Sección Tres: Hojas Su Prosperidad, Fuerzas y Medicina: Capítulo Dos: Protegiendo nuestras hojas, Encontrando el balance

wild fig tree with fruits emerging

Una higuera con frutas brotando, foto por Steve Slater, encontrado en Flickr.

En el último capítulo vimos el paralelo entre las hojas de los árboles y el alma del cristiano. Si no ha leído: Sección Tres: Hojas Su Prosperidad, Fuerzas y Medicina: Capítulo 1 ¿Qué Importancia Tienen Las Hojas? debe de leerlo primero para poder entender este capítulo mejor.

“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca” Mateo 24:32.

-Falsos Acacias-

Hay un árbol llamado Acacia Falso.  Se llama de esta manera porque al mirarlo, parece ser un Acacia, pero si lo examina bien, hace cosas que los demás Acacias no hacen.  Por ejemplo: ¡Este árbol para proteger sus hojas se convierte en un cobarde!  Cuando vienen momentos difíciles para las hojas de este árbol, los encoge y deja todo labor de fotosíntesis, deja de dar sombra para los demás y deja el proceso de rendir fruto también.  Se rinde totalmente ante las circunstancias.

Así también a veces somos nosotros los cristianos que “en el tiempo de la prueba [nos] aparta[mos]” Lucas 8:13.  Cuando lo que debemos de hacer, aun en tiempos de prueba, es seguir al Señor (aunque nos toca arrastrarnos por falta de fuerzas) y estar dispuestos a seguir trabajando para el Señor.  Esto no significa que no habrá días bien difíciles cuando sí tendremos las ganas de darnos por vencidos.  Lo que significa es que al mantenernos cerca de la fuente de toda bendición y al ser sinceros con Dios (eso es lo que significa esperar en Jehová) el Señor va a ministrar a nuestros espíritus y podremos seguir adelante, aún con más fuerzas en el Señor (esto es lo que significa levantarse sobre alas como las águilas).  No podemos rendirnos, ¡no podemos encoger nuestras hojas y rendirnos ante las circunstancias de la vida!

El Acacia falso al doblar sus hojas, ya no sirven sus hojas para nada.  No están produciendo comida para el árbol, no están emitiendo oxígeno al ambiente que lo rodea, ¡ni siquiera da sombra a otros!  Mientras que es importante guardar nuestras hojas, no podemos ser tan egoístas y pensar solamente nosotros.  Tenemos que seguir siendo de bendición en el cuerpo de Cristo.  Este árbol definitivamente nos da una lección de qué manera no debemos cuidar a nuestras hojas.  Tenemos que encontrar un balance en el Señor, y ¿quién mejor que el Señor para instruirnos en ese balance?  Entonces cuando vienen las circunstancias difíciles, aunque parece imposible encontrar una salida, busquemos de Dios para que Él nos enseñe la salida que Él mismo nos tiene guardado.

-Su Hoja No Cae-

Muchas veces en la vida del cristiano, pasa que nos enfocamos en buenas obras, pero no en aquella buena obra que Dios preparó “de antemano para que anduviésemos en ella” Efesios 2:10.  ¿Se acuerda que hablamos de Martha y María? en el momento que Cristo estuvo en su casa enseñado, tenían que estar escuchando las palabras de vida eterna que hablaba (Juan 6:68).  En algún momento, Jesús iba a terminar de enseñar y entonces sería la hora para hacer todo lo que Marta y María tenían que hacer.  Lo que Martha hacía no era mala, simplemente era en mal momento.  Es como la persona que cuando en medio de la predicación, mentalmente está pensando en lo que va a hacer al salir de la iglesia.  Eclesiastés 3:1 dice “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” Hay un momento para todo, y es importante recordarnos de darle a Dios su tiempo sin dividir nuestra atención en otras cosas, ni en aquellas cosas que parecen ser de o para Él, acordémonos que tenemos un corazón engañoso (Jeremías 17:9)

Se acuerda que vimos que un olivo maduro producirá miles de flores, pero solamente uno en cada cien de ellos se convertirá en fruto.  Y como ya hemos dicho, lo más valioso del olivo es su fruto.  Flores son muy bonitos, pero no va a dar una flor a una persona hambrienta, le va a dar pan, y en Israel, la única manera que hacían pan (en el tiempo de Jesús y antes) era con harina en la tinaja y ¡aceite en la vasija!  Sin el olivo, no hay aceite, pero ¡solamente por tener una flor bonita en sus ramas no significa que tendrá fruto!

Cuando está considerando todas las flores (posibles obras) que están brotando en su árbol, y está tratando de decidir cuál hacer botar para que rinde su fruto, y cual dejar caer porque no va a rendir fruto es necesario pedirle dirección al Señor, la Biblia dice que “Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo” Proverbios 11:14 y “con dirección sabia se hace la guerra” Proverbios 20:18.  Dios en su misericordia le dará la sabiduría y el discernimiento para proseguir solamente en aquello que va a rendir fruto valioso para el Reino de Dios.  Todo tiene su tiempo, por eso que en Salmos 1 dice de aquella persona aquel que se deleita en Dios: “da su fruto a su tiempo.”  Todo es en el tiempo de Dios, y todo ya está dentro de los planes de Dios.  No tengamos temor al arduo trabajo, simplemente no pensemos que las obras nos salvarán, mantengámonos firme en el primer amor, ¡siempre volviendo a los pies de Jesús para escuchar su voz!

La segunda razón que tiene el olivo, y tenemos nosotros para producir una buena cantidad de flores es porque los frutos jóvenes compitan con el crecimiento de nuevas hojas para recibir recursos de las raíces.  La raíz siempre va a preferir a la hoja en tiempos difíciles entonces muchas flores y sus posibles frutos son perdidos.  Mientras más flores se producen, más frutos tendrá eventualmente.  La raíz prefiere la hoja y nosotros debemos preferir nuestras almas a nuestras obras porque a veces vamos a pasar por un desierto espiritual, cuando vamos a encontrarnos en tiempos difíciles, espiritualmente hablando. Entonces vamos a tener que cambiar nuestro enfoque de uno de producir fruto/hacer obras a uno de buscar más comunión con el Señor.  Y el cristiano que se encuentra en esta circunstancia hace bien en dejar de cultivar fruto para cultivar más y más la oración, el ayuno, la alabanza, la adoración y la lectura de la Biblia.  Y por consecuencia de haber cultivado estas cosas encontrará su vida llena del fruto del Espíritu que se encuentra en Gálatas 5:22-23.

Una tercera razón para producir más flores que frutos eventuales es porque entonces el árbol tiene la posibilidad de elegir y nutrir el fruto mejor y más lleno de semillas.  Pensándolo bien, esto es muy inteligente, porque el propósito verdadero del fruto es perpetuar al árbol mediante la semilla que lleva adentro.  De igual manera, el propósito del fruto en el cristiano, es perpetuar el Reino de los Cielos mediante la promesa que rinde.  Si el fruto no tiene este propósito, no es realmente fruto, es simplemente una manera de mantenerse ocupado con obras muertas. Todas estas razones hacen resaltar la necesidad en el cristiano de discernir entre obras muertas y aquella obra que Dios ha reservado especialmente para uno mismo.  Aquella obra que despierta pasión en la vida del creyente y rinde mucho fruto en el reino de Dios.

Finalmente, la última razón que tiene el árbol en producir una gran cantidad de flores tiene que ver con la manera que la flor produce el fruto.  Lo cree o no, las flores de los árboles tienen género, son masculinos o femeninos.  En algunos árboles, cada flor tiene masculino y femenino y entonces tiene la posibilidad de producir un fruto sin ninguna participación exterior.  Otras flores requieren esa participación exterior, requieren que alguna abeja traiga en sus patitas lo que le falta para reproducirse y convertirse en un fruto.  En casos de árboles que tienen los dos tipos de flores, flores que se han reproducido solos sin participación exterior y flores que a base de la participación exterior han sido germinados, el árbol prefiere el fruto del último.  Los frutos que resultan de participación de más de una flor crecen más rápidamente y son preferidos por las raíces del árbol, por lo tanto, tienen más posibilidades de sobrevivir.

Esto tiene su correlación espiritual; muchas veces el fruto que estamos tratando de rendir como cristianos no es porque el Espíritu Santo lo ha depositado en nosotros, sino porque es lo que nosotros en nuestra propia prudencia, en la cual no nos debemos apoyar, creemos lo más espiritual.  El fruto que va a ser preferido por la raíz, que es Cristo, como hemos visto, es aquel fruto que el Espíritu Santo ha hecho formar en nosotros.

-Hojas Solamente-

Recordemos la higuera estéril, la de Mateo 21:18-19, la cual maldijo el Señor.  La Biblia dice que la maldijo porque “no halló nada en ella, sino hojas solamente…”  Otra manera de proteger las hojas es dejando de gastar fuerzas en la producción de frutos. Es cierto que a veces hay la necesidad de dedicarse a la introspección para el proceso de la restauración del alma.  Esto se debe limitar.  Porque es fácil caer en la trampa de auto compasión o el “pobre de mí.”  Como cristianos tenemos que aprender a mantenernos tan cerca de Cristo que aun en el tiempo de la prueba siempre estamos llenos del Espíritu Santo de Dios, aunque siempre lo estamos derramando en la vida de otros.

Yo he aprendido a través de muchas experiencias con diversas pruebas que muchas veces el Señor quiere usar la prueba en mi vida para ministrar a los demás o para enseñarme cómo ministrar a o aconsejar a los demás.  Si yo no estoy dispuesta a dar este fruto en la tribulación y en la angustia entonces yo le estoy fallando a Dios y estoy negando propósito a mi sufrimiento y sufrimiento sin propósito le roba la vida del creyente. No crea que escriba fríamente estas palabras. Aun ahorita el enemigo trata de detenerlas con sus artimañas.

El dejar de dar fruto para enfocarse con egoísmo solamente en las hojas puede traer la maldición de nunca más poder producir.   Con esto reconozco que hay momentos en que la prueba es muy recia y es necesario dedicarse a la renovación y restauración del espíritu sin embargo nuestra motivación siempre es importante para el Señor. Hay personas que dejan de dar fruto en la prueba por simple egoísmo porque no han aprendido que al derramar en las vidas de los demás recibirán aún más del Señor.  No han aprendido que: “hay quienes reparten, les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza” Proverbios 11:24.  Hay que repartir y confiar que Dios, el juez justo, va a añadir más a nuestras vidas.

A veces el fruto que damos en nuestras vidas va a tomar diferentes formas.  En momentos de pruebas el fruto que quiere Dios de nosotros puede ser simplemente nuestra honestidad en reconocer nuestras propias debilidades o que nos dispongamos a buscarlo a Él fervientemente.  En otros momentos puede ser que Dios nos quiere usar para dar el consuelo a otra persona de conocer que hay otra persona sintiendo lo mismo que ellos sienten.

-El balance correcto-

“No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué has de destruirte? No hagas mucho mal, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir antes de tu tiempo? Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes tu mano; porque aquel que a Dios teme, saldrá bien en todo Eclesiastés 7:16-18 (con énfasis)

En la Nueva Traducción Viviente estos versículos terminan con “todo el que teme a Dios evitará caer en ambos extremos” (v.18).  Qué linda lección de nuestro Señor dado a través de los labios del hombre más sabio que hubo y que habrá en toda la tierra el rey Salomón (1 Reyes 3:12).  Un hombre que en su vejez se apartó de Dios debido a la influencia de sus mujeres (1 Reyes 11:4).  El rey nos escribe aquí en estos versículos de un corazón amargado por haberse apartado del Dios vivo, el dador de todo gozo y de toda paz.  A pesar de su amargura, el rey nos da una buena lección en estos versículos.  Nos enseña que es importante evitar a los extremos en nuestras vidas: “Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes tu mano…”  Esa es una lección importantísima cuando estamos hablando de cuidar a nuestras hojas.

Hemos visto dos ejemplos del extremo de cuidarse a uno mismo encogiendo las hojas o dejando de producir fruto.  Ahora veamos el otro lado del espectro.  Hay personas a quienes les cuesta pedir ayuda (yo se que las hay porque yo era una de ellas).  Estas personas prefieren hacer todo ellos mismos porque piensan muchas veces que así será más fácil y no se tienen que preocupar si se hizo bien o no se hizo bien.  Yo estoy tratando de evitar este extremo en mi vida ahora porque me ha costado caro en mi salud y en preocupaciones en extremo.

Mientras que jamás estaría bien rendirse ante las circunstancias de la vida y dejar de serle útil al Señor en el Reino, tampoco está bien ir al otro extremo y agotar a sus fuerzas corriendo detrás de todo ministerio y ayudando en todos lados sin haber siquiera inquirido del Señor si es su voluntad o no para su vida el hacerlo. Es sumamente importante para el cristiano el vivir una vida en balance, así como lo es para el árbol.  Y para esto es necesario pedirle a Dios mucho discernimiento.

