de la persona porque está tratando de hacer demasiadas cosas a la vez, y ¡no ha consultado al Señor antes de hacer!  Entonces viene muchas veces el enfriamiento espiritual, porque el cristiano está tan ocupado en obras muertas, ninguna ordenada de Dios que ya no tiene tiempo para pasar en comunión con Dios.  Y en el final de cuentas todos sus frutos abortan y no rinde nada.  ¡Esto lo llamaremos el ‘síndrome de Marta’!

Aprendamos de Marta y María, “Aconteció que, yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.  Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía la Biblia.  Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola?  Dile, pues, que me ayude.  Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.  Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” Lucas 10:38-42.  ¿Alguna vez ha tenido una visita muy importante en su casa y estuvo tan ocupado en impresionar a la visita que ya no pudo disfrutarla?  Eso es básicamente lo que le pasó a Marta.  Y nos puede pasar muchas veces en lo espiritual.

Todo servicio a Dios es bueno y es honroso, y es importante.  Por lo tanto, quiero decir esto primero, que no nos podemos esconder detrás del “no quiero ser como Marta” y no hacer nada para Dios, porque la Biblia claramente dice, “El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero” 2 Timoteo 2:6.  Entonces si quiere participar del premio y de la recompensa guardada para las personas que sirven al Señor, ¡tendrá que aprender a trabajar para Dios!

Se equivocó Marta en el momento y en la manera que quiso servir a Dios.  Jesús vino a enseñar, primeramente: “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” Mateo 4:23.  Lo principal en la vida de Jesús era enseñar al pueblo y predicar el evangelio de Dios.  Luego Él sanaba a los enfermos.  La sanidad de los enfermos y la compasión para la gente eran muy importantes en la vida de Jesús, pero lo principal era enseñar porque: “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?  ¿O qué recompensa dará el hombre para su alma?”  Mateo 16:26. ¿Qué provecho había para las multitudes si los sanaba, pero los dejaba en la oscuridad de condenación segura en la cual se encontraban?  El evangelio, la enseñanza de la verdad los iba a conducir a la vida eterna, no la sanidad en el cuerpo.  Por las señales muchos van a creer (Juan 6:30) pero primero necesitan ser enseñados en que deben creer.  Jesús se podía haber enfocado solamente en sanar, y hubiera hecho muchas cosas buenas, pero su pueblo todavía estaría en oscuridad, ¡nosotros todavía estaríamos en tinieblas si no fuera por la verdad que Él enseñaba!  Entonces si la tarea principal de Jesús era de enseñar entonces la tarea principal de Marta era recibir enseñanza, primeramente.  Nuestro primer trabajo tiene que ser, y el de Marta también tenía que haber sido, el escuchar y el aprender del Señor.

-Fruto no tiene edad-

Hay muchas personas que tienen un concepto muy equivocado que hay personas o muy jóvenes o muy viejos para ser útiles en el Reino de Dios.  ¡Eso simplemente no es verdad!  Siempre habrá personas que le digan que está demasiado joven o demasiado viejo, pero hay una cosa que tenemos que aprender y eso es no prestarles atención a las opiniones de la gente, ¡prestarle atención a Dios solamente! (Miqueas 6:9) La gente no nos va a dar la salvación, ¡solamente Dios!  De igual manera, la gente no establece ni castigos, ni los tiempos.  ¡Es Dios quien los establece! Dios en todo tiempo quiere que llevemos fruto para su reino, desde los primeros días que lo conocemos ¡hasta el día en que nos lleva a estar siempre con Él!  Y claramente, ¡tengo algunos ejemplos de la Biblia!

Para el joven y el niño, comenzaremos con Samuel, “Y Elcana se volvió a su casa en Ramá; y el niño (Samuel) ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí” 1 Samuel 2:11.  Samuel, aun siendo niño ministraba en el templo de Dios, dice la Biblia que a Dios le ministraba.  Cualquier ministra a otra persona, este niño a su corta edad ¡ministraba a Dios!  Mucha gente no ve la distinción entre ministrar al pueblo y ministrar a Dios, y no puedo entrar en ese tema aquí, pero usted puede leer Ezequiel capítulo 44 y Malaquías 3:13-18 para entender que sí existe una diferencia entre ministrar al pueblo de Dios y ministrar a Dios mismo.

Samuel, no tuvo que esperar mayor de edad para servirle a Dios.  Dios busca a personas para servirle de todo corazón, y si un niño o una niña dispone su corazón y la prepara para inquirir la ley de Jehová y cumplirla y para enseñarla, entonces la mano de Dios va a estar con esa persona, (Esdras 7:9-10) no a pesar de su edad, sino sin importar su edad.  No nos debe sorprender que Dios use a los pequeños, la Biblia dice: “de la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos para hacer callar al enemigo y al vengativo” Salmos 8:2. Dios con un plan usa a los pequeños, para confundir al diablo.  También está escrito: “Tocad trompeta en Sion, proclamad ayuno, convocad asamblea. Reunid al pueblo, santificad la reunión, juntad a los ancianos, congregad a los niños y a los que maman, salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia” Joel 2:15-16.  Los niños son parte integro de la congregación de los santos, son el futuro de la iglesia, pero no tienen que esperar el futuro para servir a Dios, porque Dios se complace en usar la persona que se disponga.

Los hijos del sacerdote Elí, no se disponían para servir a Dios, ¡sino que para pecar contra Él y contaminar todo el pueblo de Dios!  Ellos tenían la edad “normal” para servir a Dios y el parentesco para servirle (eran de los hijos de Leví, linaje de Aarón, vea Éxodo 28 para más información sobre del linaje del sacerdocio) pero no tenían el deseo de santificarse para Dios.  Samuel aparentemente no tenía la edad, ciertamente no tenía el parentesco (venía de la tribu de Efraín, hijo de José), ¡pero sí tenía la disposición!  Y ¡Dios le permitió ministrar!  Dios honra a los que le honran a Él (1 Samuel 2:30), no importando la edad o las calificaciones.

Para el anciano o la anciana, vamos a ver el ejemplo de Daniel.  Yo sé que siempre los dibujos de Daniel lo demuestran como un hombre joven y fuerte, pero La Palabra de Dios demuestra que Daniel lo servía a Dios en su vejez también.  Así como el olivo sigue rindiendo sus aceitunas hasta mil años, así en nosotros tiene que haber fruto aun en la vejez. Nunca llega un tiempo cuando Dios le echa a uno para un lado y busca a otro; eso es lo que hace el hombre, pero ¡Dios no!  Y no seamos nosotros así tampoco, pues yo he oído de casos cuando a los pastores de cierta edad han sido hechos para un lado, teniendo todavía ganas de y fuerzas para servir a Dios, son abandonados por lo que nadie puede ni controlar, ni evitar: la edad.  Demos fruto siempre, y dejemos que los demás den fruto siempre también.

Hablando de Daniel, generalmente, se acepta que Daniel entró en Babilonia de aproximadamente 15 o 16 años de edad, y desde el principio no se quiso contaminar con las cosas de Babilonia (Daniel 1:8), y hasta el final, cuando ya se cumplían los setenta años de cautividad en Babilonia, y entonces los ochenta y tantos años de vida para Daniel, ¡Daniel todavía estaba sirviendo a Dios en Babilonia!

Daniel fue parte de la primera deportación de Jerusalén a Babilonia en el año 605 a.C.  Daniel que significa ‘Dios juzga’ fue llevado a Babilonia para ser instruido en las cosas de Babilonia y los cultos de los dioses de ellos.  Hasta le cambiaron su nombre a Beltsasar, el nombre de un dios pagano de ellos.  Querían que él olvide que Jehová de los ejércitos fuera su juez, pero Daniel nunca lo olvidó y fue fiel a Dios en toda su vida.  Y recuerden que una cosa es servirle a Dios en la iglesia, ¡otra cosa totalmente diferente es servir a Dios en la Babilonia perversa!  Sin embargo, allí dio fruto de justicia y para justicia por setenta años.

Bajo Nabucodonosor (605 a.C. hasta 562 a.C.), por 43 años, Daniel interpretaba sueños, y no solamente los interpretaba, sino que cuando el rey no se acordaba el sueño, ¡él se lo revelaba por el espíritu de revelación que Dios había derramado en su vida!  (Daniel capítulos 1-4).