Si usted se encuentra en cualquier de estos dos extremos, pídale a Dios que le ayude a volver a una vida balanceada para que usted pueda cumplir con los propósitos de Dios para su vida.  Él dice en la Biblia: “Salvaré a la que cojea, y recogeré la descarriada” Sofonías 3:19.  El Señor está dispuesto a recogerle del camino equivocado y ponerle de nuevo en el centro de sus planes para su vida dónde usted va a ser de bendición para otras personas, no solamente porque está rindiendo fruto espiritual sino también porque está dispuesto a permitir que los otros le bendigan a usted con el fruto que hay en sus vidas.

Hasta aquí hemos hablado de la función de las hojas y su paralelo en la vida del creyente y hemos visto la necesidad de proteger a nuestras hojas y de qué manera no hacerlo, ahora vamos a ver a una habilidad especial que tienen las hojas y que, gracias a Dios, nosotros también lo tenemos: la habilidad de seguir a la fuente.

-Siguiendo al Señor-

“Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” Lucas 9:62

¿Sabía usted que las hojas de los árboles se pueden mover solitos sin ninguna brisa?  ¡Sí!  Las hojas tienen la habilidad de moverse durante el día para seguir al sol.  En la mañana lo están buscando al oriente y se mueven todo el día para seguirlo al occidente para poder absorber más luz para la fotosíntesis.  Las hojas buscan al sol, no esperan que el sol les alumbre.  Como cristianos tenemos que hacer lo mismo.  Tenemos que estar mirando a Cristo Jesús “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” Hebreos 12:2.  Esta es la manera más eficaz y buena de guardar a nuestras hojas.

Cristo es lo único en esta vida que no cambia, su amor para nosotros nunca cambia, su poder y su deidad nunca cambian.  Mientras que todo lo que nos rodea está constantemente cambiando.  En la naturaleza hay un ciclo constante de muerte y vida nueva y en nuestras vidas al no más nos acostumbramos a vivir de una forma, las circunstancias cambian y fuerzan a que nosotros hagamos algo nuevo.  Sin embargo, en medio de todo el caos que forma esta vida humana, está Cristo como una antorcha, para darnos dirección en la oscuridad que nos rodea.

Aquí en Lucas 9:62, el Señor Jesús nos dice que una vez que ponemos nuestra mano en el arado para trabajar para Él, al mirar atrás, que implica volver al mundo, nos hacemos inútiles para Dios.  Por esto es que también dice en Hebreos 10:36-38: “Porque os es necesario la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aun un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma.”  No podemos retroceder, tenemos que seguir para adelante y seguir el ejemplo de las hojas de los árboles y poner nuestra mirada en el Señor y seguirle en su ceñir desde el oriente cuando recién aceptamos al Señor hasta que se ponga en el occidente porque Él nos lleva a casa a estar eternamente con Él.

Seguir al Señor implica esperar en Él.  Seguir al Señor es reconocer que es Dios quien ordena sus pasos (Jeremías 10:23) y buscar atentamente en la Palabra del Señor la dirección que necesita para su vida (Proverbios 119:133).  Seguir al Señor quiere decir que está dispuesto a no hacer nada muchas veces mientras que el Señor no le ha dado dirección clara.  Es en el esperar que muchas personas encuentran dificultades.  Seguir al Señor activamente, moviéndose, cambiando de dirección y haciendo es muchas veces más fácil que esperar en silencio hasta ver la salvación de Jehová (Lamentaciones 3:26).  Sin embargo, seguir al Señor quiere decir que está dispuesto tanto a hacer como para abstenerse de hacer.

A veces seguir al Señor traerá dolor a nuestras vidas, pero es el dolor del quebrantamiento del vaso que se había deformado en manos del alfarero y para ser útil y para ser bello tiene que ser reformado según el diseño original.  En Nahum 1:7 la Biblia nos dice que “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.”  Durante el proceso de quebrantamiento, Dios se mantiene a nuestro lado para fortalecernos y para darnos el ánimo que necesitamos para seguirle a Él en medio de este proceso tan importante.

-Una nota a los padres-

Algo muy interesante que aprendí acerca de los árboles y sus hojas a lo largo de escribir este libro es que en el árbol hay hojas de sol y hojas de sombra.

Las hojas de sol son las hojas que crecen más altos en el árbol y están acostumbrados a recibir el fuerte calor del sol en el día (que tiene su paralelo en las tribulaciones y las pruebas).  Estas hojas llevan a cabo la mayor parte del trabajo de fotosíntesis para proveer para el resto del árbol.  Estas hojas somos nosotros como padres con hijos pequeños, y en especial lo deben ser los papás en el hogar como sacerdote tanto para los hijos y para la esposa.

Las hojas de sombra son hojas que viven la mayor parte de su vida a debajo de las hojas de sol.  Estas hojas trabajan en la fotosíntesis también y tienen su función para el sustento del árbol (o del hogar en este paralelo), sin embargo, estas hojas normalmente no sienten la fuerza completa del sol o su calor.  De la misma manera los hijos no deben estar expuestos a las tribulaciones y pruebas que estamos pasando los padres o el matrimonio. Ellos no tienen la madurez todavía para poder entender o sobrellevar a tantas cargas.  De manera similar, la esposa como vaso más frágil no está hecha por Dios para llevar la mayor parte de la carga del hogar como lo fue hecho el hombre.

Cuando un árbol ha desarrollado hojas de sol y hojas de sombra y pasa algo catastrófico al árbol y pierde las hojas que eran sus hojas de sol y repentinamente están expuestas a la plena fuerza y calor del sol las hojas que antes eran hojas de sombra, estas hojas muchas veces no están preparadas para aguantar la fuerza del sol, se secan y se mueren y el árbol entero está expuesto al peligro de morir.

Como padres, es nuestra la responsabilidad de proteger a nuestros hijos y asegurarnos que mientras ellos vayan creciendo, vayan aprendiendo de manera gradual a sobrellevar las cargas de la vida para que cuando llegue el día en que ellos ya no están con nosotros, ellos estén preparados para vivir una vida victoriosa en el Señor y no que se encuentren expuestos a las dificultades y pruebas de esta vida de forma repentina e inesperada porque nosotros no supimos protegerlos y no supimos prepararlos para la vida.

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Sección Tres: Hojas Su Prosperidad, Fuerzas y Medicina: Capítulo 1 ¿Qué Importancia Tienen Las Hojas?

Hulugaga Ella Fallas by Charlth Gunaranthna Flickr

Arboles plantados juntos a las corrientes, foto por Charith Gunaranthna, encontrada en Flickr

“Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.” Salmos 1:3

En preparación para escribir este libro, no tenía idea qué cosa iba a escribir al llegar a esta sección del libro.  Sabía que no podía pasar por alto a la mención por Dios de la hoja del árbol.  “…su hoja no cae y todo lo que hace prosperará” Salmos 1:3 y “no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde…” Jeremías 17:8 y “sus hojas nunca caerán…(serán) para medicina” Ezequiel 47:12. Hemos visto la importancia de dar fruto, y que todo fruto tiene su tiempo y toma su tiempo.  Ahora ¿Qué importancia tienen las hojas del árbol y como se refleja esto en la vida del creyente?

En estos tres versículos se ve que las hojas tienen una importancia grandísima, puesto que Salmos 1 nos enseña que el justo por lo que su hoja no cae, es prosperado todo lo que hace y esto tiene su paralelo en 3 Juan 2 cuando dice “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.”  En Jeremías dice que los justos de Dios no sentiremos la prueba, no veremos cuando venga el calor por tener la hoja verde y a la vez también está diciendo que aun en la prueba extendida se mantendrá verde nuestra hoja.  En Ezequiel dice que nuestras hojas serán para medicina a las naciones.

Un día estudiando a estos versículos y acerca de la función de las hojas en los árboles, le pedía al Señor discernimiento, puesto que yo sabía que fue el Señor que me impulsó a escribir este libro (y que me ha dado las fuerzas para seguir escribiendo aun en la prueba).  Me respondió el Señor y me reveló que las hojas de los árboles son como el espíritu del hombre.  Y esa revelación dio nuevo sentido a estos versículos para mí y abrió mis ojos en gran manera a como la naturaleza (la creación) misma testifica acerca del creador y de nuestra relación con nuestro creador (Romanos 1:19-20).

Primero, es importante notar la orden en Salmos 1, primero las aguas, el Espíritu Santo, La Palabra de Dios, y Cristo (quién es el Verbo), primero es la fuente.  Segundo es el fruto, lo que rinde el árbol, lo que provee para los demás, lo que provee para el Reino de Dios.  Tercero se mencionan las hojas y último habla de prosperidad, dando que entender que si falta uno de estos tres ingredientes (fuente, fruto y hoja) no habrá bendición o sea prosperidad espiritual en la vida del creyente. El orden de este libro se basa en el orden dado en Salmos 1, sin embargo, yo creo que el orden de importancia en la vida del creyente de estos ingredientes es más bien reflejado en Jeremías 17:7-8: “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.  Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.”  Vemos aquí que las aguas siempre vienen primero, la fuente que es Dios y viene de Dios siempre es principal.  Sin embargo, en Jeremías, luego de las aguas habla de las raíces (que son mencionadas en la sección sobre los tipos de árboles), de hojas y último de todas de fruto.  En Jeremías la promesa en vez de prosperidad es fuerzas y resistencia, luego veremos cómo estas dos cosas son relacionadas en la vida del creyente.

En verdad la hoja es más importante al árbol que el fruto. Sin fruto no hay prole para el árbol y su linaje no sigue, pero si el árbol no tiene hojas y si las hojas que tiene no son saludables, ¡nunca podrá dar fruto!  Son de tanta importancia las hojas para el árbol, tiene el mismo nivel de importancia para el árbol que lo tienen las raíces.  ¿Por qué?  Porque el árbol necesita tanto el agua que chupan las raíces como el sol que recibe a través de las hojas y no puede funcionar sin esas dos cosas.  Y en este capítulo veremos el paralelo de esto en la vida del creyente.  Como cristianos necesitamos a Cristo (nuestra raíz) y también necesitamos un espíritu bien alimentado por la comunión con el Espíritu Santo, si no tenemos estas dos cosas, nunca tendremos fruto en nuestras vidas. Mientras que el fruto es sumamente importante, lo es aún más el cuidado de las hojas.

Ahora quiero explicar la importancia de la hoja al árbol.  Las hojas del árbol son la mayor fuente de potencia para el árbol, extraen del aire dióxido de carbono y lo combinan con agua extraída de la tierra por las raíces en un proceso llamado fotosíntesis, ese proceso produce azúcares que son la energía del árbol y produce oxígeno como producto del mismo proceso y ese oxígeno lo sueltan al aire.[i]  Entonces en las hojas se lleva a cabo el uso de las materias primas de las fuentes del árbol (las aguas y el sol) y la eliminación de lo innecesario.

En el cristiano; como expliqué, la hoja corresponde al espíritu, el hombre interior, y es allí donde mora el Espíritu Santo, es allí donde las cosas exteriores que necesitamos son usadas para fortalecernos en Dios y donde con el discernimiento que Dios nos da, eliminamos lo que no le agrada al Señor.  Sin hojas fuertes, el árbol no puede sobrevivir y ciertamente nunca dará fruto.  De igual manera sin un espíritu fortalecido por el Espíritu Santo nunca podremos perseverar en la vida cristiana ni mucho menos dar fruto para nuestro Señor.  Por lo tanto, es mi deseo, como fue el deseo del apóstol Pablo que el Señor cumpla en nuestras vidas estas palabras de Efesios 3:16: “Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu.”

-No deje caer sus hojas-

Cuando en Salmos 1 dice que su hoja no cae, hablando del árbol, podemos decir, hablando del cristiano que no le entra desánimo ni a su espíritu ni a su alma por lo que se ha mantenido cerca de su fuente (Dios) y se ha mantenido lejos de lo que agota (los incrédulos y los falsos hermanos).  También por lo que constantemente medita en las promesas y las bendiciones que Dios tiene guardados para aquellos que escuchan y obedecen a su voz.  (Salmos 1:2, Deuteronomio 28:1-14 y Isaías 26:3).

En Jeremías 17 nos dice que, con hoja verde, con un espíritu vigoroso, refrescado en Dios, de ánimo fuerte, no verá el cuándo viene el calor y en la sequía no se fatigará.  Entonces la hoja verde es importantísima para el árbol, e igualmente lo es el espíritu renovado, refrescado y fortalecido en el cristiano.

¿Cómo hace entonces el árbol para proteger sus hojas?  En la hoja del árbol hay estomas. Las estomas son agujeros pequeñitos que cierran y abren dependiendo del ambiente en la que se encuentra la hoja.  Esta acción es bien organizada para optimizar el balance entre la necesidad del árbol de producir comida y su necesidad de proteger sus hojas sin las cuales no puede producir comida.  Balanceando las necesidades actuales del árbol con la necesidad de preservar su vida.[ii]

El árbol, sin alma, sin espíritu, sin entendimiento, sabe guardar su hoja.  Sabe discernir entre un ambiente bueno y un ambiente malo.  Sabe que recibir y cuando recibirlo y sabe qué no recibir y cómo evitarlo.  Y sabe balancear las necesidades y los deseos de la vida presente con la necesidad de la preservación de su vida.  ¡Cuánto más debemos los cristianos poder discernir estas cosas!  ¡Teniendo el Espíritu Santo de Dios dentro de nosotros!  ¡El omnisciente vive dentro de nosotros, dándonos ciencia, conocimiento e inteligencia! (Efesios 1:8 y 17) ¡Hasta tenemos la mente de Cristo! (1 Corintios 2:16)

Sin embargo, muchas veces los cristianos nos abrimos a lo que contamina ¡y a La Palabra de Dios nos cerramos!  Nos abrimos a lo que destruye y nos oponemos a lo que edifica.  Nos abrimos a lo que roba nuestras fuerzas y nos cerramos a la alimentación del Espíritu Santo.  ¿Cómo, entonces, queremos tener fuerzas?  Y muchas veces nos encerramos en una mentalidad de obtener lo que necesitamos o sentimos necesitar en el momento sin pensar en su efecto eterno.  Como el hermano que deja de venir a la iglesia por trabajar en dos trabajos porque dice; tengo necesidad económica ahora. Piensa que después va a buscar de Dios, pero cuando pasa la necesidad económica (si es que pasa porque en esta vida siempre hay necesidades económicas) ya se ha alejado de Dios y ha perdido las fuerzas espirituales que tenía antes.

Aprendamos del árbol a guardar nuestra hoja que representa nuestro espíritu.  El cristiano que ha sabido guardar su hoja, no se desespera en los problemas, no se desanima en las tribulaciones porque su hoja está verde (su espíritu está fortalecido).  Ni en un año de sequía que representa una temporada extendida de pruebas no se fatiga ni deja de dar fruto por lo mismo que su espíritu lo ha hecho fortalecer en el Señor, poniendo su confianza en Dios.  Solamente alcanzaremos esta bendición si aprendemos a abrir el corazón (la estoma de la hoja, el espíritu) a la ministración del Espíritu Santo.

Otra manera en que los árboles protegen sus hojas se encuentra en la transferencia de agua en el árbol.  En el árbol, el agua solamente es absorbido por medio de las raíces, aun el agua que cae sobre de las hojas es inútil al árbol, tiene que caer sobre de las raíces.  Al ser absorbido por las raíces, el agua es distribuida de una manera muy interesante.  El agua solamente sube a las hojas cuando las raíces están más mojadas que las hojas[iii].  Si las hojas no tienen necesidad de agua en el momento, esa agua se queda en las raíces y no sube.  Esto significa que para las hojas adquirir agua de las raíces, tienen que estar operando constantemente a un nivel bajo de humedad.  Sin dejarse secar del todo por lo que entonces se marchitarían antes que pueda llegar a ellos el agua nueva de las raíces.

Las mismas estomas que se abren para recibir el dióxido de carbono necesario a la producción de alimento para el árbol también causan la pérdida de agua para la hoja al abrirse.  Al abrirse se evapora de ellos el agua que tenía la hoja y de esta manera emiten oxígeno al medio ambiente.  ¡Un solo árbol maduro tiene la capacidad de producir el oxígeno suficiente para diez personas cada año![iv]  Así como el Señor le dijo a Abraham “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición  Génesis 12:2 (con énfasis).  Nosotros también somos bendecidos, pero ¡lo somos para ser de bendición!

También en Proverbios 11:24-25 dice, “Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza.  El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado.”  La hoja tiene que dar para recibir.  Nosotros también. Si queremos una unción fresca primero tenemos que vaciar en las vidas de los demás la unción que Dios ha derramado en nosotros.  Dios nos bendice para que seamos una bendición.  Y Dios conoce nuestros corazones. Si no estamos dispuestos a ser una bendición, tampoco nos va a bendecir.

Lo que nos enseña el árbol es la necesidad de buscar un balance en esta área de nuestras vidas, como en toda área de la vida.  Tenemos que aprender a balancear la realidad de que vivimos en un mundo caído y necesitamos ministrar a ese mundo caído (como lo hace el árbol, inhalando el dióxido de carbono la cual es veneno para nosotros y exhalando el oxígeno), con el riesgo de desgastar nuestro propio espíritu.  De igual manera como se abren las estomas al percibir la necesidad de dióxido de carbono, también se cierran totalmente cuando hay demasiado frío o esté demasiado oscuro para la fotosíntesis o cuando se presente el peligro de perder demasiada agua.

¿De qué manera llevar ese balance?  Aquí volvemos al principio de este libro, a un tema que he repetido vez tras vez.  Volvemos a la necesidad de mantener lazos bien estrechos con la fuente de nuestro poder; Dios Padre, Hijo e Espíritu Santo.  Con oración, con ayuno, con lectura de la Biblia y manteniendo la comunión de los santos, congregándose siempre.  Si siempre tiene prioridad nuestro tiempo con Dios, siempre tendremos lo que necesitamos para ministrar a los demás.  Siempre tendremos lo que necesitamos para que nuestra hoja esté verde, para que nuestro espíritu esté fuerte y refrescado y que sea medicina para los dolidos.

Tiene que haber un flujo, un intercambio de agua fresca, absorbido por las raíces, llevada a las hojas.  Y esa agua tiene que venir de Cristo y del Espíritu Santo de Dios.  “Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto.  A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina” Ezequiel 47:12.  Porque sus aguas salen del santuario…porque su fuente es Dios; ¡Padre, Hijo e Espíritu Santo!  Por eso su hoja no se va a caer, sino que va a estar fortalecido.

Estamos fuera de balance cuando gastamos todas nuestras energías en producir, en trabajar, en formar fruto y no cuidamos de nuestro espíritu.  Si esto lo haría el árbol, utilizando todo el alimento que producen las hojas para producir más madera o más flores para tener más fruto y no guardara nada de ese alimento para alimentar a las hojas mismas, se morirían todas sus hojas y por lo tanto el árbol mismo.  De igual manera el cristiano a enfocarse solamente en trabajar para Dios, solamente en derramar la unción en las vidas de los demás y nunca se preocupara por tomar un tiempo para descansar en Dios, se muere su espíritu, cae en desánimo y corre el riesgo de apartarse del evangelio decepcionado.  Como cristiano tenemos que dar, pero nosotros no tenemos nada para dar, por eso dice la Biblia: “…separados de mí, nada podéis hacer” Juan 15:5.  Tenemos que dar, pero primero tenemos que recibir y de lo que hemos recibido damos (1 Crónicas 29:14).

También estamos fuera de balance si solamente nos preocupamos en recibir del Señor y en proteger nuestro espíritu y nunca hacemos nada para avanzar el Reino de Dios.  Pues Jesús dijo, “Desde los días de Juan el bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” Mateo 11:12.  Dios busca personas dispuestos a trabajar para avanzar el reino de los cielos.  Dios busca hacedores de la Palabra y no oidores solamente (Santiago 1:22).   Y la Palabra nos amonesta que la fe sin obras es muerta y es la fe actuando juntamente con obras que quiere el Señor (Santiago 2:17 y 22).  Si el árbol se preocupara solamente en guardar sus hojas y no en fabricar madera para un tronco más grueso, lo botaría cualquier viento que soplara.  Si no se preocupara de producir fruto nunca podria producir otro árbol y en el capítulo acera del olivo hablamos de las plantas de olivo alrededor de la mesa.  Al final de este capítulo veremos cómo no debemos de guardar nuestras hojas, por ahora hablaremos acerca de la producción de hojas fuertes, de un espíritu fortalecido.

-Desarrollando Buen Follaje-

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.  Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.  Ya vosotros estáis limpios por la Biblia que os he hablado.” Juan 15:1-3

Alguna vez ¿ha tenido un jardín afuera o una planta en su casa?  Si lo ha tenido sabe que las hojas se secan y las tiene que quitar para mantener saludable la raíz de una planta.  ¿Por qué?  Porque es la hoja que recibiendo el sol produce comida para la raíz a través de un proceso llamado fotosíntesis.  El Pequeño Larousse[v] define de esta manera al proceso, “Síntesis de un cuerpo químico o de una sustancia orgánica, como los glúcidos realizada por las plantas clorofílicas mediante la energía luminosa.”  En palabras más simples, la hoja recibe la luz del sol y con esa luz fabrica comida para el resto de la planta.  Ese es el trabajo de las hojas, las hojas reciben agua de las raíces para poder vivir y realizar su trabajo.  Cuando la hoja se seca ya no está efectuando ningún trabajo a favor de la planta, pero mientras permanece en la planta hala agua y nutrición de las raíces y toma el espacio que pudiera ocupar otra hoja saludable.  Entonces ¿Qué hacemos?  Venimos y quitamos las hojas secas para que hojas nuevas puedan crecer en su lugar para el mantenimiento de la planta.  Sino ¿qué pasa?  Comienza a morir la planta.

Lo mismo pasa en el cristianismo.  Cristo es nuestra raíz, de Él recibimos agua (el Espíritu Santo) y nutrición (Mana o la Biblia que mora en nosotros Colosenses 3:16).  Nosotros también tenemos una responsabilidad a la planta, la raíz es Cristo, la planta es su iglesia, las ramas somos nosotros.  Nada podemos darle a Cristo, es más bien la fuente de todo, pero ¡a su iglesia podemos contribuir!  A su iglesia debemos contribuir de varias maneras; con el diezmo y nuestras ofrendas (Malaquías 3:6-11 y Filipenses 4:10-19), sirviendo en la iglesia, orando para la iglesia, evangelizando, haciendo así crecer la obra del Señor. Como puede ver, de muchas maneras podemos contribuir a la obra de Dios.  Dios no nos quiere ver calentando bancas, eso es lo que hace la rama seca, la que muy pronto es cortada y echada en el fuego (Juan 15:6).  ¿Qué ha producido usted para la obra de Dios?

Tomemos de nuevo como ejemplo el Cedro del Líbano. Para mantener el buen follaje en el Cedro del Líbano, las hojas tiene que ser recortadas con los dedos, solamente dejando la tercera parte.[vi]  De igual manera, Dios nos tiene que ‘recortar’ a nosotros de vez en cuando para que nosotros podamos desarrollar bien.  En Romanos capítulo 5:3-5 dice La Palabra de Dios lo siguiente: “… nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.”  La esperanza dice la Biblia es lo que no nos va a dejar avergonzados, entonces Dios quiere desarrollarla en nosotros.  Nos enseña que es desarrollado a través de un proceso.  Esa es la manera que Dios nos ‘recorta’ a nosotros para que desarrollemos una hoja que no cae.  El proceso no es divertido mientras lo estemos pasando, pero su resultado es un cristiano que nunca será avergonzado.  Veamos el proceso…

Primero, el diablo nos pide para zarandearnos (Lucas 22:31), Cristo le da permiso de hacerlo, con una condición, ¡Cristo mismo va a estar intercediendo a nuestro favor! (Lucas 22:32) Por esta causa el diablo ¡puede molestarnos, pero NUNCA derrotarnos!  Luego la tribulación que el diablo quería para nuestro mal obra en nosotros para producir paciencia (que como ya vimos es parte del fruto del Espíritu). Entonces ¡lo que él quiso para nuestro mal, Dios lo usa para nuestro bien! (Génesis 50:20) Una vez producida la paciencia, entonces la paciencia produce en nosotros una prueba, unas arras de nuestra redención, o sea una comprobante tangible de nuestra salvación, un cambio permanente en la manera de ser.  La paciencia como parte del fruto del Espíritu es una de las arras o sea que es garantía de nuestra redención.  ¿Cómo verdaderamente sabemos que somos salvos?  Por las arras del Espíritu, (Efesios 1:13-14) el fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas.

Ya viendo nosotros mismos el cambio en nuestras vidas y como ahora tenemos paciencia y todo tipo de fruto espiritual en nuestras vidas, nos llenamos de esperanza, dándonos cuenta que La Palabra de Dios realmente es viva y eficaz (Hebreos 4:12).  Y es la esperanza que nunca nos deja avergonzados, mientras el cristiano tiene esperanza tiene la victoria, cuando deja que el diablo le robe el gozo y la esperanza entonces es derrotado el cristiano.

Tal vez se encuentra en una situación muy difícil ahora mismo, y no halla salida, y no entiende si Dios le ama ¿por qué está permitiendo que sufra de esta manera?  Ahora ¿entiende?  Dios lo está permitiendo por el amor tan grande que tiene para usted.  Dios quiere producir en su vida algo que aún en los momentos más difíciles nunca dejará que quede avergonzado: la esperanza.  “Porque la esperanza no avergüenza” Romanos 5:5.

Muchas veces tenemos un concepto equivocado de la esperanza.  Muchas veces no entendemos que mientras que la esperanza apunta hacia el futuro, viene del pasado.  La esperanza viene de recodar a todas las maravillas que ha hecho el Señor en nuestras vidas y de creer que Dios es fiel para volver a hacer maravillas aún más grandes en nuestras vidas en el futuro.  Es necesario recordar de donde Dios nos ha sacado para poder creer que nos puede sacar del apuro en que estamos y que es fiel y misericordioso para hacerlo también.