Bajo Belsasar[ii] (555 a.C. hasta 539 a.C.), Daniel tuvo varias visiones propias, visiones acerca de los últimos tiempos, visiones que aún se estudian el día de hoy.  Visiones en las cuales, a Daniel, Dios le reveló el tiempo para la venida del Mesías (Daniel 7:24-25). Y visiones del más allá de la segunda venida del Mesías (Daniel 7:9-10 y 8:17).  ¡Eso sí que es fruto que permanece! (Juan 15:16) También bajo este rey, al final de su reino, interpretó la escritura en la pared, y aun teniendo por lo menos 81 años de edad, no tuvo temor de hablar con autoridad La Palabra de Dios.  Y por su veracidad y fidelidad para con Dios bajo todo rey y reino ¡Daniel era exaltado a un puesto muy alto en el reino! (Daniel 5).

Finalmente, bajo los reyes, Ciro de persa y Darío el medo (Daniel 6:28) (539 a.C. hasta la muerte de Daniel en cautividad), Daniel siguió sirviendo a Dios.  Lo más impresionante en este tiempo es la fidelidad de Daniel.  Daniel, ahora de 81 años o más, ha aprendido a serle fiel a Dios y a servirle a Dios no importando el costo y ¡es en esa edad que llega su prueba más grande!  ¡Porque es bajo Darío que Daniel es echado en el foso de los leones por orar a Dios! (Daniel capítulo 6) Siempre en los dibujos de Daniel en el foso, lo dibujan como un jovencito, pero la historia nos enseña por las fechas de la cautividad de Judá y las fechas de los reinos de estos reyes que Daniel no era muchacho era un hombre ya avanzado en la edad cuando aconteció esto.  Dios no dejó de usar a Daniel por lo que su edad avanzaba, al contrario, ¡cada año lo usaba más!

Y ¿Cuál fue el final del foso de los leones?  “Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: Paz os sea multiplicada. De parte mía es puesta esta ordenanza: Que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel; porque él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido, y su dominio perdurará hasta el fin. Él salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra; él ha librado a Daniel del poder de los leones. Y este Daniel prosperó durante el reinado de Darío y durante el reinado de Ciro el persa” Daniel 6:25-28. Esta fue la declaración de Darío, y otra fue la declaración de Ciro: “Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá.  Quien haya entre vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en Judá, y edifique la casa a Jehová Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén.  Y a todo el que haya quedado, en cualquier lugar donde more, ayúdenle los hombres de su lugar con plata, oro, bienes y ganados, además de ofrendas voluntarias para la casa de Dios, la cual está en Jerusalén” Esdras 1:2-4. Dios usó a Daniel para despertar el espíritu de Ciro rey de Persia (Esdras 1:1). Dios lo usó a Daniel en su vejez para hacer esto, no en su juventud, ¡aún los más viejitos son útiles para Dios!  Porque Él es el que salva y libra, y ¡busca quien confía en su salvación y liberación!  Eso también es fruto que podemos dar en cualquier edad y ¡se llama fe! (Gálatas 5:22 y Hebreos 11:1-6) Y así como aprendieron a dar fruto de fe los de Media y de Persia, solamente viendo como era expresada la fe en la vida de Daniel, no con palabras sino con hechos (oración cuando podía costarle la vida) y con paz frente a un foso de leones, sirviendo a Dios aun cuando podía costarle su vida, creyendo que ¡Dios era fiel para guardar su depósito de fe y devolvérselo con intereses de salvación!  (2 Timoteo 1:12 y Proverbios 19:17) Porque todo el bien que hacemos, debemos saber que ¡Dios nos lo vuelve a pagar!  ¡No hay mayor testimonio que una vida que desde la juventud hasta la vejez este sirviendo a Dios!

¿Tengo necesidad de seguir?  Porque todavía se puede seguir con Daniel, que en el mismo año que fue echado en el foso de los leones, oró para la restauración de su pueblo a su tierra (Daniel 9) y que dos años después a los 83 o 84 años, poco antes de su muerte, Daniel recibe una gran visión del tiempo del fin (Daniel 12:4) y ¡Daniel, muchas veces por la grandeza de las visiones que tiene departe de Dios es postrado en cama! (Daniel 8:27) y, aun después de tener que convalecer por una visión, al tener otra visión bajo el rey Ciro, se pone a ayunar y orar para tener mayor entendimiento de la visión.  Por 21 días ayuna Daniel (Daniel 10:2-3), agotando así sus fuerzas, y nos dice la Biblia que al venir la visión completa no queda fuerza en él, que su fuerza se convierte en desfallecimiento, queda sin vigor alguno, en otras palabras, sin vida, cae Daniel sobre su rostro (Daniel 10:8-9).  Dios no lo deja caído y sin fuerzas tampoco, en versículo 19, ¡el Señor lo fortalece con sus palabras para que Daniel le siga sirviendo!  ¡Dios no buscó a otro solamente a causa de la debilidad de la edad!  Porque como ya vimos en 1 Samuel 2:30, Dios siempre honra a los que le honran a Él.  Honre a Dios, sírvele de todo corazón, y no se preocupe nunca de ser inútil para Dios, porque ¡Dios no deja de usar al vaso que se dispone!

Daniel murió en Babilonia, pero el fruto que dio allí permaneció (y nuestro fruto debe permanecer) y abrió camino al pueblo de Dios para que ellos pudieran volver a Jerusalén y reedificar el templo y ¡restaurar el culto al Dios vivo!  Nunca piense siervo, sierva de Dios que llegará un día mientras tenga vida que no pueda servir a Dios, o que será inútil en la obra de Dios, ¡ese día nunca llegará!  Es el hombre que desecha, no Dios (1 Pedro 2:4), Él honra a los que le honran, y ha hecho escribir delante de Él un libro de memoria para usted y ¡usted es especial tesoro para Él!  (Malaquías 3:16-17)

-Puede dar fruto aún después de una caída-

“…Siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse…” Proverbios 24:16,

Este árbol al igual que la acacia, aunque pareciera destruida se vuelve a levantar.  ¡Así somos nosotros, cuando nuestra justicia y nuestra vida igualmente están en Cristo Jesús!  En Miqueas 7:8-10 dice así “Tú enemiga mía, no te alegres de mí, porque, aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz, La ira de Jehová soporté porque pequé contra él, hasta que juzgue mi causa y haga mi justicia; él me sacará a luz; veré su justicia. Y mi enemiga lo verá, y la cubrirá vergüenza; la que me decía ¿Dónde está Jehová tu Dios?  Mis ojos lo verán; ahora será hollada como lodo de las calles.”

Cuando el cristiano cae (porque no hay nadie perfecto) siempre va a haber alguien presente (de eso se va a encargar el diablo) para verlo.  No va a faltar alguien que quiera destruir a uno del todo cuando uno le ha fallado al Señor.  Por eso tenemos que aprender a caminar en santidad y confiar en Dios para todo lo demás.  Si fallamos, aunque estemos tratando de caminar en rectitud, confiemos en Dios “Fiel es el que os llama, el que también lo hará” 1 Tesalonicenses 5:24.

En estos versículos de Miqueas el Señor habla de Jerusalén.  Habla de soportar la ira (la disciplina) de Dios para ver también su salvación.  Soportar la disciplina es muy importante (hebreos 12:5-11), porque al soportarla, Él le sacará a luz y avergonzará a aquellos que se atrevían a juzgar.  “¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno?  Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme” Romanos 14:4.  Poderoso es Dios para mantenernos firmes en sus caminos.

Es importante la distinción que hace Salmos 1 entre el cristiano que es como un árbol y el incrédulo o el impío que son como el tamo.  Porque en Job dice “Porque el árbol si fuere cortado, aún quedará de él esperanza; Retoñará aún, y sus renuevos no faltarán.  Si se envejeciere en la tierra su raíz, y su tronco fuere muerto en el polvo, al percibir el agua reverdecerá, y hará copa como planta nueva” Job 14:7-9.  Mientras que el árbol tiene raíces y puede revivir aún si una tormenta pareciera destruirlo, el tamo está muerto para comenzar y en el pequeño soplo del viento es arrastrado y destruido del todo.  Recuerde esto siempre, usted es árbol.  Aunque fuere cortado, o por tormenta o por pecado, quedan esperanzas de su vida.  Aunque se haya secado su vida espiritual y esté como una piedra en la presencia de Dios, al percibir el agua del Espíritu reverdecerá y hacer copa (vida) nueva en Dios. Todo está en el quererlo, y el quererlo solamente está en usted.