En el Salmos 22:1-2 David le clama al Señor “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no me respondes; y de noche y no hay para mí reposo.”  Estas son palabras de un hombre que aparentemente ha perdido toda esperanza, sin embargo, en el versículo tres David cambia de tono y de dirección con sus palabras, comienza a alabar a Dios y a traer a su memoria las grandezas que Dios ha hecho con su pueblo y llega a esta conclusión: “Los que teméis a Jehová, alabadle; glorificadle, descendencia toda de Jacob, y temedle vosotros, descendencia toda de Israel. Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él, le oyó” Salmos 22:23-24.  Cuando David dejó de enfocarse en su problema presente y comenzó a alabar a Dios por todos los prodigios que Él había hecho tanto para él mismo y para el pueblo de Israel entonces volvió a tener esperanza porque la esperanza viene de una experiencia, de un encuentro con Dios

A veces la misma prueba es su puerta hacia la esperanza.  Acordémonos que en Oseas dice: “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Y le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza…” Oseas 2:14-15.  Acor significa turbación, entonces lo que nos está diciendo aquí el Señor es que a veces (quizás muchas veces) nuestras pruebas más grandes son una puerta abierta hacia nuestra bendición.  Nuestras pruebas son oportunidades para que Dios se muestre fuerte y fiel a nuestro favor para que tengamos recuerdos de donde sacar nuestra esperanza, una esperanza que nunca nos dejará avergonzados porque su fundamento es Dios.

Y aún si siente que hasta la esperanza está perdiendo, siga luchando para la bendición prometida, que no será avergonzado, y verá que cuando ya no tiene fuerzas para agarrarse de Dios, ¡Él le agarra a usted!  “Volveos a la fortaleza, oh prisioneros de esperanza; hoy también os anuncio que os restauraré el doble” Zacarías 9:12.  Cuando siente que hasta la esperanza se le va, Dios manda a la esperanza que le tome prisionero, porque Dios se compromete con Su Palabra de no dejarle avergonzado.

Yo soy testigo de esto porque cuando yo llegué al punto más bajo en mi vida y creía que mi vida se me iba, y no podía ni agarrarme de los recuerdos de las veces que Dios me había librada en el pasado porque no me sentía digna de ser librada por el Señor.  Sin embargo, Dios asió de mí y nunca me dejó y no quiso permitir que yo me apartara de Él.  Él fue mi fortaleza y la prueba más grande de mi vida fue mi puerta hacía una esperanza firme y fuerte en el Señor.  También me permitió aprender más misericordia para el caído y para los adoloridos y así mi puerta de esperanza puedo usarla para dar esperanza y alimentar a la fe de otras personas.

Por esta razón nos podemos gloriar y gozar en las tribulaciones porque podemos saber que son temporarios y ¡la gloria de las arras del Espíritu Santo es eterna!  Y como cristianos tenemos que poner nuestra mirada en lo que es eterno.  “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de Gloria; no mirando las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” 2 Corintios 4:17-18.  Lamentablemente, aun como cristianos, muchas veces ponemos nuestra mirada solamente en las circunstancias y nos olvidamos que nuestro Dios es soberano y que Él está obrando como el alfarero, formándonos para que nuestra vasija pueda ser una vasija gloriosa, útil para Él.

– “No verá cuando viene el calor”-

Los árboles también corren riesgo de perder sus hojas en días de demasiado calor.  Así como nosotros corremos el riesgo de desanimarnos durante el intenso calor de pruebas.  La Biblia lo compara a un fuego: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese” 1 Pedro 4:12.  Entonces el árbol también cuenta con una manera de proteger sus hojas en esos periodos de intenso calor.

Cuando se arrecia el calor, las hojas cierran algunas de sus estomas para evitar la pérdida de demasiada agua.  El problema es que al cerrar las estomas para proteger su agua también pierde esa oportunidad de producir comida para sí mismo.  El árbol tiene que hacer una decisión entre proteger sus hojas y producir su comida.  Este problema no lo tiene el árbol que vive en sombra.  El árbol con sombra puede aprovechar todo el sol del día para producir su comida.

En Jeremías dice: “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.  Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto” Jeremías 17:7-8 (con énfasis).  ¡No dice que el calor no vendrá!  Dios nunca promete una vida sin pruebas, al contrario, dice: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.  Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” Santiago 1:2-4.  Dios nos manda a gozarnos en las pruebas porque producen en nosotros la paciencia con el fin de que no nos falte ninguna cosa.

La promesa en Jeremías 17 es cuando ponemos nuestra confianza en el Señor, al venir los problemas nuestro espíritu estará tan fortalecido que no sentiremos ese calor tan fuerte, sino que seguiremos con el vigor en nuestro espíritu.  Por eso dice el Salmos 91: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.  Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré.”  Y “Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará.  Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos.  Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada” Salmos 91:1-2 y 7-10.  Al tener a Cristo para alumbrarnos y para dar nos sombra en las dificultades, aunque vengan los problemas que vengan podremos sobrellevarlos y salir vencedores y no solo eso: “antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” Romanos 8:37.

No nos preocupemos, Dios sabe de qué tenemos necesidad (Mateo 6:32).  Tenemos que demostrar confianza en Él.  Recuerde como Dios dio al pueblo de Israel columna de nube en el día para protegerlos del calor abrasador del desierto y columna de fuego de noche para protegerlos del gran frio que desciende de noche en el desierto (Éxodo 13:21-22).  Dios supo en qué momento dar nube y en qué momento dar fuego.  Todavía en el día de hoy lo sabe.  Dará a nuestras vidas fuego y sombra siempre en el momento perfecto para que vivamos una vida abundante y victoriosa en Él. Solamente tenemos que confiar en Él y descansar en su soberanía, así moraremos bajo su sombra y efectivamente no veremos cuando viene el calor, sino que estaremos confiados.

-Renovando el espíritu-

Si tiene un árbol conífero de hoja perenne cerca de su casa y lo contempla, se dará cuenta que ¡sí pierde sus hojas!  De hecho, yo antes tenía tres y el primer año que fueron plantados, al llegar el otoño, yo estuve llamando al hombre que me las vendió porque pensaba yo que se morían los árboles por lo que yo pensaba que el árbol conífero no perdía sus hojas.  Pero aprendí que sí las pierde, ¿Entonces por qué se llama perenne?  Porque a diferencia de los árboles caducifolios que pierden todas sus hojas al venir la estación desfavorable, los perennifolios solamente pierden las hojas más viejas que se han vuelto inútiles.  Cada año al venir el invierno, estos árboles se deshacen de sus hojas viejas que ya no son tan eficaces porque ya le crecieron hojas nuevas.

Estos árboles se están siempre renovando.  Lo mismo tenemos que hacer nosotros, estarnos renovando siempre: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” Efesios 4:22-24.  El ciprés se despoja cada año de lo que ya no le sirve, ¡qué buena lección para los creyentes!  Momento a momento tenemos que estar dispuestos a despojarnos de todo lo que no nos permite servir a Dios eficazmente.

En su vida las hojas viejas pueden ser ministerios que en un tiempo Dios los puso en su vida, pero ha llegado su momento de transición a otro ministerio o a otro oficio en el Señor.  Sin embargo, uno mismo sigue estancado tratando de retener a lo que ya no está en los planes de Dios para la vida de uno.  Estas hojas viejas también pueden ser hábitos que en la infancia espiritual Dios los permitía pero que, ahora teniendo más madurez espiritual, Dios quiere que sean erradicados de la vida de uno. Tenemos que estar dispuestos a permitir que el Señor sea quien nos quite las hojas inútiles que ya solamente inutilizan a la raíz de la planta.  Para esto tenemos que ser sensibles a la voz del Señor y dispuestos a obedecerla.

Nos toca pedirle a Dios la sabiduría y el discernimiento para darnos cuenta qué sacar de nuestras vidas y qué guardar.  También tenemos que estar dispuestos a pedirle a Dios continuamente que Él nos esté renovando y que nos vaya quitando toda hoja inútil que nosotros mismos no nos hemos quitado y que estorba a nuestro crecimiento espiritual.  Si le da permiso al Señor entrar en su vida de esta manera, encontrará que el Señor hará grandes cosas en su vida y vivirá en y disfrutará de una libertad sobrenatural y un gozo y una paz inefable, se lo digo de experiencia y se lo recomiendo de todo corazón.

Si el ciprés retuviera las hojas viejas, tendría que fabricar la comida suficiente para ellos, aunque ellos ya no están contribuyendo al árbol.  Lo mismo en nuestras vidas, hay áreas en nuestras vidas que nos quitan energías, nos quitan tiempo, nos quitan del todo y no añaden nada a nuestras vidas, son nuestras hojas viejas (nuestro viejo hombre) y tenemos que despojarnos “de todo peso y del pecado que nos asedia” y correr “con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1).  ¡Y eso no lo podemos hacer con hojas viejas!  Tener hojas perennes no significa nunca perder una hoja, significa que siempre tendrá más hojas para reemplazar a los que ya no le sirven.  Dios en su gran gracia y amor se encarga de eso.

[i] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

[ii] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

[iii] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

[iv] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

[v] El Pequeño Larousse Ilustrado 2006 Diccionario Enciclopédico pg. 461

[vi] Cedar of Lebanon – Cedrus libani http://bonsai-bci.com/species/cedar-of-lebanon.html

Sección Dos – Frutos de Justicia, El bien de Jehová, Capítulo tres: Cada fruto tiene su tiempo

Winter apple by Justin LaBerge found on Flickr

Manzanas invernales, Foto por Justin LaBerge, Encontrado en Flickr

“En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto…” Apocalipsis 22:2.

-El propósito del fruto-

Antes de hablar de los frutos del Espíritu, antes de examinar el fruto que Dios más quiere ver producido en nuestras vidas, quiero dar una pequeña introducción al fruto en general.  Ya hablamos en capítulos anteriores de frutos en términos Bíblicos, ya vimos a quien le pertenece nuestro fruto, ahora veamos cómo es producido ese fruto.  Vamos a hablar acerca de la formación de frutos, y del propósito que cumplen los frutos tanto para el árbol como para el cristiano.

Para formarse un fruto, primero tiene que formar la flor, y aun antes de formarse la flor, forma un brote.  Ese proceso de brote hasta fruto maduro ¡lleva aproximadamente un año entero!  En el otoño antes de que caer la nieve, el árbol forma todos sus brotes, algunos de ellos se harán ramas nuevas, otros se harán hojas y el resto de ellos se harán flores con la potencial de producir fruto para el árbol.  Luego llega el invierno y todos los brotes parecen olvidados, cubiertos de nieve y congelados, pero sobreviven y en la primavera cuando el árbol vuelve a la vida, comienzan a salir hojas nuevas y flores nuevas.

Qué gran lección para la vida del creyente.  Porque en nuestras vidas también muchas veces pasa que crece un brote en nuestras vidas, y creemos que va a rendir fruto, algo especial, un don o un ministerio, y antes que pueda realizarse ese sueño llega un otoño espiritual, se caen nuestras hojas y luego desciende el invierno espiritual en nuestras vidas, y parece morirse el sueño, sin embargo, allí está esperando sentir la calor y el sol de la primavera para brotar y cumplir su propósito divino.

¿Cuál es el propósito del fruto?  Realmente tiene dos; proteger la semilla mientras se desarrolla y ayudar en dispersar las semillas una vez que están listas.  En otras palabras, el fruto, como hemos visto en el caso del olivo y en el caso de la vid ¡no es el objetivo final!  ¡El verdadero objetivo final es de perpetuar el árbol, de perpetuar el reino de Dios!  El fruto simplemente tiene su parte en este objetivo, ¡no es en sí la meta principal!  Pero el fruto en el cristiano, fruto espiritual entregado en las manos de Dios es lo que va a perpetuar el reino de Dios.  Por eso es necesario que el árbol dé “su fruto en su tiempo” Salmos 1:3, porque si las semillas, que van a dentro del fruto son removidas del árbol antes de que estén listas para poder germinar se desperdician, nunca llegan a nada y solamente habrán hecho gastar energías al pobre árbol sin ningún provecho.  De igual manera en nuestras vidas espirituales, si el fruto espiritual se rinde antes de su tiempo, si lo tratamos de forzar antes que esté listo, la semilla que lleva, la promesa que lleva no va a estar listo para germinar y crecer y se va a perder todo, el fruto y la ilusión de lo que ese fruto iba a cumplir en el reino de Dios y en nuestras vidas.

Tomaremos un ejemplo del olivo.  Cuando las aceitunas están ya maduras y listas para la cosecha, con sacudir tantito al árbol, caen a la tierra las aceitunas.  Rinde tan fácilmente la cosecha de su fruto, pero solamente cuando ya está lista.  Al igual, hablando espiritualmente, cuando el fruto que el Señor quiere producir en nuestras vidas está ya listo se manifestará tan fácilmente en la vida de uno como cuando sacuden a un olivo.  En cambio, cuando el fruto es inmaduro, por ejemplo, la aceituna verde, se mantiene duro, su cosecha tiene que ser forzada y para utilizarla requiere de muchos arreglos porque en su estado inmaduro es amargo e inútil para el consumo.  Fruto tiene su tiempo naturalmente y espiritualmente hablando.  Cada fruto que Dios comienza a cultivar en nuestras vidas tendrá su tiempo de madurarse, requiere que pacientemente lo aguardamos y lo alimentamos con palabra, oración, y ayuno, ¡acompañados con fe!

En Apocalipsis habla de un árbol de doce frutos que cada mes rinde su fruto, en lo natural no hay ningún árbol que pueda hacer esto.  El manzano da manzanas y solamente en el tiempo de la manzana.  El olivo da solamente aceitunas y solamente en los tiempos de la aceituna.  Esta misma frase pudiera yo repetirlo cambiando el nombre del árbol y su fruto hasta mencionar todos los árboles que existen y no va a cambiar.  Cada uno solamente va a dar su fruto y a su tiempo.  Pero como dijimos eso es en el reino natural, el reino físico.  Por eso tenemos que buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, porque ¡el reino de los seres humanos es muy limitado!

Nosotros, siendo ‘árboles de justicia’, ‘plantío’ de Jehová (Isaías 61:3) y Dios habiendo preparado y limpiado un sitio especial para plantarnos (Isaías 5:1-2) y habiendo hecho arraigar nuestras raíces (Salmos 80:9) y habiéndonos cimentado en amor (Efesios 3:17) y estando sobreedificados en Él y confirmados en la fe (Colosenses 2:7) ¡sí podemos dar fruto en TODO tiempo y en TODO lugar!  Nuestro fruto no será limitado ni por nuestra persona ni por la estación de la vida en la que nos encontramos.  Mediante el Espíritu Santo ¡podemos ser como ese árbol que cada mes da un fruto!

-El Fruto que Dios quiere-

“Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen paz.”  Santiago 3:18

Todo Esto nos lleva al fruto que Dios quiere.  Dios quiere que demos fruto, pero no cualquier fruto, sino que demos fruto espiritual.  “Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” Gálatas 5:22-23. Dios también quiere que demos fruto espiritual en todo tiempo y en toda situación.  Analicemos entonces a cada uno de estos llamados ‘frutos del Espíritu’ que Dios anhela en nuestras vidas para entender lo que son, lo que significan y cómo cultivarlos en nuestras vidas.

“Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción.” Génesis 41:52 Y “Irán con lloro, mas con misericordia los haré volver, y los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy a Israel por padre, y Efraín es mi primogénito.”  Jeremías 31:9

Aparte del deseo de Dios de que demos fruto espiritual, Dios también quiere y requiere de nosotros; ¡fruto en todo tiempo, lugar y circunstancia!  Fruto en el desierto y en el valle, fruto en el verano y en el invierno, fruto en tiempos buenos, y sobre todo fruto en la aflicción.

Dios no quiere ver que en la aflicción disminuye el fruto en nuestras vidas.  Sino que Dios desea ver en nosotros una constancia que aun en los tiempos más difíciles de nuestras vidas, aun cuando esta guerra espiritual que estamos peleando se arrecie contra nosotros de tal manera que realmente yo no vemos ni salida ni esperanza, podamos estar firmes y rendir aun así el fruto espiritual para nuestro Dios.

Por eso dice la Biblia “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho…”  Isaías 53:11. Hay un fruto muy especial que realmente solamente lo podemos rendir en la aflicción, solamente cuando miramos a nuestro alrededor y no hay nadie que nos pueda ayudar en nuestro dolor.  Nadie hay que nos pueda sacar del problema en la que nos encontramos.  Es entonces cuando aprendemos realmente lo que significa confiar en Dios, lo que realmente significa esperar firmes la salvación de Jehová (Éxodo 14:13).

Hasta llegar a ese punto en la vida, podemos decir que confiamos en Dios, nos gusta citar el versículo “pero los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” Isaías 40:31.  Sin embargo es solamente cuando llegamos a un punto que realmente solo el Señor nos puede ayudar que aprendemos lo que significa la confianza en Dios.  Cuando ya no hay carne que podamos poner por nuestro brazo (Jeremías 17:5) es cuando realmente buscaremos de Dios.  Así de ingrato es el ser humano, aun el cristiano.  Y Dios, que escudriña la mente y prueba el corazón (Jeremías 17:10) ya lo sabe y en su misericordia, para la salvación de nuestras almas permite el trato duro en nuestras vidas.

Estas palabras que estoy escribiendo, no quiero que piense que los escribo de un corazón frío que no pueda compadecerse del dolor que pueda estar pasando en este mismo momento.  No crea por favor que con liviandad quiera curar sus heridas (Jeremías 6:14).  Yo también sé lo que es estar en las manos del alfarero, se lo que es estar allí en estos mismos momentos.  De hecho, los últimos ocho años desde que comencé a escribir este libro he pasado por más pruebas que nunca más en mi vida.  En estos años llegue a perder todo lo que tenía menos mis hijos (¡gracias a Dios!)  El diablo atacó a mi vida desde el comienzo de este libro con una ferocidad, hasta el punto en que dejé de escribir por varios años, encontrando que yo tenía la necesidad de refugiarme en el Señor y de luchar para mi propia restauración.  Han sido estos años prueba tras prueba, como si Dios estuviera probando cada palabra que yo he escrito para ver si estoy realmente dispuesta a pagar el precio a seguirlo a Él y a servirle de la manera que yo he escrito en este libro.  Y más de una vez el diablo ha tratado de hacerme voltear y mirar atrás.  Pero una cosa he aprendido a lo largo de los años en el ministerio es que conté el costo y entré en el ministerio con los ojos abiertos, entonces ya no hay vuelta atrás.

Pase lo que pase y venga lo que venga, a Dios serviré.  He aprendido a decir a través de las circunstancias que he vivido en estos años, aún con lágrimas en los ojos: “Mi porción es Jehová… por tanto, en Él esperaré.  Bueno es Jehová a los que en Él esperan, al alma que le busca.  Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová” Lamentaciones 3:24-26 y a decir como dijo Job: “He aquí, aunque Él me matare, en Él esperaré…”  Job 13:15.

Justo el día cuando yo tenía planeado comenzar a escribir este capítulo, vino la prueba más grande de mi vida.  En un instante mi vida cambió.  Y ahora yo me encuentro en la aflicción tratando de dar fruto, tratando de realmente entender lo que eso significa.  Con certeza puedo decir que he pasado en estos ocho años por la peor aflicción de mi vida.  Me he sentido sola, y solamente con la ayuda de mi Dios he podido seguir adelante.  Sin embargo, estuve y estoy decidida a dar fruto en la aflicción porque La Palabra de Dios dice: “verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho.”  Estoy decidida que, si tuve que tener aflicción en mi alma, cueste lo que cueste, con la ayuda de Dios ¡voy a ver ese fruto para quedarme satisfecha!

-Fruto en la aflicción-

¿Qué querrá decir ‘fruto en la aflicción’?  Cuando José puso a su segundo niño el nombre de Efraín y dijo: “Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción” Génesis 41:52. ¿Qué quiso decir con esas palabras?  Obviamente Egipto fue la tierra en donde sintió su aflicción.  Vendido para ser esclavo en la casa de Potifar, acusado maliciosa y falsamente por la esposa del mismo de quererla violar, llevado preso injustamente y olvidado por el jefe de los coperos.  Pero ¿cuál fue el fruto que lo condujo a poner por nombre al segundo hijo Efraín?

Este es el misterio que de todo corazón debemos querer entender, porque la restauración total de José vino a su vida, no después de olvidar (Génesis 41:51) sino que vino esa restauración cuando pudo decir “Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción.”  Muchas veces estamos equivocados, queriendo lograr olvidar el pasado o el fracaso o lo que nos hicieron, creyendo que al olvidar seremos libres.  Creemos que si logramos olvidar tendremos paz.  Sin embargo, es una mentira que hemos creído.

La respuesta no está en olvidar, la respuesta está en superar y aun el olvidar está en el superar.  Hay muchas cosas en mi pasado que antes decía ‘quisiera poder olvidar’ y trataba con todas mis fuerzas para olvidar y aplacar el dolor, y solamente me metía en más problemas.  Pero llegó el día que dejé de tratar de olvidar y decidí creer que Dios me podía usar a pesar de mi pasado y a pesar de mis problemas.  Y ¿sabe qué pasó?  Dios me usó, me puso en evidencia, me demostró aprobada y a lo largo de los años sirviéndole en el dolor comencé a olvidar el dolor.  Y sé que algún día llegaré al punto de bendición cuando me volveré como el tronco del árbol, grueso, que no siente las grandes tormentas de la vida como lo sienten las ramas delgadas que son arrastradas por el viento.  Y ese es el fruto de la aflicción, confianza en la tormenta.  Confianza en Dios y en su soberanía y su poder aun cuando los vientos y las lluvias den con ímpetu contra de la casa, sabiendo que no va a caer porque está fundada sobre la roca que es ¡Cristo Jesús!  (Mateo 7:24-25).  Y aun ahora, en medio de la dificultad, y reconociendo que todavía estoy en camino a la perfección, con esta confianza estoy segura de que como el fuego del horno ardiendo solamente pudo quemar y consumir a lo que traía atado a Sadrac Mesac y Abed-nego (Daniel 3), de igual manera, el horno de aflicción (Isaías 48:10) solamente servirá para soltar las ligaduras de opresión que el diablo usaba para quererme atar.

Es muy necesario entender, desde un principio que fruto no es algo que hacemos, ¡es algo que Él hace en nosotros!  “Efraín dirá: ¿Qué más tendré ya con los ídolos?  Yo lo oiré, y miraré; yo seré a él como la haya verde; de mí será hallado su fruto.  ¿Quién es sabio para que entienda esto, y prudente para que lo sepa?  Porque los caminos de Jehová son rectos, y los justos andarán por ellos; mas los rebeldes caerán en ellos” Oseas 14:8-9.  El fruto en la aflicción es un cambio en el espíritu.  Es un espíritu apacible (1 Pedro 3:4) es un espíritu humilde y manso, es un espíritu paciente y templado, es un espíritu amoroso y gozoso, es un espíritu bondadoso (Gálatas 5:22-23) por haber aprendido a compadecerse del dolor de los demás.  Y solamente aprendemos a compadecernos del dolor ajeno cuando hemos sido hechos partícipes de los sufrimientos de Cristo (2 Corintios 2:4).

-El fruto que Dios requiere-

Entonces ¿Cuál es el fruto que Dios requiere?  Es nuestra confianza aun cuando parece que nuestra vida se acaba.  Cuando yo llegué al punto de sentir que mi vida se acababa, a sentir que lo estaba perdiendo todo, y realmente perdí todo, tuve que batallar contra el deseo de creer que Dios me había abandonado.  Fue tan difícil poner mi confianza plenamente en Dios en aquellos momentos porque el diablo susurraba en mi oído, diciéndome que Dios ya no me quería, que Dios me había abandonado, que yo ya no podía ni servirle a Dios ni siquiera ser amada por Dios, el diablo me preguntaba ¿realmente existe Dios?  El diablo quería hacer que yo pusiera mi mirada en mi circunstancia y no en Cristo Jesús.  Y llegó un momento cuando me sentía totalmente sin esperanza y sin futuro.  En ese momento Dios me ayudó a través de la Palabra y a través de su pueblo a recordar todos los beneficios de Él y a recibir su paz, la paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7).  Y eso es el fruto que Dios requiere, una mente que permanece en Él (Isaías 26:3) y un amor ferviente para Él y para los demás que nos conduce a las buenas obras.

“Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.  Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo” 2 Pedro 1:5-8.  El fruto en si no es la obra, por eso el Señor dice en La Biblia “Yo, Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” Jeremías 17:10.  Si la obra fuera un fruto, no diría ahora en La Palabra de Dios ‘según el fruto de sus obras.’  Más bien el fruto es la intención del corazón.  El fruto es la motivación detrás de la obra.  (Entonces la obra viene siendo la semilla en el fruto.)  El fruto es algo intangible que solamente Dios puede ver.  El fruto del que habló José en Génesis diciendo “Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción” (Génesis 41:51) era un cambio en su corazón.

-Guardando nuestro fruto-

Dios se agrada de nosotros cuando detrás de nuestras obras está el fruto espiritual que Él desea.  Dios se deleita en que haya en nosotros ese fruto.  “¿No es Efraín (fructífero) hijo precioso para mí?  ¿No es niño en quien me deleito? pues desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente.  Por eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia, dice Jehová” Jeremías 31:20.   Ciertamente tendrá el Señor misericordia de los que aún en la aflicción dan fruto apacible de justicia, reconociendo que la aflicción no es más que la mano de Dios formándolo a uno, moldeándolo a su imagen y semejanza (Hebreos 12:11).

Nuestro enemigo, el diablo, hará todo lo posible para evitar que ese fruto se manifieste en nuestras vidas, porque él conoce el poder que hay en dar fruto en la aflicción.  Él se encargará de destruir ese fruto si nosotros lo permitimos, por esto tenemos que conocer las maquinaciones de nuestro enemigo.  “Y yo era como cordero inocente que llevan a degollar, pues no entendía que maquinaban designios contra mí, diciendo: Destruyamos el árbol con su fruto, y cortémoslo de la tierra de los vivientes, para que no haya más memoria de su nombre” Jeremías 11:19.  Si no entendemos que el diablo está maquinando contra de nosotros para destruir nuestro fruto, o sea que no solamente quiere vernos afligidos, no quiere permitir que haya la satisfacción de un fruto en esa aflicción; si no entendemos esto, seremos como cordero llevado al matadero, iremos a la perdición sin darnos cuenta.  Hay poder en entender los planes de Dios y conocer sus designios.  Es el poder de saber que Dios es soberano y que si operamos conforme a su plan y propósito seremos bendecidos (Génesis 26:3-5).