Todavía hay la posibilidad de salvación, de servirle a Dios y de dar fruto para Dios.  Porque como veremos más adelante en esta sección, es fruto que Dios desea.  En el fruto está la semilla, para poder sembrar y cosechar.  En el fruto hay alimento para sostener la vida.  No deje de desear fruto en su vida.  Aún quedan de usted esperanzas, aunque haya caído, aunque el hombre o la mujer le desprecia y le desecha, Dios no desecha a nadie, nunca lo hará.  ¡Jehová será su luz hasta que le saque a luz, sus ojos lo verán!

Nunca crea que Dios no lo quiere levantar o que Dios lo haya abandonado, o que Dios está cansado de rescatarle de sus errores.  Aprendamos del libro de Job: “Dios redimirá se alma para que no pase al sepulcro, y su vida se verá en luz. He aquí, todas estas cosas hace Dios dos y tres veces con el hombre” Job 33:28-29.  De esta verdad soy testiga yo, a través de mis propios errores y de la misericordia que Dios ha tenido para conmigo.

-Una nota especial a la juventud-

“…Sus hijos como plantas de olivo alrededor de su mesa” Salmos 128:3. Este versículo da un retrato de cómo el joven o la jovencita debe comportarse para con sus padres.  La palabra hebrea ‘shetil’, aquí traducida como ‘plantas’ significa ‘trasplante o renuevo’[iii] da que entender que es parte del árbol original cortado de él y hecho crecer para producir otro árbol igual al primero, como si fueran los hijos del árbol original.

En la naturaleza, el árbol madura echa sus semillas alrededor de él mismo y comienzan a brotar otros árboles de olivo alrededor de él.  Y así cuando el árbol original ya ha envejecido, los renuevos que ha echado ya están dando fruto y el árbol original no tiene tanta necesidad de producir, siente un alivio por la ayuda de los árboles ‘hijos’ que ha producido.

Esto es un ejemplo dejado de parte del Señor para la juventud.  En la juventud, es importante ayudar a los padres en toda forma posible, sabiendo que llegará el día cuando ellos ya no van a poder trabajar, cuando ya van a depender de usted para su mantenimiento.  Este versículo viene de parte de un salmo de bienaventuranza.  Esta es una bendición reservada para aquellas personas que temen a Jehová.

Entonces, si ve que sus padres terrenales, aunque imperfectos como todo ser humano, se esfuerzan para servir a Dios, también debe esforzarse para ser de bendición para ellos.  ¿Qué cosa mejor podía tener una persona alrededor de su mesa en tiempos bíblicos que árboles de olivo para producir sustento para la casa?  De igual manera, en el día de hoy ¿Qué cosa mejor hay para tener en casa que hijos que dan fruto de justicia?  Que buscan de Dios y buscan servirle a Dios, ¡eso sí que es bendición!  Tiene la oportunidad de servirle a Dios sirviendo a sus padres.  Honrar a sus padres es una forma muy importante de honrar a Dios, porque Dios así lo mandó.

Aunque sus padres hayan sido malos con usted, aunque no han hecho para usted, honra a Dios, honrándolos a ellos, pues ¿Cómo sabe si no conducirá a la salvación de ellos?  Sea cómo planta de olivo alrededor de la mesa de sus padres, rindiendo fruto y compartiendo ese fruto con ellos, porque sean lo que sean, le criaron, sustentaron su vida, y hasta cierto punto, usted es quien es gracias a ellos

[ii] Fue rey juntamente con su padre Nebonidus, siendo Belsasar segundo después de su padre desde 555 a.C. hasta 539 a.C. Nabonidus[Nebonidus fue hijo de Nabocodonosor, haciendo ay Belsasar fue su nieto, por eso todavía lo llama hijo de Nabocodonosor, en Daniel 5:22 así como el Cristo es llamado el hijo de David).

[iii] Strong’s Concordancia Exhaustiva de la Biblia #8363

Capítulo 3 El Ciprés: Pavimento, Pared, Puerta y Pandero

lone cypress Timothy Pearce Flickr

Un Ciprés, Foto por Timothy Pearce, Encontrada en Flickr

“Y David y toda la casa de Israel danzaban delante de Jehová con toda clase de instrumentos de madera de haya; con arpas, salterios, panderos, flautas y címbalos” 2 Samuel 6:5.

 Antes de hablar de las características del ciprés, (cuya madera también se llama haya en la Biblia[i]) vamos a ver para qué era usado.  En el templo de Dios que edificó Salomón, fue el pavimento o el piso.  “Y cubrió las paredes de la casa con tablas de cedro, revistiéndola de madera por dentro, desde el suelo de la casa hasta las vigas de la techumbre; cubrió también el pavimento con madera de ciprés.”  1 Reyes 6:15. Uno dirá que no quiere ser como el ciprés en la casa de Dios ¡porque era el piso!  Nadie quiere ser como el piso, que los demás caminen encima de uno.  Pero también fue puerta, “Igualmente hizo a la puerta del templo postes cuadrados de madera de olivo.  Pero las dos puertas eran de madera de ciprés; y las dos hojas de una puerta giraban, y las otras dos hojas de la otra puerta también giraban” 1 Reyes 6:33-34.  Y sin puerta, ¿cómo entrarían las almas para ser salvos?  Incluso, leyendo bien la cita de 1 Reyes 6:15, hasta las paredes fueron cubiertos de madera del ciprés, y la Biblia dice en Isaías 60:18 “a tus muros llamarás Salvación, y a tus puertas Alabanza.”  Seamos para salvación a los que se están perdiendo y alabanza para Aquel que murió por ellos y nosotros.

Aparte de esto, el ciprés fue usado para hacer panderos y otros instrumentos de música para el servicio de la alabanza a Dios.  Una lección muy importante en esto es que el cristiano necesita aprender a ser flexible en su servicio a Dios.  Esta madera fue utilizada de diversas maneras, pero todos sus usos fueron honrosos porque ¡prestaban servicio a Dios!  No importa que estás haciendo en la iglesia, ¡todo lo que se hace para la obra del Señor es importante para Dios!  La casa de Dios siempre necesita piso, puerta, muros e instrumentos de alabanza, qué hermoso que Dios pudo sacar todo esto del mismo árbol.  ¡Qué hermoso que Dios puede usar de muchas maneras a un ser humano!

Estudiando todo lo que pude encontrar acerca del Ciprés aprendí que es un árbol que crece en zonas cálidas y su crecimiento es rápido especialmente en los primeros años, y que ralentiza después.  Tambien aprendi que puede alcanzar los 300 años de vida.”[ii]  La madera del Ciprés verdadero es muy duradera.  Árboles nuevos de este tipo deben plantarse en su lugar permanente cuando están todavía chiquitos.  Requiere el cipres nuevo ser estacado muy bien por doce años porque tienden a ser muy grandes sus copas…pero ¡no sus raíces!  Solamente a fines de estos doce años comienzan a desarrollar buenos raíces.  Son árboles llenos de resina.[iii]

-Zonas Cálidas-

Pienso que todo ser humano crece mejor en ‘zonas cálidas,’ ¡especialmente cuando uno está hablando espiritualmente!  Hay dos tipos de calor a las cuales me refiero.  Primero es el calor de una iglesia llena del fuego del Espíritu Santo y el segundo es que la iglesia sea llena de amor.  ¿Alguna vez ha visitado a alguien en su casa y le han dado tanto amor y tanto cariño, y le han hecho sentir que para él o para ella es una persona importante?  ¡Qué bonito se siente cuando lo traten así!  Yo he conocido personas así y he conocido también personas que cuando he estado en su casa se portan con una frialdad y ¡solamente estaba ansiando que llegue la hora para irme a casa!  De igual manera hay iglesias que cuando entra por sus puertas siente el ambiente de amor y el calor de los hermanos que se congregan en ese lugar.  Y hay iglesias que al no más entra quiere salir corriendo porque le miran mal quizás porque se viste un poco diferente a ellos o por cualquier razón, y nunca más quiere volver a ese lugar.  Con decir esto lo primero que quiero hacerle entender es que debe estar firmemente plantado en una iglesia lleno de amor, donde los pastores dan el ejemplo de amor a la congregación.  Segundo, como cristiano es nuestra responsabilidad cultivar en nuestras vidas el fuego del Espíritu, dar amor a los demás y contribuir a un ambiente amoroso.

Es especialmente importante establecerse en una iglesia así llena del fuego y amor de Dios desde que uno acepte a Cristo Jesús y no andar de iglesia en iglesia porque el crecimiento del cristiano es así como el crecimiento de ciprés.  Cuando uno primera acepta a Cristo Jesús y anda en su primer amor (Apocalipsis 2:3-5), está lleno de un celo para las cosas de Dios, ora, ayuna y lee la Biblia deseando conocerle más y más a Él (esas son las primeras obras) y es cuando la mayoría del crecimiento espiritual toma lugar, ralentizándose después al igual que el crecimiento del ciprés.  Entonces, eso significa que la iglesia en donde uno se siembra ¡es muy importante!  El cristiano siempre tiene que estar aprendiendo y creciendo, así que aún si ya tiene diez, quince o veinte años en el evangelio, no importa, todavía puede tener mucho crecimiento espiritual, es tan simple como pedirle a Dios que le devuelva su primer amor.  Y si leyendo esta parte del libro, reflexiona y siente que la Iglesia en donde se encuentra no es ni llena del fuego ni del amor del Espíritu Santo, doble sus rodillas y ore fervientemente para que el Señor tome control de ese lugar y los bautice en fuego y en el Espíritu (Mateo 3:11).  Comience a dar y demostrar amor para los demás y va a ver que Dios va a honrar el esfuerzo y va a crear una ‘zona cálida’ allí mismo donde ahora se congrega y habrá hecho una gran obra para el Señor.  Fácil es decir ‘yo me voy’ fácil es buscar la comodidad personal, pero un verdadero siervo de Dios no busca su propia comodidad, sino que busca avanzar el Reino de Dios.

-Muchos años de vida-

…porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos” Isaías 65:22.

 “Porque: El que quiere amar la vida Y ver días buenos, Refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engaño” 1 Pedro 3:10. ¿De qué sirven muchos años de vida, si la vida es una miseria?  El ciprés llega a vivir hasta trescientos años, obviamente, nosotros no vamos a alcanzar mucho más de cien años de vida aquí en la tierra, en este cuerpo corrupto, pero los días de nuestra vida ¡pueden ser buenos días!  ¡Podemos amar la vida!  La Biblia nos da instrucción de cómo tener una vida llena de días buenos.  “Refrene su lengua del mal…sus labios no hablen engaño.”  Y también en Salmos dice: “¿Quién es el hombre que desea vida, Que desea muchos días para ver el bien?  Guarda tu lengua del mal, Y tus labios de hablar engaño.  Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela” Salmos 34:12-14.  La lengua según está escrita en Santiago es un mundo de mal: “Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas.  He aquí ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!  Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad.  La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” Santiago 3:5-6.  La promesa en Isaías 65:22 es larga vida, está en nosotros asegurarnos que esa vida larga es una vida buena, llena de buenos días, llena de amor y de amistades, llena de paz y sobre todas las cosas llena del Espíritu Santo de Dios.  Pero entre nosotros y esa meta está nuestra lengua.

Tenemos que aprender a controlar nuestra lengua si queremos vivir una vida llena de días buenos y llena de paz y de gozo.  La lengua si no la controlamos puede destruir toda nuestra vida, destruye el hogar, destruye nuestros hijos, destruye nuestra carrera y sobre todo destruye nuestro testimonio y nuestro propósito para el servicio de Dios.  Una palabra hablada sin pensar primero puede causar grandes daños en la vida del oyente y del que lo ha hablado.  Por eso manda el Señor en Efesios 4:29: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” Al igual, una palabra bien escogida puede edificar y puede levantar al que lo escucha: “El hombre se alegra con la respuesta de su boca; Y la palabra a su tiempo ¡cuán buena es!” Proverbios 15:23.

La decisión es nuestra, los días de nuestra vida están contados desde el día en que nacimos, solamente el Señor puede elegir añadirnos más (2 Reyes 20:1-6).  Entonces el número de nuestros días solamente está en las manos de Dios, pero la calidad de nuestros días está puesta totalmente en nuestras manos.  ¿Quiere ver días buenos?  “Refrene su lengua del mal…sus labios no hablen engaño” 1 Pedro 3:10. Y veamos otra vez la instrucción del apóstol Pablo En Efesios 4:29-40, “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.  Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”  Palabras corrompidas al salir de nuestra boca, contristan al Espíritu Santo de Dios.  Le causamos tristeza al que ama nuestra alma cuando sale de nuestra boca lo que es mentira, chisme, pleito, disensión o cualquier palabra que hiere a otro.  El apóstol Pablo aquí nos enseña que lo único que debe salir de nuestra boca es lo que es bueno, lo que es necesario y lo que edifica.  Estas entonces son las preguntas que uno debe hacerse cada vez que desea hacer un comentario o dar un consejo o una opinión en cualquier circunstancia: ¿Es bueno?  ¿Es necesario?  ¿Va a edificar al oyente?  Puede ser que lo que quiera decir no sea malo, puede que sea bueno, pero si no es necesario, no lo diga.  Hay muchas personas que siempre tienen que estar hablando, porque piensan que, si se quedan callados, serán tomados por tontos.  Pero ¿qué dice la Biblia?  “Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; El que cierra sus labios es entendido” Proverbios 17:28.  Muchas veces es más sabio el que se queda callado y deja que Dios aboga por él. Porque dice la Biblia: “En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente” Proverbios 10:19 y “Te has enlazado con las palabras de tu boca, Y has quedado preso en los dichos de tus labios” Proverbios 6:2 y “El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias” Proverbios 21:23.  Muchos años de vida de nada sirve si no es vida de abundancia (Juan 10:10) como la que vino a dar nuestro Rey y Señor Jesucristo.  Aprendamos entonces a guardar la lengua porque “La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos” Proverbios 18:21.

Un último pensamiento en cuanto a tener una vida larga y buena, dirigida hacia los muchachos jóvenes.  La Biblia amonesta a los jóvenes: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.  Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” Efesios 6:1-3.  No podemos reclamar las promesas de Dios sin vivir una vida conforme a los principios de Dios.  No piense que puede agradar a Dios sino obedece a sus padres mientras está bajo la tutela de ellos.  Y al salir de la casa siempre debe honrarlos.  ¿Qué significa eso?  Que cuando ellos quieren darle un consejo, les escucha.  Claro que, si ya tiene la mayor de edad y ya vive aparte de ellos, sus decisiones son suyas.  Usted, no ellos, pagará las consecuencias de sus decisiones, sean para bien o para mal.  Pero eso no significa que sus padres no tengan un buen consejo para darle, y así como dice la escritura debe hacer: “Examinadlo todo; retened lo bueno” 1 Tesalonicenses 5:21.  Si desea las promesas de Dios, ¡Ponga por obra La Palabra de Dios!

-Llena de resina-

“Se llenan de savia los árboles de Jehová, Los cedros del Líbano que él plantó.  Allí anidan las aves; En las hayas hace su casa la cigüeña” Salmos 104-:15-17.

La resina del árbol, aquí llamada ‘savia’ en Salmos 104, trabaja en el árbol como la llenura del Espíritu Santo en el cristiano. ‘Savia’ significa resina, pero también significa ‘esencia, fuerza, vigor, potencia y poder.’  La Palabra de Dios dice que los árboles de Jehová se llenan de esta sustancia.  Y nosotros, al igual, siendo árboles de justicia nos llenamos a través del Espíritu Santo de fuerzas, de vigor, de potencia y de poder.  “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” 2 Timoteo 1:7.  El ciprés es un árbol, al igual que el cedro, lleno de resina.  Nosotros, como cristianos debemos ser llenos del Espíritu Santo de Dios y esa llenura debe ser evidente como lo es la llenura de resina en un árbol. La resina en el árbol cumple dos propósitos.  De más importancia para el árbol es el primer propósito, el de cubrir las heridas del árbol.  De más importancia para los que rodean al árbol es el segundo, el de perfumar el árbol.