-La verdadera bendición, una vida de llena de frutos-

“¿Quién sabe si volverá y se arrepentirá y dejará bendición tras de Él, esto es, ofrenda y libación para Jehová vuestro Dios?” Joel 2:14.

La verdadera bendición es tener algo en la mano para darle a Dios.  En Hechos 20:35 dice; “En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.”  Aquí en Joel 2:14 la bendición más grande que Dios puede dejarnos es una ofrenda y una libación para Él.  Qué feo es no tener nada para darle al Señor.  Qué feo es querer hacer algo para Dios y no tener como.   Eso era especialmente difícil para los Israelitas, que según la ley de Dios debía presentarse todo hombre delante de Jehová tres veces al año, en la pascua, en la fiesta de las semanas (Pentecostés) y en la fiesta de los Tabernáculos, y ninguno debía de presentarse con las manos vacías.  Cada uno tenía que traer una ofrenda de su mies, su olivo o de su viña según la bendición que había recibido del Señor (Deuteronomio 16:16-17).

Cuando falta el fruto espiritual en nuestras vidas no tenemos nada para darle a Dios.  Cuando falta el fruto espiritual en la vida del creyente, no hay uvas para exprimir para poder derramar una libación del vino superior que representa el gozo en el Espíritu Santo. Entonces falta en nosotros el cántico nuevo, falta el sacrificio de alabanza, el fruto de labios que confiesan su nombre (Hebreos 13:15).  Cuando la tierra no da trigo, no hay para la ofrenda mecida y ya no hay paz para poder levantar manos santas sin ira y sin contienda como ofrenda delante de Dios (1 Timoteo 2:8). Como falta el gozo faltan las fuerzas y las manos caen y las rodillas se paralizan.  Sin embargo, el Señor manda levantar las manos caídas y esas rodillas paralizadas (Hebreos 12:12), eso solamente se realiza mediante un trato por el Espíritu Santo.  Mucho mejor es ser obediente a La Palabra de Dios y rendir el fruto espiritual antes que venga la disciplina del Señor ya que la disciplina es con el propósito de que demos fruto (Hebreos 12:11).

-El bien de Jehová-

“Y mi alma se alejó de la paz, me olvidé del bien, y dije: Perecieron mis fuerzas, y mi esperanza en Jehová.” Lamentaciones 3:17-18

El bien de Jehová, según la Biblia es el pan, el vino y el aceite; la Biblia, el gozo y la unción.  Sin esos frutos en nuestras vidas, sin conocimiento de la Biblia adquirida estudiándola y pidiéndole al Señor, sin el gozo que viene de la alabanza, sin la unción que viene de una búsqueda sincera del Señor, nosotros tampoco vamos a tener paz, tampoco tendremos ni fuerzas ni esperanzas.  Porque todo esto viene de estar en la voluntad de Dios y la voluntad de Dios para nuestras vidas es que demos fruto (Filipenses 2:13, 1 Pedro 2:15, Mateo 3:10) para que Él pueda multiplicar ese fruto en nosotros (2 Corintios 9:10).

Jeremías hablaba aquí en Lamentaciones después de ver la destrucción que viene al pueblo de Dios cuando se olvida de su Dios y se olvida de dar frutos para Dios.  Jerusalén quedó totalmente destruida, el templo quemado y los utensilios del templo llevados a Babilonia.  Aprendamos una lección de lo que tuvo que padecer el pueblo de Israel.  Dios no cambia, sus leyes espirituales no han cambiado.  Hay que dar fruto.

– ¿Por qué hay una falta de fruto? –

“El que al viento observa, no sembrará; y el que mira las nubes, no segará” Eclesiastés 11:4.

¿Por qué será que los cristianos dejamos de dar fruto muchas veces?  Aunque no hay ninguna razón que nos pudiera justificar delante de Dios una falta de fruto, quisiera explorar algunas de las causas más comunes de la falta de fruto y cómo evitar estas trampas del diablo.

-el desánimo-

Hablaremos primero del desánimo en la vida del creyente.  Cuando el cristiano permite que el desánimo entre en su vida a causa de las circunstancias de la vida, comienza a alejarse de Dios aun sin darse cuenta.  Cuando está agobiado por los problemas de la vida, si su primer recurso no es doblar la rodilla y buscar la verdad sobre su situación en la Palabra, pidiéndole fortaleza al Señor, corre el riesgo de desanimarse.  Solamente el Señor nos puede dar las fuerzas suficientes para sobrellevar las cargas diarias de la vida y para salir triunfantes de las pruebas grandes que son comunes a todo ser humano.  El diablo quiere alejarnos de Dios, para intentar lograr esto, manipula nuestra perspectiva en cuanto a las circunstancias de la vida.  Comienza a hablarnos al oído palabras negativas.  ‘Nunca saldrás de este problema’, ‘No podrás aguantar esta tentación’ y de muchas formas más habla nuestras mentes para quitar nuestros ojos de Cristo y ponerlos en las circunstancias.

El diablo sabe que la mente humana es muy limitada y solamente puede enfocarse en una cosa a la vez; Dios y su grandeza o las circunstancias de la vida.  Por eso es que la Biblia nos amonesta en Hebreos 12:1-2: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso, y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”  El apóstol Pablo quiere que entendamos que solamente si nuestros pensamientos son de Jesús lograremos vivir la vida cristiana en victoria.

En Eclesiastés 11:4 dice que la persona que “al viento observa, no sembrará.” En los tiempos de Salomón a quien se le atribuye este libro (Eclesiastés 11:1-2) y en los tiempos de Cristo los hombres ayuntaban sus bueyes y araban sus campos con cuchillo y luego se paseaban en medio del campo y tiraban la semilla, y sabemos por la parábola del sembrador que no toda la semilla caía en la tierra que el sembrador había preparado.  Entonces si el sembrador pensaba demasiado en las posibilidades de que su semilla cayera fuera del terreno arado debido al viento que soplara perdería el tiempo de sembrar.  Y cualquier persona que sabe acerca de la siembra, sabe que en cierto tiempo se tiene que sembrar la semilla, cada planta; maíz, trigo, etc. tiene su tiempo en que tiene que estar sembrado para que reciba la lluvia y el sol que necesita antes de que venga el frío del invierno.

La semilla es inútil mientras permanece en la mano, solamente puede crecer cuando ha sido plantado.  Nada hacemos mirando al viento, mirando a las circunstancias de la vida.  Tenemos que mirar a la mano de Dios y caminar por fe.  Caminar teniendo fe que Dios se encargará de que nuestra semilla caiga sobre buena tierra.

Muchos cristianos están siempre diciendo que van a servir a Dios cuando la situación que están atravesando esté mejor.  Siempre tenemos una excusa para no servirle a Dios; la economía, la situación familiar o el estado emocional, ninguna de estas excusas es válida delante de Dios porque Él sabe y si somos sinceros, nosotros también sabemos que si no es un problema hoy es otro problema mañana.  Si esperamos que nuestra vida esté en orden para servirle a Dios, nunca le vamos a servir.

-El remordimiento-

“Y lo que hubiere quedado de la casa de Judá y lo que hubiere escapado, volverá a echar raíz abajo, y dará fruto arriba” Isaías 37:31.

Hay personas que por su pasado creen que no pueden servir a Dios, creen que le han fallado al Señor hasta el punto de no poder ser restaurados a su servicio.  El pueblo de Israel había fallado al Señor en gran manera.  Se habían olvidado de sus leyes y de su pacto, habían dejado de servirle a Él e iban tras dioses ajenos.  Hasta el punto que en Ezequiel 8:16 dice: “Y me llevó al atrio de adentro de la casa de Jehová; y he aquí junto a la entrada del templo de Jehová, entre la entrada y el altar, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al templo de Jehová y sus rostros hacia el oriente, y adoraban al sol, postrándose hacia el oriente.”  En la misma casa de Dios, adoraban a la creación en vez de adorar a su creador.  Sin embargo, en Isaías 37:31 da la promesa de que volverían a echar raíz para abajo y fruto para arriba.

La Palabra de Dios es bien claro que no hay nadie que merece servirle a Dios, eso solamente es por misericordia, pues dice: “…No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda.  No hay quien busque a Dios.  Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” Romanos 3:10-12.  Nadie merece servirle a Dios, todos somos pecadores salvos solamente por la gracia de Dios que nos dio por medio de su Hijo Jesús.  Cualquiera que sea su pasado, todavía puede servirle a Dios.  Todavía puede echar raíces para abajo, todavía puede estar cimentado y arraigado en el amor de Dios (Efesios 3:17).  Todavía puede hacer un efecto para el Señor.  Cristo todavía le puede usar.  Él se complace en levantar al caído.  Acuérdese que “Siete veces cae el justo y vuelve a levantarse” Proverbios 24:16. Levántese en el Señor, vuélvase al camino de la restauración y santificación y sírvele al Señor, Él pagó el precio de su propia sangre para que usted no tuviera que pagarlo.

-El Fruto Que no Permaneció-

“Hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil, y el campo fértil sea estimado por bosque.  Y habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil morará la justicia.  Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre” Isaías 32:15-17.

Hay esperanza aun si no ha estado dando fruto o si su fruto no ha permanecido porque cayó en algún pecado o en el desánimo después de empezar a dar su fruto.  Si arrepentido se acerca a Dios, Él derramará sobre su vida el Espíritu Santo de nuevo para despertar su corazón para andar de nuevo conforme a estas leyes espirituales.  Y su vida será transformada del todo y repentinamente.  El Señor no desecha para siempre al justo “antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias” Lamentaciones 3:32.  Su vida todavía puede ser estimada como campo fértil para el Señor, todavía puede dar muchísimo fruto para Dios.  Y es increíble la promesa que da el Señor en estos versículos, que el juicio morará en el desierto, lejos de su vida, no habrá juicio por lo que falló un tiempo, sino que Dios solamente tendrá en cuenta lo que ahora está dando de fruto, por cuanto dice en Ezequiel 18:22: “Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá.”

Isaías 32:15-17 también promete que la justicia y los efectos de la justicia que son: paz, reposo y seguridad morarán con nosotros.  Muchas veces vemos esa palabra justicia y pensamos en juicio en vez de paz porque lo asociamos con hacer justicia y pagar a cada uno conforme a su obra.  Sin embargo, hay otro significado de la palabra justicia en la Biblia.  Justicia significa estar bien delante de Dios y es algo que proviene no de lo que nosotros hacemos sino de lo que Cristo hizo.  Por eso dice en Romanos 3:21-24: “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.”  Todos hemos pecado sin faltar a ninguno.  Los pastores, los profetas, los evangelistas, y todos los demás creyentes hemos pecado, le hemos fallado a Dios de una o de otra manera, y Dios no hace acepción de personas y tampoco califica a un pecado como peor que otro pecado por eso dice en Santiago 2:10: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpables de todos.”

Ha llegado el momento de levantarnos en Cristo Jesús y aceptar su regalo gratuito de la gracia, su regalo de justificación con la cual nos justificó al salvarnos.  ¿Qué significa ser justificado?  Significa que su vida está delante de Dios, con todos sus pecados y Dios lo declara “no culpable” de todos sus pecados. ¿Cómo es posible? Es posible porque en la cruz del Calvario Cristo llevó nuestra culpa, llevó nuestro pecado.  Estamos tan blancos como la nieve por la sangre de Cristo Jesús.  No pisoteamos el regalo de la justificación condenándonos más.  Caminemos por fe, creyendo que aún podemos servir a Dios. ¡Se va a maravillar de lo que Dios va a hacer a través de su vida!

Sección Dos – Frutos de Justicia, El bien de Jehová: Capítulo Dos, La Vid

vineyard by Sean MacEntee found on Flickr

Una Viña, Foto por Sean MacEntee, Foto encontrada en Flickr.

“Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven usted, reina sobre nosotros.  Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?” Jueces 9:12-13

¿Cómo definir lo que es un árbol?  Lo que es un árbol puede ser definido como cualquier planta con un tronco de madera la cual es perennal (la cual vuelve a brotar año tras año).[i]  Basándose en esta definición la vid es un árbol, aunque nunca lo había considerado yo como tal sino como un arbusto.  Pero aún más importante que una definición humana es La Palabra de Dios, y aquí en este versículo el Señor lo está llamando árbol a la vid.