Primero hablaremos de las heridas.  De igual manera que la resina cubre las heridas del árbol, así el Espíritu Santo, el Consolador cubre nuestras heridas y las sana.  Sin Él no hay sanidad para nuestras almas ni para nuestros espíritus.  En el árbol, si no puede producir la resina y sufre una herida, no tiene con que cubrirla y protegerla y entra la pudrición en la herida y se infecta todo el árbol y el árbol es destruido, a veces por una pequeña herida.  En el cristiano, sin el Consolador, cuando somos lastimados por el prójimo no tenemos a quien acudir para protección en el momento del dolor y entra la pudrición en el alma de la persona (rencor y resentimiento) y esa alma se puede perder.  El cristiano tiene que aprender a ser lleno del Espíritu Santo, así como el ciprés es llena de savia o de resina.  Esa llenura es nuestra protección y lo que nos sostiene en las dificultades.

La otra función de la resina es de perfumar el árbol.  Hace deseable el árbol.  Óseas 14:5-6 dice así “Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano.  Se extenderán sus ramas, y será su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano.”  Cuando el Poderoso de Israel está en medio de nosotros y más importantemente, cuando está dentro de cada uno de nosotros, perfumamos el ambiente.  Son atraídos a nosotros los demás por algo que ellos no entienden, pero es el olor a Cristo que nos perfuma por estar llenos del Espíritu de Dios.  “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.  Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden” 2 Corintios 2:14-15.

La resina del árbol tiene un tercer uso, pero solamente después de ser extraído del árbol.  La resina del árbol también puede ser usado para fabricar de ella incienso y mirra que representan la adoración espiritual.  Estas dos sustancias fueron presentadas a Jesús por los magos, pues ellos sabían que a Dios se le honra con incienso y la mirra representaba su humanidad (Mateo 2:11).

De igual manera, hay algo muy precioso en nosotros cuando hemos recibido la llenura del Espíritu Santo de Dios y esa cosa especial es extraída de nosotros y ofrecida a Dios cuando venimos delante de su presencia en alabanza, en adoración y en oración. Eso es lo que nos quiere decir el profeta Ezequiel: “Como incienso agradable os aceptaré, cuando os haya sacado de entre los pueblos, y os haya congregado de entre las tierras en que estáis esparcidos; y seré santificado en vosotros a los ojos de las naciones” Ezequiel 20:41.  Nos acepta como incienso agradable cuando nos alejamos del mundo y nos congregamos todos juntos para santificar al Señor en alabanza y en adoración corporal.  Como el incienso solamente huele cuando es quemado, así nosotros somos más gratos a Dios cuando nos estamos presentando en sacrificio de alabanza y de adoración a Él.  Y eso es lo que nos fortaleza para poder trabajar en la obra del Señor, pues la Biblia dice “no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza” Nehemías 8:10.

-Estacas y el neófito-

Como se dijo anteriormente, árboles nuevos de este tipo deben plantarse en su lugar permanente cuando están todavía chiquitos.  Y requieren ser estacados muy bien por doce años porque tienden a crecer rápidamente sus copas…pero ¡no sus raíces!  He elaborado en varias partes de este libro la necesidad de congregarse en un lugar y de poner sus raíces allí.  Ahora quiero volver a repetirlo.  Es absolutamente esencial al buen crecimiento espiritual del nuevo creyente estar plantado en una iglesia, y si es posible permanecer allí, y al crecer en el evangelio, servir allí hasta que el Señor lo llame a servirle en otra parte.

Para el neófito, es crucial establecerse en una iglesia.  Y NO moverse de allí.  Usted se estará preguntando (tal vez) ¿Qué es un neófito?  Es el término que usamos para hacer referencia a un cristiano nuevo.  La concordancia Exhaustiva de Strong’s lo define así ‘plantado recientemente’.  Esta palabra se utiliza hablando de los nuevos creyentes.[iv]  ¡Qué increíble!  El Señor nos da la promesa de ser como árboles, nos llama árboles de justicia, plantío suyo y ¡luego permite que el apóstol Pablo use una palabra griega que significa ‘plantado recientemente’ para referirse a los nuevos convertidos!  (1 Timoteo 3:6) ¡Es increíble para mí, darme cuenta de que aún en la manera que Dios se expresa en la Biblia hay un mensaje!  Dios podía haber usado otra palabra para el nuevo creyente, pero escogió esta.

¿Por qué es necesario que el nuevo creyente se establezca en una Iglesia y no se mueva de allí?  Por las pequeñas diferencias que hay entre las doctrinas de las iglesias, y por la diferencia que hay entre las personalidades de los pastores de una iglesia y de la otra.  Hay personas que, al venir a Cristo, andan de iglesia en iglesia, visitándolas todas las que hay en la ciudad, creyendo que si no hay culto un día en una en otra debe haber y que así tendrán más crecimiento espiritual.  Simplemente no es así.  Solamente resultan confundidos y heridos espiritualmente.  Por favor, si todavía es nuevo en el Señor, no ande de lugar en lugar, si en dado día de la semana no hay culto y usted siente la necesidad de estar cerca de Dios en ese día, simplemente doble su rodilla o abra su Biblia y Dios vendrá corriendo hacia usted por el esfuerzo de buscarlo sana y ordenadamente.

También es necesario para el nuevo estar en una sola casa de oración, porque necesita estacas en los primeros años de vida.  Recuerde que “Mil años delante de sus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche” Salmos 90:4.  Para cada creyente el tiempo en que necesita estar discipulado (estacado) es diferente porque Dios trabaja de diferentes maneras con cada hijo suyo, conforme al propósito que tiene para ese hijo, esa hija en particular.  Dios nos llama a todos con un propósito de servirle de una manera muy específica y este tiempo, el tiempo de estar estacado es el tiempo para buscar la llamada de Dios para su vida.  ¡Este no es el tiempo para ir y cumplirla!  El problema es que muchos vienen a Cristo y no toman un tiempo para prepararse en el Señor y quieren ir directos a la obra, sin saber realmente cuál es la obra que Dios tiene para ellos en particular.

“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.  De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría” Romanos 12:4-8.  Dios tiene un propósito muy especial y muy importante en la vida de cada creyente.  Desde antes de la fundación del mundo, el preparaba para nosotros un servicio que pudiéramos ofrecerle a Él (Efesios 2:10).  Este tiempo en la vida del nuevo creyente no es un obstáculo, es una oportunidad para preparación para poderle servir de todo corazón a Dios.

¿Por qué es necesaria la estaca para el árbol?  Por la copa, ¿Por qué es necesario el discipulado para el neófito?  ¡Por la cabeza!  Así como el jovencito de 16 o 17 años se considera inmortal e invencible, así el nuevo creyente muchas veces considera que no hay nada que no pueda hacer.  Si le dejara el pastor, ¡se subiría al pulpito a predicar!  ¿Pero qué dice la Biblia?  “Pero es necesario que el Obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar…no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo” 1 Timoteo 3:2 y 3:6. Los nuevos si demasiado pronto reciben un privilegio en la iglesia, corren el riesgo de envanecerse que significa ‘inflarse con arrogancia’[v].  Son tres palabras griegas que se traducen ‘envanecerse’ en la Biblia, estas palabras griegas solamente se encuentran en un versículo más de la Biblia; 1 Timoteo 6:4-5 que dice “está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales.”  Estas son palabras muy duras, el que está envanecido dice el apóstol Pablo que no sabe nada, que habla necedades y causa todo tipo de problemas, le manda al joven pastor Timoteo a apartarse de tales personas.  Y todo cristiano haría bien en apartarse de tales personas.  Por eso es necesario el discipulado, el ser estacado un rato hasta que las raíces alcancen el tamaño de los sueños del nuevo creyente.  No es malo soñar con hacer grandezas para Dios, pero es necesario prepararse primero, que todo se haga en el tiempo del Señor.

[i] Stong’s Concordancia Exhaustiva #1265

[ii] http://es.wikipedia.org/wiki/Cupressus, Wikipedia La enciclopedia libre.

[iii] Plants, Flowers and Herbs of the Bible.  The Living Legacy of the Third Day of Creation.  W.E. Shewell Cooper, Keats Publishing 1977 pps 138-152

[iv] Strong’s Concordancia Exhaustiva #3504

[v] Strong’s Concordancia Exhaustiva #5187

Sección Uno: Árboles de Justicia “Será como el árbol plantado junto a corrientes de aguas…” Salmos 1:3 Capitulo Uno: El Tabernáculo en el Desierto

Acacia tree David Stanley Flickr

La Acacia, Foto por David Stanley, Foto encontrada en Flickr.

“Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente, para que vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano de Jehová hace esto, y que el Santo de Israel lo creó.”  Isaías 41:19-20

Comenzaremos, pues, con el Tabernáculo que erigieron los hijos de Israel en el desierto porque es importante realizar que todo cristiano pasará por el desierto.  Cuando Dios sacó su pueblo de Egipto, los hizo pasar por el desierto hasta sacar a Egipto de sus corazones y de sus bocas. También Cristo, después de ser bautizado en el río Jordán, fue llevado por el Espíritu Santo al desierto para ser probado por Satanás.  El desierto es en la vida del cristiano un lugar espiritual, en donde todo cristiano se va a encontrar tarde o temprano.

Sabiendo que el Tabernáculo iba a tener que aguantar en una tierra árida, Dios mandó que el Tabernáculo consistiera de ciertas materiales…“Jehová habló a Moisés, diciendo: …  Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, cobre, azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia” Éxodo 25:1-5 (con énfasis).

La madera de acacia formó parte de todo el Tabernáculo, desde el Arca del Pacto en el Lugar Santísimo hasta las columnas alrededor del Atrio exterior.  El Señor escogió la madera de la acacia por sus características deseables para el uso en el desierto.  Las mismas características forman parte de buenos cristianos.

La acacia resiste en la sequía.[i]  Puede ser plantado en poca tierra y en tierra árida, tierra mala, llena de piedras y aun así crecer porque sus raíces crecen hacia los lados justo a debajo de la superficie de la tierra.[ii][iii][iv]  Este árbol resiste al fuego, y levanta renuevos de sus raíces después de ser dañado por el fuego.[v]  La madera de este árbol es dócil y fácil de moldear.[vi] Por estas razones la acacia sobrevive en el desierto

-Resistiendo en la Sequía-

Así como la acacia debe ser el cristiano.  Debemos no solo resistir, sino también florecer en la sequía, o sea en los tiempos difíciles.  Tenemos que aprender a esperar en Dios aun cuando parece estar lejos, aprender a aguardar a Dios en las tribulaciones, creer que aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9) es fiel y poderoso para mantenernos en su gracia.  “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” 1 Tesalonicenses 5:24.

Es necesario confiar que aun en los momentos difíciles cuando Él parece estar lejos, está a nuestro lado como nos enseña este versículo en Oseas: “Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba” Óseas 11:3.  Este versículo trae a mi mente recuerdos de cuando mi hijo estaba aprendiendo a caminar y  yo agarraba a sus manitos y los levantaba arriba en el aire para que él pudiera practicar sin lastimarse.  Porque aquí dice que nos agarra de los dos brazos y es así como uno enseña a un bebe, como uno cuida al hijo que ama cuando todavía está aprendiendo a caminar.  Lo triste de este versículo es que el Señor está cuidándonos y nosotros desconocemos su presencia.  Nos tiene bien agarrados de los dos brazos, llevándonos, enseñándonos, cuidando nuestro camino para que no nos lastimemos mientras aprendamos a caminar en madurez espiritual con Él.  Y nosotros, por estar pasando por cualquier circunstancia difícil, por un desierto espiritual, creemos que el Señor nos ha abandonado, pero Él ha prometido nunca dejar ni desamparar a sus hijos (Hebreos 13:5) y que estará con nosotros “todos los días, hasta el fin del mundo” Mateo 28:20, y recordemos que lo único que no puede hacer Dios es mentir (Hebreos 6:18).

Es necesario saber que si usted está en el desierto es por la voluntad de Dios.  Es necesario entonces vivir por fe y no por vista ni mucho menos por la emoción (vea Habacuc 2:4).  Si está en el desierto es porque Dios le ha traído a este lugar para estar más junto a Él. Escuche las palabras amorosas de su Dios quien desea su corazón: “Pero, he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón…”  Óseas 2:14.  Si está en el desierto no es momento para que usted desesperadamente busque la salida de su situación, sino que es momento de descansar en los brazos amorosos de su Dios y escuchar las palabras amorosas que Él le quiere hablar a su corazón, palabras que usted seguro no escucharía sino por el silencio del desierto.

-Floreciendo en Pedregales-

La habilidad de este árbol de crecer y aun florecer en pedregales y en tierra ni buena ni profunda me hacer recordar la parábola del sembrador (vea Mateo 13:3-9).  En esta parábola Cristo compara los creyentes con la semilla sembrada en diferentes tipos de tierra: tierra junto al camino (dura en la que la semilla no puede penetrar), pedregales, (donde no hay profundidad), espinos (donde es ahogada) y finalmente tierra buena. Es fácil florecer en tierra buena donde hay profundidad para echar raíces, humedad y alimentación para las necesidades del árbol, donde no hay ni hierbas malas ni espinos ni cizaña que ahogue al árbol mientras este todavía esté tierno.  De la misma manera es fácil florecer como creyente cuando uno está plantado en lugares espaciosos y no está enfrentando persecución ni está pasando por un desierto de problemas personales, pero no es tan fácil florecer en los pedregales…

¿Qué pasa con la preciosa semilla que es sembrada en pedregales? Se seca y se marchita por falta de profundidad de las raíces porque es a través de las raíces que el árbol recibe el agua que necesita para sostenerse. ¿Qué pasa muchas veces con el cristiano cuando está pasando por pruebas? En Mateo 13 nos dice: “Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:…el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la Biblia, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la Biblia, luego tropieza” (v. 18, 20-21). Esta es la interpretación de nuestro Señor Jesús de la parábola del sembrador. Jesús habla aquí de nuevos creyentes. En este estudio quiero dirigirme a todo creyente. Y en realidad todo creyente, desde el que acaba de aceptar, hasta el que ya es maestro puede aprender algo muy importante de esta parábola.  Mientras que el que es nuevo en el Señor recibe con gozo y peligra perder ese gozo en la aflicción, el creyente establecido en Cristo a veces todavía necesita aprender que su gozo no viene de la circunstancia sino de adentro, de Cristo y del Espíritu Santo de Dios. Por esto es que el gozo es llamado “fruto del Espíritu” en Gálatas 5:21-22. El verdadero gozo no es felicidad, no es un sentimiento. Los sentimientos dependen de las circunstancias, el gozo depende unicamente de Dios.

 

-Buscando la Fuente-

“Diles, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros…” Zacarías 1:3

Las raíces de este árbol nos enseñan una gran lección también.  El árbol necesita por lo menos un poco de agua para crecer. En el desierto no va a encontrar mucha agua en la tierra, su única esperanza de agua es que caiga lluvia o que haya un oasis.  Por esta razón, este árbol echa sus raíces para los lados abajito de la superficie de la tierra, y así busca su fuente de agua.

A veces los cristianos en vez de buscar nuestra fuente, actuamos de una manera que hace creer que es la responsabilidad de Dios buscarnos a nosotros.  Como si quisiéramos que Dios nos ruegue para que pasemos tiempo con Él.  Muchas veces si Dios no manda tribulación a nuestra vida, ni oramos, ni leemos la Biblia. También muchas veces nos sentimos por lo que fulanito nos dijo o porque algún hermano no nos saluda en la iglesia o porque los pastores no nos llaman y dejamos de ir a la iglesia. ¡Tenemos que madurar en Cristo, hasta el punto que queramos orar y ayunar, nos urge leer la Biblia y no podemos esperar llegar a la Iglesia!  ¡Es hora de volvernos a Dios, para que Él se vuelva a nosotros!