La vid es un árbol de muchísimas contradicciones.  Mientras que su ‘tronco’ es inútil (Ezequiel 15:1-4), su fruto era indispensable en Israel en los tiempos de los profetas y de Cristo.  El único trabajo de la viña es dar abundante fruto, mientras que el labrador de la viña tiene trabajo interminable.  Tiene que recortar la vid, limpiarla en el invierno, y en el verano otra vez recortar y limpiar y atar las ramas a soportes.  Requiere, por lo menos, la uva morada de agua constantemente, y todo esto para una sola cosecha en septiembre, y una cosecha bastante trabajosa, pero como veremos más adelante, ¡era y sigue siendo una cosecha de gozo!  A pesar de estas contradicciones y el afán y el trabajo de este árbol, encontramos versículos como el siguiente en el libro de Isaías 65:8 “Así ha dicho Jehová: Como si alguno hallase mosto en un racimo, y dijese: No lo desperdicies, porque bendición hay en él; así haré yo por mis siervos, que no lo destruiré todo.”

-Cetro del Rey-

“Tu madre fue como una vid en medio de la viña, plantada junto a las aguas, dando fruto y echando vástagos a causa de las muchas aguas.  Y ella tuvo varas fuertes para cetros de reyes y se elevó su estatura por encima entre las ramas, y fue vista por causa de su altura y la multitud de sus sarmientos.” Ezequiel 19:10-11

Este versículo habla simbólicamente de Israel.  Compara a Israel con una vid.  La vid debe dar abundante fruto por lo que su madera realmente es inútil para cualquier obra.  Ese fruto debe beneficiar al labrador de la viña, pero Israel como veremos, no dio fruto para Dios. Al ver que sus vástagos se habían fortalecido y servían para algo, para cetro de rey, se equivocó en creer que el fruto era para ella misma.  En el capítulo anterior vimos en la Biblia acerca de a quién le pertenecen los frutos que rendimos.  Y mientras que es cierto que nosotros vamos a gozarnos como consecuencia de rendir frutos, los frutos en sí le pertenecen a Dios porque de Él fluyen todas las bendiciones.  Todo lo que somos y tenemos como cristianos le pertenece a Dios.  Sin embargo, Israel no reconoció esa verdad, como nos dice el Señor en Oseas: “Israel es una frondosa viña, que da abundante fruto para sí mismo; conforme a la abundancia de su fruto multiplicó también los altares, conforme a la bondad de su tierra aumentaron los ídolos.  Está dividido su corazón.  Ahora serán hallados culpables…”  Oseas 10:1-2.

Seremos hallados culpables si nos jactamos en la presencia de Dios debido a nuestros frutos.  Si permitimos que nuestro corazón se divida entre agradar a Dios y ser vistos por los hombres.  Es fácil caer en la soberbia y la vanagloria cuando Dios lo usa a uno en abundancia.  Pero al caer en esos pecados corta el mismo fluir del Espíritu en su vida y del Espíritu viene el fruto.  Israel, nos dice en Ezequiel 19, fue vista a causa de sus muchos sarmientos, su mucho fruto.  Por causa de ese fruto fue levantado Israel, se elevó sobre las demás naciones, pero ¿a causa de qué?  A causa de las muchas aguas.  A causa del Espíritu Santo de Dios que la sostenía.  Hay un gran peligro en dar fruto para uno mismo, es el peligro a la jactancia y a la vanagloria, dos cosas que cortan la bendición en la vida del creyente.  Debemos mantenernos humildes en la presencia de Dios porque “Jehová exalta a los humildes, y humilla a los impíos hasta la tierra” Salmos 147:6.

El peligro de dar fruto para sí mismo es la jactancia y la consecuencia de la jactancia es caer de la gracia de Dios.  Quizás por eso el Señor hizo a la viña con esa gran contradicción de fruta deliciosa y codiciable y madera inútil.  Muchas veces el Señor, en su sabiduría, conociéndonos como somos, tiene que darnos una debilidad para mantenernos humildes delante de Él, así como hizo con el apóstol Pablo: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera” 2 Corintios 12:7.  Aceptemos de la mano del Señor no solamente lo bueno sino también lo que a nosotros nos parece malo, porque el Señor en su infinito sabiduría está cuidándonos de la jactancia que puede ser común entre los cristianos.

-La vid Verdadera–

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.  Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará para que lleve más fruto.” Juan 15:1-2

¡Nuestro Padre celestial tiene trabajo arduo e interminable con nosotros!  Gracias a su misericordia sigue trabajando en nosotros, aunque muchas veces somos pámpanos rebeldes que queremos llevar fruto ¡pero para nosotros mismos!  Como ya vimos, así era el pueblo de Israel también.  Teniendo corazón dividido no servían a Dios de todo corazón, aunque Él los plantó a ellos, los sembró en buena tierra, esperando una gran cosecha de fruto para el reino de Dios, pero ellos querían el fruto para ellos mismos.  El fruto que es producido en nuestras vidas, frutos de justicia, frutos espirituales que pudieran edificar y alimentar al pueblo de Dios, muchas veces los queremos usar para nuestro propio beneficio en vez de rendirlos para ser una bendición a otros.  Dios produce en nosotros gozo y paz y no queremos enseñar a otros como tenerlos en su vida, ni queremos alegrar la vida a otro.  El Espíritu Santo derrama en una vasija ciencia, inteligencia y sabiduría divina y luego esa persona se niega a usar el fruto de esos dones que Dios mismo ha depositado en él para ayudar a los que necesitan, a no ser por ganancia (2 Timoteo 6:5-6).  El deseo de Dios es que rindamos abundante fruto para una sola razón, para ser de bendición en la vida de los demás, así nos haremos útiles en el Reino de los Cielos, “de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8.

En Eclesiastés 11:1-3, nos lo explica el Señor de otra manera, y allí mismo en el versículo tres ¡nos da una advertencia!  “Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás.  Reparte a siete y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra.  Si las nubes fueran llenas de agua, sobre la tierra la derramarán; y si el árbol cayere al sur o al norte, en el lugar que el árbol cayere, allí quedará.”  Entregando a Dios el fruto que rindamos en nuestras vidas, el cual viene a través de la manifestación del Espíritu Santo en nuestras vidas, para que lo utilice para bendecir a las vidas de muchas personas es la única manera de lograr disfrutarlo.

Si lo echamos sobre las aguas, si lo echamos sobre el Espíritu Santo (agua 1 Corintios 12:13) con fe en la Palabra (agua Isaías 55:10-11) y en un espíritu de anticipación, entonces Dios permitirá que nosotros también disfrutemos de ese fruto, y volverá a nosotros.  Porque la Biblia dice “A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho se lo volverá a pagar” Proverbios 19:17.  El que presta ¿no recibe luego lo que prestó y aún con intereses?  Así es cuando uno presta a Dios, dando al que tiene de cerca, compartiendo dones y frutos espirituales, emocionales, físicos y económicos.

En el versículo dos de Eclesiastés capítulo 11, ¡Dios nos está pidiendo que compartamos el fruto en nuestras vidas con todo aquel que se nos ponga en nuestro delante!  ¡Sin acepción de personas!  “Hermanos míos, que vuestra fe en el Señor sea sin acepción de personas…pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores” Santiago 2:1 y 9.  Estas palabras vienen con una advertencia, reparta porque no sabe el mal que vendrá sobre la tierra.  Reparta y a muchos, no quede convicto como transgresor. El versículo tres del capítulo 11 de Eclesiastés trae una última advertencia para aquella persona que desea rendir fruto para sí mismo.  Nos dice “Si las nubes fueran llenas de agua, sobre la tierra la derramarán.”  Es necia la persona que cree que podrá retener su propio fruto.  Cuando el fruto del árbol madura, con una pequeña sacudida el fruto cae del árbol, y se pudre en la tierra, y lo que no cae los insectos lo comen.  El fruto todavía inmaduro no lo comen los insectos porque es amargo todavía, pero ya maduro y dulce está expuesto a toda clase de insecto y de ave.  Si uno no rinde su fruto para Dios, se engaña a sí mismo creyendo que podrá retenerlo para uno mismo.  Tanto como la nube una vez llena no puede detener su lluvia, y el árbol una vez maduro su fruto tampoco no lo detiene, ¡nosotros no podremos!  ¡Entreguemos todo nuestro fruto al Labrador Divino, Dios Padre!

-El labrador de nuestra viña-

“Como tú no sabes cuál es el camino del viento (Del Espíritu Santo – Juan 3:8) o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas” Eclesiastés 11:5.

“Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña.  Tenía mi amado una viña en una ladera fértil.  La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres… ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?  ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?” Isaías 5:1-2 y 4. ¿Qué más puede hacer Dios para nosotros para que le demos fruto en abundancia y Él pueda sacar algún provecho de nuestras vidas?  Nos ha dado una tierra fértil, plantándonos en una iglesia llena del fuego del Espíritu Santo.  Somos nosotros que causamos divisiones en la tierra y arruinamos lo lindo que Dios nos ha dado.  Nos ha puesto cerco todo alrededor de nosotros, protegiéndonos de todo ataque de las fieras del campo, del diablo y sus demonios.  “Mas Tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza” Salmos 3:3.  Muchas veces somos nosotros que quitamos nuestro propio cerco, queriendo vivir, según nuestros pensamientos, libres (según nuestro pensamiento), cuando el pecado no es libertad, sino que es esclavitud.

Él ha despedregado la tierra, quitando todas las piedras de tropiezo que hay a nuestro alrededor.  Y nos enseña a poner nuestra mirada en Él para no tropezar a causa del comportamiento de algunos que solamente se llaman ‘cristianos’.  El problema es que a nosotros muchas veces nos gusta el chisme, nos gusta el saber, y quitando la mirada de Cristo para escuchar lo que no edifica, cuando nos damos cuenta, ya la viña está repleta de piedras que vienen a causa de nuestro pecado.

Nos plantó el Señor, esto significa más que el pequeño esfuerzo del sembrador que nada más avienta la semilla y cae donde cae, y parte va caer en buena tierra, pero la mayoría no (Mateo 13:3-9).  El labrador de la viña, para plantar una vid, especialmente una vid escogida como dice de nosotros en estos versículos de Isaías, hace un hueco en la tierra a la medida exacta para la preciosa vid que va a plantar.  Y luego lo pone a la tierra y rellena el hueco con abono y tierra buena.  El Señor tomó con nosotros todas las precauciones para que rindamos uvas y no uvas silvestres, para que demos fruto abundante para el reino de los Cielos y no fruto para nosotros mismos, que simbolizan las uvas silvestres, o aun peor, nada de fruto.

Edificó torre en medio de nosotros para estar Él en medio de nosotros.  “Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel” Isaías 12:6.  Edificó torre allí para estar con nosotros de día y de noche y nunca dejarnos solos.  “Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?  Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.  No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda.  He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel.  Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha.  El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche.  Jehová te guardará de todo mal; El guardará tu alma” Salmos 121:1-7.  Edificó torre en medio de nosotros para estar omnipresente con nosotros y saber siempre en qué condiciones nos encontramos, para cuidarnos del fuerte sol del día y del fuerte frío de noche.  Edificó torre en medio de nosotros para espantar a las zorras: “Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; Porque nuestras viñas están en cierne” Cantares 2:15.  El Señor reconoce cuando estamos en cierne, cuando estamos brotando la flor que se convertirá en fruto y que en ese momento está delicada y tierna nuestra vid delante de Dios porque está por manifestarse la promesa de fruto en nuestras vidas.  A todo costo, el Señor estará con nosotros para traer a luz ese fruto que tal vez ahora mismo es solamente una promesa para el futuro.

Finalmente, el Padre ha hecho un lagar en medio de nosotros.  Esto demuestra que Dios realmente cree en nuestra capacidad para producir buenas uvas.  Nos miró, nos llamó ‘vides escogidas’ e hizo todo lo posible para que podamos dar buen fruto y en gran abundancia.  Para que Él pueda extraer de nosotros bendición, gozo para derramar en las vidas de las demás personas.  Dios cree en nuestra capacidad de rendir buen fruto hasta tal punto que se esfuerza haciendo en medio de nosotros el lagar.  ¿Qué es el lagar?  Se estará preguntando, ¿Por qué poner tanto énfasis en el hecho que el Señor haga un lagar?  El lagar es el lugar donde las uvas son vaciadas y pisadas para extraer de ellos su mosto.  Entonces con el hecho de que el Señor tome el tiempo de construir un lagar en medio de nosotros significa que Él está seguro que vamos a rendir fruto y que ese fruto va a ser buen fruto, útil para una “libación de vino superior ante Jehová” Números 28:7.  Posiblemente, usted haya visto los lagares del día de hoy que son hechos simples con madera y clavo y calafateados para no perder el mosto.  De un lagar así no está hablando el Señor, sino que, en los tiempos bíblicos, no era cosa tan liviana hacer un lagar.  ¡Los lagares entonces tenían que ser cavados de rocas![ii]  ¡La misma palabra hebrea que aquí es traducida como lagar significa excavar!  ¡Qué gran esfuerzo de Dios para con nosotros!  ¡Qué ingratitud de parte nuestra no darle el fruto que Él espera!