Es nuestra responsabilidad buscar el alimento espiritual, no somos ya bebés para que alguien nos busque con biberón en la mano para darnos de comer.  Si no aprendemos esta lección nunca vamos a ser cristianos vencedores, esta es la diferencia entre crecer y florecer.  Todo cristiano, una vez establecido crece, aunque sea un poquito, pero no todo cristiano florece, a veces ni un poquito.  De igual manera todo cristiano lucha, a veces mucho, pero algunos cristianos nunca logran ver la victoria en sus vidas.  En Apocalipsis, la Biblia ofrece grandes promesas para los que vencemos en Cristo; “Al que venciere, le daré que se sienta conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” Apocalipsis 3:21.

¿Cómo vamos a vencer?  De la misma manera que florece este árbol, buscando el alimento, en nuestro caso, el alimento del Espíritu Santo.  Tenemos que estar dispuestos a luchar para el alimento espiritual que necesitamos, y tenemos que ir creciendo en el tipo de alimento que usamos y la cantidad también.  El autor de Hebreos nos amonesta a dejar la leche y buscar alimento sólido en Dios: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.  Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la Palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” Hebreos 5:12-14.  La leche tiene su tiempo.  Pero llega un momento cuando la leche ya no sacia.

-Ser Resistentes al Fuego-

“Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más precioso que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.”  1 Pedro 1:7

Aun con sus espinos para protegerse de las fieras, la acacia siempre está expuesta al peligro del fuego.  Lo bueno es que este árbol resiste al fuego y en caso de que fuera destruido, ¡levanta renuevos de sus raíces y vuelve a crecer!  El poder resistir al fuego es una característica muy deseable en el cristiano, porque en Efesios 6:16 nos enseña la Biblia que los dardos que el enemigo lanza en contra de nosotros ¡son dardos de fuego!  Con el único propósito de destruirnos y hacernos caer en el pecado o en el desánimo, pero hay que cobrar ánimo porque como la acacia levanta renuevos, así “siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse” Proverbios 24:16.

Aparte de los dardos de nuestro enemigo, otra razón por lo cual es bueno que el cristiano resista al fuego es porque Dios nos prueba con el fuego: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese” 1 Pedro 4:12.  El cristiano que no puede resistir al calor del fuego no será vencedor.  La vida cristiana no es fácil, nadie dijo que lo iba a ser.  Al contrario, el Señor siempre enseñaba que íbamos a tener que padecer, esto es evidente en los siguientes versículos.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” Mateo 16:24.

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz.  En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” Juan 16:33.

Vez tras vez, Jesús nos dice que vamos a padecer sufrimiento en este mundo.  Para resistir, para estar firme, para ser vencedor tenemos que aprender a ser resistentes al fuego. Tenemos que aprender a confiar en el Señor, aun cuando parece que seremos consumidos por el fuego.  Tenemos que recordar que Dios está en completo control de nuestras vidas, Él es soberano.  Él es omnipotente.  No tenemos necesidad de temer al fuego porque al igual que este árbol, nosotros somos bien resistentes al fuego puesto que el Señor nos escogió, y dice la Biblia que en “horno de aflicción” nos ha escogido Isaías 48:10.  Dios está con nosotros, no hay nada que temer, solamente hay que confiar.  Dios está sometiendo a prueba nuestra fe para que salga más puro que el oro, porque ciertamente es mucho más valioso que el oro.

-Levantando un Renuevo-

No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo soy tu socorro, dice Jehová; …pero tú te regocijarás en Jehová, te gloriarás en el Santo de Israel…” Isaías 41:14,16. El pueblo de Israel entiende a este árbol.  El pueblo de Israel ha sido varias veces destruido casi del todo.  En el libro de Isaías eso es lo que el Señor les está advirtiendo, Isaías profetizaba que si el pueblo de Dios no se arrepentía de su pecado, Dios iba a traer juicio sobre ellos, iban a ser destruidos pero no del todo. Dios iba a dejar un renuevo, uno tan chiquito en número y en fuerza que aquí lo llama, ‘gusano de Jacob.’  Sin embargo, les dice que no teman, porque la mano de Dios estará con ellos, aun siendo como gusano si confian en el brazo potente de Jehová, en vez de ser destruidos serían una fuerza destructora para ‘reducir a tamo’ a los enemigos de Jehová y de su pueblo.  Y aun siendo gusano, ¡se iban a regocijar en Jehová!  Todo porque Dios les iba a levantar como el renuevo de un árbol.

Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; Retoñará aún, y sus renuevos no faltarán.” Job 14:7. Cuando un árbol es cortado, aunque queda solamente un tronquito en la tierra o si el árbol es desenraizado y dejado postrado en tierra, el árbol tiene un poder especial de levantar un renuevo.  De repente un vástago retoña del tronco o las ramas del árbol postrado comienzan a engrosarse hasta hacerse troncos y ¡de un árbol se hace entonces una línea de árboles nuevos![vii]   Ese mismo poder tenemos los cristianos, nunca nos debemos dar por vencidos, ¡siempre podemos seguir adelante y pelear la buena batalla de la fe!  ¡Aun cuando parece que hemos sido derrotados, Dios lo sabe y es hora de darnos cuenta también que nos volveremos a levantar de nuevo delante de nuestro Dios!  “Porque el Señor no desecha para siempre” Lamentaciones 3:31, si nosotros no lo soltamos a Él (1 Crónicas 28:9).

El mismo socorro que el Señor prometió al pueblo de Israel llamándolos ‘gusano de Jacob’, está con nosotros también para levantar de nosotros un renuevo.  Y por lo tanto no importa lo que pueda haber pasado en nuestras vidas, ni qué pecado pueda haber en nuestro pasado ni qué situación podamos estar atravesando. De la misma forma como ayudó a su pueblo después del cautiverio babilónico a regresar a Jerusalén y levantarle a Él un templo nuevo, de esa forma Dios nos va a ayudar a re-levantarnos. Y de ese templo dijo el Señor; “La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos” Hageo 2:9.  Dios no desprecia al caído, Dios lo levanta, y tiene misericordia de él, la suficiente misericordia para decir que la gloria postrera será mayor que la primera.  Levantémonos entonces con confianza delante de nuestro Dios, porque, aunque hayamos caído, aunque hayamos sido destruidos casi del todo, ¡aun un renuevo hay de nosotros para levantarse!

-Dócil y Fácil de Moldear-

Finalmente, la madera que se consigue de este árbol nos enseña cómo debemos ser nosotros…dóciles y fáciles de moldear.  Cuando venimos a Cristo, venimos con mucho pecado y con defectos muy grandes. El Señor desea cambiarnos, desea moldearnos.  Dios nos salva a través de su hijo Jesucristo, pero no nos deja como nos encuentra.  Dice la Biblia que nos lleva de gloria en gloria (2 Corintios 3:18).  Dice que aquel que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día del Señor (Filipenses 1:6).

Cuando venimos a Cristo, salimos del mundo como Lázaro salió de la tumba (Juan 11:38-44) cuando fue llamado a la resurrección por Cristo Jesús. Pasamos de muerte a vida.  En el momento de la salvación venimos a formar parte del Reino de los Cielos, sin embargo, todavía traemos ataduras en forma de malos hábitos y de pecado en nuestras vidas y el Padre mediante el Espíritu Santo nos tiene que sujetar a un proceso de purificación y de restauración para que podamos seguir en los caminos de Jesús sin tropezar en ellos.

Esto es parte del proceso de corrección o de disciplina a la cual nos somete el Señor cuando llegamos a ser sus hijos. Es sumamente importante que seamos dóciles y fáciles de moldear en este proceso  porque Jesús enseñó que quienes cayeran sobre de la roca serán quebrantados y “sobre quien ella cayere, le desmenuzará” Mateo 21:44, Lucas 20:18.  Esto significa que si nos sometemos a la disciplina seremos quebrantados para ser hechos de nuevos y restaurados a la imagen y semejanza de nuestro Dios, pero si somos obstinados en pecar y resistimos a la disciplina, tarde que temprano nos destruiremos a nosotros mismos.

Someternos a la disciplina de Dios muchas veces nos costará lágrimas y nos llevará a veces por caminos inesperados.  Dios tendrá que quebrantarnos muchas veces para enseñarnos cuán lejos estamos realmente de su plan para nuestras vidas porque podemos creer estar en el camino angosto, cuando realmente nos hemos engañado a nosotros mismos.

Hebreos 12:8 enseña que, no somos hijos sino bastardos si nos deja el Señor sin corrección.  Nunca debemos menospreciar la corrección del Señor (Hebreos 12:5) porque “el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo aquel que recibe por hijo” Hebreos 12:6.  Por esto es que debemos recibir con mansedumbre la corrección del Señor, porque demuestra que somos sus hijos amados y que se complace en darnos la corrección que desesperadamente necesitamos para tener una vida abundante y llena de gozo.

-Usos Honrosos-

Escogí incluir este árbol en este estudio por lo que formó parte del lugar del culto del Señor.  Formó parte del Tabernáculo.  De la misma manera que aprendimos mucho acerca del plan de Dios para nuestras vidas a través del árbol mismo, también hay una gran lección detrás de la forma en que Dios utiliza la madera de este árbol en su morada.  Desde las columnas del atrio exterior del Tabernáculo, hasta el arca del pacto que estuvo puesto en el lugar santísimo la madera de acacia llena todo el Tabernáculo.

Ojalá aprendemos a ser como la Acacia.  Si aprendemos las lecciones que están escondidas en la creación de Dios aprenderemos a ser verdaderos árboles de justicia, capaces de vencer, capaces de perseverar.

 

Lista de referencias utilizadas aparte de referencias bíblicas:

[i]http://en.wikipedia.org/wiki/Acacia_melanoxylon, Wikipedia, the free encyclopedia, Ecology and habitat section.

[ii] Acacia tortilis (Forsk.) Hayne Syn.: Acacia raddiana Savi,
Acacia spirocarpa Hochst. Ex A. Rich Acacia heteracantha Burch.  Mimosaceae Umbrella Thorn, Israeli Babool Source: James A. Duke. 1983. Handbook of Energy Crops. Unpublished.

[iii] Acacia seyal Del. Mimosaceae Shittim Wood, White Whistling wood Source: James A. Duke. 1983. Handbook of Energy Crops. Unpublished.

[iv] Acacia tortilis (Forsk.) Hayne Syn.: Acacia raddiana Savi,
Acacia spirocarpa Hochst. ex A. Rich  Acacia heteracantha Burch.  Mimosaceae Umbrella Thorn, Israeli Babool Source: James A. Duke. 1983. Handbook of Energy Crops. Unpublished.

[v] ©1997-2004 Wheeling Jesuit University/NASA-Supported Classroom of the Future.  “Exploring the Environment”  http:www.cotf.edu/ete/modules/msese/earthsysflr/savannahP.html

[vi] Acacia Seyal Del.  Mimosaccae Sitim Word, Whistling Word Source:  James A. Duke, 1983, Handbook of Energy Crops, unpublished.

[vii] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

Cómo el Árbol…Introducción

acacia

El Acacia commons.wikimedia.org

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su  hoja no cae; y todo lo que hace prosperará.  No así los malos que son como el tamo que arrebata el viento

Salmos 1:1-4.

 Cuando leí estos versículos por primera vez yo le pregunté al Señor “¿por qué un árbol?” “¿Por qué sería una bendición ser como un árbol?”  De todas las cosas que el Señor podría haber hecho semejante el hombre bendecido por Él “¿por qué escogió el árbol?”  ¡Yo miraba muy aburridos los arboles!  La respuesta del Señor a mi pregunta me dejó atónita y en este libro deseo compartir con usted esa respuesta que Dios me reveló a través de su Palabra.

En toda la Biblia, Dios habla de una manera sencilla y a la vez profunda, escondidas en las palabras de la Biblia hay riquezas espirituales inimaginables esperando el momento en que nos detenemos para preguntarnos ¿qué realmente me dicen estas palabras?

Mi jornada con este estudio empezó el día en que yo me pregunté ¿por qué es una bendición de Dios que yo sea como un árbol?  En ese día comencé a querer saber más y más acerca de los árboles porque algo muy dentro de mí espíritu me decía que me esperaba una revelación y una bendición tremenda.  Este estudio es el producto de esa jornada y espero que al leerlo usted también reciba una revelación de parte de Dios y una bendición para su vida.

En Jeremías capítulo 17 encontramos que Dios repite las mismas promesas de Salmos 1:1-4.  En Jeremías dice así, “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.  Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto” Jeremías 17:7-8.  Ambos de estos textos traen una promesa, y acordémonos que Dios se compromete con su palabra.  Es más, Jeremías 1: 12 dice que Dios apresura su palabra para ponerla por obra. Y en Génesis 41:32 vemos que al hablar dos veces el Señor significa que “la cosa es firme de parte de Dios y que Dios se apresura a hacerlo”.  Y si no fuera lo suficiente con declarar dos veces esta promesa, también se repite en Ezequiel, “Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales, sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto.  A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer y su hoja para medicina” Ezequiel 47:12.

Entonces si Jehová es nuestra delicia, si buscamos ferviente y constantemente su rostro entonces tendremos las promesas de estos tres textos (Salmos 1:1-4, Jeremías 17:7-9 y Ezequiel 47:12).  Las cuales prometen unas bendiciones muy grandes.  ¿Cuáles son estas promesas? Primeramente, es la promesa de fruto, la segunda es hoja.  La tercera promesa es prosperidad en Salmos y Ezequiel, fuerzas en Jeremías y ministerio en Ezequiel.  Debo mencionar aquí que al decir primera, segunda y tercera, me refiero no a la importancia de la bendición sino a la orden en que se mencionan en Salmos capitulo uno.

También hay una promesa indirecta que podemos inferir de Salmos 1:1-4 y es la promesa de que seremos firmes.  ¿Alguna vez has observado a un árbol durante una tormenta?  El árbol tierno se dobla bajo la fuerza del viento, aunque no es destruido como lo podría ser el tamo, sí es sujetado por la tormenta hasta que esta pase y luego se vuelve a levantarse en su lugar. Así son los cristianos nuevos y muchas veces los antiguos que no han llegado a una madurez espiritual.  Pero el árbol de tronco grueso resiste aun a los vientos más fuertes, no se dobla ni se quiebra, se mantiene firme en su lugar, como si ni sintiera la tormenta (aunque si lo siente créenme que sí).  Así puede ser el cristiano.  Pero requiere un precio que pagar.

¿Cómo alcanzar la promesa?  “El que menosprecia el precepto perecerá por ello; mas el que teme el mandamiento será recompensado” Proverbios 13:13.  Tanto en Salmos 1 como en el texto del libro de Jeremías, Dios nos da preceptos, instrucciones para seguir para lograr ser como ése árbol.  Estos mismos preceptos nos enseñan los árboles y esto lo veremos más adelante.

Analizaremos en este estudio; lo que significa ser un arbol en manos de Dios. Empezando con el Acacia en el Tabernáculo de Dios, el Cedro y el Ciprés en el Templo de Dios (el ciprés en verdad tiene doble función, también forma parte del culto no soloamente del Templo).  Y finalmente veremos al olivo y a la vid porque formaban y aun forman parte del culto que se rinde a Dios.

Ahora Dios habita en nosotros en vez de habitar en tienda o en templo hecho de cedro, pero el Tabernáculo y el Templo fueron tipos y sombras de lo que ahora es. “Los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte” Hebreos 8:5. Y por haber sido sombra de lo venidero, el material que Dios escogió en la Biblia para sus moradas nos enseña grandes lecciones a nosotros de cómo debemos ser.  Nosotros realmente somos “aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre” Hebreos 8:2.  El Tabernáculo que erigió Moisés fue tipo y sombra de una Iglesia viva y activa que no se limitaría ni por velos, (porque el velo fue rasgado según Mateo 27:51) ni por paredes. Nosotros ahora somos los árboles que formamos su vivienda actual… “Y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová para gloria suya.”  Isaías 61:3

En este estudio vamos a explorar juntos las promesas de estos versículos de Salmos, Jeremías y Ezequiel y como Dios los revela en la Biblia y a través de las palabras que Él elige para expresarse y aún a través de la misma naturaleza.  Que sea el Señor guiando las palabras de este estudio.  Y que Dios también de entendimiento al que lee.  Que toda la honra y la gloria sean para Él.

Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo” 2 Timoteo 2:7.