-Uvas silvestres-

 “Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada.  Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella.  Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya.  Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor” Isaías 5:5-7.   Dios espera de nosotros frutos apacibles de justicia (Hebreos 12:11), espera que demos fruto con perseverancia (Lucas 8:15), espera de nosotros un fruto que permanezca (Juan 15:16), fruto de santificación (Romanos 6:22), fruto que abunde (Filipenses 4:17), fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23) y sobre todo fruto de labios que confiesan su nombre (Hebreos 13:15) que reconocen que de Él vienen sus frutos.  Si no damos los frutos que Él espera, somos echados afuera, cortados, y hollados.  Dios no puede ser burlado.  Quitará nuestro cerco y nuestra torre y seremos expuestos a las fieras del campo, a todo ataque de nuestro enemigo el diablo.  No seamos más así, seamos sinceros con Dios, ¡no rebeldes!  ¡Porque el Espíritu de Jehová no siempre contenderá con el hombre! (Génesis 6:3) y “los caminos de Jehová son rectos, y los justos andarán por ellos; mas los rebeldes caerán en ellos” Oseas 14:9. No caigamos aun caminando en el camino angosto, seamos sensibles a la voz del Espíritu Santo, rindamos abundante fruto, pero no para nosotros mismos sino para avanzar el Reino de los Cielos.

-Fruto más abundante-

Es a la vez beneficial y duro para la viña el trato del labrador, pero es para su bien, es para que pueda crecer y ser exitosa en su único propósito, el de llevar fruto.  “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” Juan 15:8.  Pues en el versículo dos, de Juan 15, la Biblia nos dice que aun el pámpano que está llevando fruto no escapa del labrador.  Es limpiado para que pueda llevar más fruto.  Las hojas viejas y secas son quitadas, las flores inútiles que no van a dar fruto son arrancados y el pámpano tiene que ser amarrado a un soporte para aguantar el peso de las uvas una vez que éstas hayan madurado.  Y es necesario soportar de buena gana todo este trato porque “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿Qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?” Hebreos 12:7. Siendo hijos, recibiremos disciplina porque Él azota a todo aquel que recibe por hijo (Hebreos 12:6) sin acepción de personas, sin necesidad de que primero hagamos algo malo (pues el pecado está ligado a nuestro corazón desde el nacimiento (Proverbios 22:15)).  El azote que el Señor da es uno para rendir un carácter agradable delante de su presencia.  Un carácter lleno de los frutos que debe rendir todo cristiano.  Es normal en una vid que se sequen las hojas, pero eso no significa que el labrador no los va a arrancar.  Los tiene que arrancar para que puedan crecer más hojas verdes en su lugar (veremos más adelante la gran importancia de las hojas).  De igual manera, puede haber cosas en nuestras vidas, actitudes o hábitos que en si no son malos, pero Dios, viendo el final deseado de nuestras vidas sabe que las tiene que quitar, esa es la verdadera disciplina de Dios.  ¡Eso es lo que rinde un cristiano lleno del poder del Espíritu Santo!  Aun siendo duro este trato para la viña y para uno, es más duro para el Padre.  ¡Imagínese su corazón de Padre cuando escucha y ve las lágrimas de sus hijos y sus hijas!

-La necesidad de agua-

“Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación, y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres, en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido” Isaías 12:3-4.

La uva morada para que sus viñas estén cargadas de uvas requiere de agua constantemente.  Si no reciben el agua que necesitan se marchitan, se secan y finalmente se mueren.  Pero fiel es nuestro labrador, Dios Padre, tan fiel que dice en la Biblia “si fuéremos infieles, Él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo” 2 Timoteo 2:13.  Y nos da invitación tras invitación en la Biblia de tomar de sus aguas.  En este versículo de Isaías 12, nos enseña cómo adquirir el agua que necesitamos.  “Sacaréis con gozo…”  Es necesario gozarnos en nuestro Dios, que Él sea nuestro gozo, nuestra delicia para poder sacar las aguas que nosotros necesitamos.  Es importante notar aquí que habla de aguas.  En si la palabra agua es plural, indicando una cantidad de agua.  La palabra aguas denota una cantidad de más que un tipo de agua.  Esas aguas que necesitamos vienen siendo el Espíritu Santo para refrescarnos (Juan 7:38, Apocalipsis 22:1) y la Palabra que sale de la boca de Dios que hace germinar y producir (Isaías 55:10-11).  Y ¿de dónde vamos a sacar esas aguas?  “de las fuentes de la salvación” que significa Cristo Jesús.  Otra vez la palabra es plural.  Fuentes en vez de fuente, indicando más de una fuente, entonces creo que es debido analizar más a la salvación.

Si Dios nos dice aquí que hay fuentes de salvación, pero sabemos que la salvación viene de una confesión de fe en Jesucristo: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.  Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” Romanos 10:9-10; entonces esta confesión es lo que resulta en la salvación, pero el proceso de la salvación comienza antes de la confesión y sigue aun después.  Estas son las fuentes de la salvación;

  • La gracia del Señor Jesús (Hechos 15:11)
  • La justificación de la sangre del Señor Jesús (Romanos 5:9)
  • La reconciliación mediante la muerte de Cristo (Romanos 5:10)
  • La esperanza en Cristo (Romanos 8:24)
  • La retención de la palabra predicada (1 Corintios 15:2)
  • El obsequio de la vida, cuando estábamos muertos en nuestros pecados (Efesios 2:1 y 2:5)
  • La fe en Cristo (Efesios 2:8) Y esa fe siendo don de Dios (Romanos 12:3)
  • El amor de la verdad (2 Tesalonicenses 2:10)
  • El creer en el Señor Jesús y ser bautizado (Marcos 16:16)
  • La Perseverancia aun cuando somos aborrecidos por causa de Cristo. (Marcos 13:13)
  • La Benignidad de Dios (Romanos 2:4)

Sabiendo que la uva requiere de agua constantemente ¿Se imagina el trabajo de Dios en regar a todos los creyentes todos los días?  Pero Dios tiene unas aguas especiales  “… el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” Juan 4:13-14 y  “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” Juan 7:38.  El agua en términos humanos, al recibir y consumirlo se acaba y vuelve uno a tener sed, pero el agua que da Cristo, el agua del Espíritu Santo y de La Palabra de Dios es especial, de una vez derramado en nosotros se vuelve una fuente, se vuelve un agua que nunca se gasta, más bien se está renovando constantemente dentro de nosotros, de tal manera que si seguimos a Cristo y retenemos una comunión íntima e estrecha con Dios, no tendremos nunca más necesidad de otro agua ni de otro depósito de agua.  El depósito original de Cristo se renueva y se purifica cada vez que oramos, cada vez que leemos La Palabra de Dios, cada vez que ayunamos y cada vez que en la iglesia alabamos y adoramos a su Santo Nombre.

-La bendición del racimo-

“Así ha dicho Jehová: Como si alguno hallase mosto en un racimo, y dijese: No lo desperdicies, porque bendición hay en él, así haré yo por mis siervos, que no lo destruiré del todo” Isaías 65:8.

Deseo dar otra llamada a congregarse.  El mosto, la bendición de que habla el Señor en este versículo es el del racimo.  De una uva no se hace vino, se hace cuando el lagar se ha llenado hasta rebosar con miles de racimos de uvas.  Hay una gran importancia en la alabanza y la adoración corporal.  Muchas personas creen que hacen bien quedándose en su casa para alabar a Dios, pero la Biblia dice: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos” Mateo 18:21.  La presencia prometida del Señor es en la congregación de los santos.  La Biblia también dice que la presencia de Dios habita entre las alabanzas de su pueblo (Salmos 22:3).  La persona que se queda en casa en vez de congregarse en una iglesia pierde una grande bendición.  Porque cuando el pueblo de Dios se junta y alaba y adora a Dios unánimes y a una voz (Romanos 15:6) la presencia de Dios desciende en ese lugar y llena no solamente el lugar, sino que también llena cada vaso que ha dispuesto su corazón para buscar de Dios.

En Salmos 133 dice: “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía…Porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna ¡” Salmos 133:1y3b.  El Señor envía bendición a su pueblo cuando el pueblo se reúne para buscar su rostro.  No es suficiente con alabar a Dios y leer la Biblia en la casa, de hecho, en Romanos 10:17 dice que “la fe es por el oír” y en Apocalipsis 1:3 la Biblia promete una bienaventuranza a los que oyen las palabras de Apocalipsis.  En el racimo hay bendición, bendición que Dios promete no destruir, bendición que Dios manda que no desperdiciemos.  Seamos sensibles a La Palabra de Dios, pongámoslo por obra.  Necesitamos estar rodeados de creyentes.  Necesitamos congregarnos en una iglesia.  Las uvas no crecen individualmente, crecen en racimo.  Las uvas no rinden su mosto individualmente, lo rinden en racimo.

-Una nota a los casados-

“Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa…” Salmos 128:3

En los tiempos Bíblicos, sembraban vides no solamente en viñas, sino que también los sembraron junto a las casas.  En aquel tiempo, las casas fueron hechas de adobo y las paredes de la casa retenían el calor del sol que las alumbraba en el día de tal manera que aún en el frío de la noche una vid sembrada junta a la casa se mantenía caliente toda la noche.  Esa calor permitía a la viña rendir fruto en gran abundancia.

El esposo debe cumplir esa misma función en el hogar, debe dar a la esposa el calor y el cariño necesario para que ella florezca y rinda fruto.  En 1 Pedro 3:7, La Palabra de Dios da esta instrucción para los esposos: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.”  Si el esposo quiere que sus oraciones sean oídas por el Señor entonces dice la Biblia que debe usar sabiduría en el trato de su esposa, que la trate como a un vaso más frágil, dándole a ella el honor que merece por ser su esposa y la madre de sus hijos.

En Colosenses 3:19 dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.”  La mujer no florece en condiciones de hostilidad al igual que la viña no da fruto si las condiciones son malos o muy secos o muy fríos.  El hogar influye mucho en la vida de la mujer; y el hombre, como cabeza del hogar y de la mujer (Efesios 5:23) tiene en sus manos hacer que su mujer se levante y dé fruto para el Reino de Dios, o que la mujer decaiga en su vida espiritual.  Hay mujeres que viven en hogares llenos de desprecio y todavía se hacen grandes mujeres de Dios a través de mucha lucha y sufrimiento, pero como cristiano, Dios pedirá cuentas al hombre si no trata a la mujer como es debido, como una mujer cuya “estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas” Proverbios 31:10.

[i] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

[ii] Strong’s Concordancia exhaustiva #3342

Capítulo 3 El Ciprés: Pavimento, Pared, Puerta y Pandero

lone cypress Timothy Pearce Flickr

Un Ciprés, Foto por Timothy Pearce, Encontrada en Flickr

“Y David y toda la casa de Israel danzaban delante de Jehová con toda clase de instrumentos de madera de haya; con arpas, salterios, panderos, flautas y címbalos” 2 Samuel 6:5.

 Antes de hablar de las características del ciprés, (cuya madera también se llama haya en la Biblia[i]) vamos a ver para qué era usado.  En el templo de Dios que edificó Salomón, fue el pavimento o el piso.  “Y cubrió las paredes de la casa con tablas de cedro, revistiéndola de madera por dentro, desde el suelo de la casa hasta las vigas de la techumbre; cubrió también el pavimento con madera de ciprés.”  1 Reyes 6:15. Uno dirá que no quiere ser como el ciprés en la casa de Dios ¡porque era el piso!  Nadie quiere ser como el piso, que los demás caminen encima de uno.  Pero también fue puerta, “Igualmente hizo a la puerta del templo postes cuadrados de madera de olivo.  Pero las dos puertas eran de madera de ciprés; y las dos hojas de una puerta giraban, y las otras dos hojas de la otra puerta también giraban” 1 Reyes 6:33-34.  Y sin puerta, ¿cómo entrarían las almas para ser salvos?  Incluso, leyendo bien la cita de 1 Reyes 6:15, hasta las paredes fueron cubiertos de madera del ciprés, y la Biblia dice en Isaías 60:18 “a tus muros llamarás Salvación, y a tus puertas Alabanza.”  Seamos para salvación a los que se están perdiendo y alabanza para Aquel que murió por ellos y nosotros.

Aparte de esto, el ciprés fue usado para hacer panderos y otros instrumentos de música para el servicio de la alabanza a Dios.  Una lección muy importante en esto es que el cristiano necesita aprender a ser flexible en su servicio a Dios.  Esta madera fue utilizada de diversas maneras, pero todos sus usos fueron honrosos porque ¡prestaban servicio a Dios!  No importa que estás haciendo en la iglesia, ¡todo lo que se hace para la obra del Señor es importante para Dios!  La casa de Dios siempre necesita piso, puerta, muros e instrumentos de alabanza, qué hermoso que Dios pudo sacar todo esto del mismo árbol.  ¡Qué hermoso que Dios puede usar de muchas maneras a un ser humano!

Estudiando todo lo que pude encontrar acerca del Ciprés aprendí que es un árbol que crece en zonas cálidas y su crecimiento es rápido especialmente en los primeros años, y que ralentiza después.  Tambien aprendi que puede alcanzar los 300 años de vida.”[ii]  La madera del Ciprés verdadero es muy duradera.  Árboles nuevos de este tipo deben plantarse en su lugar permanente cuando están todavía chiquitos.  Requiere el cipres nuevo ser estacado muy bien por doce años porque tienden a ser muy grandes sus copas…pero ¡no sus raíces!  Solamente a fines de estos doce años comienzan a desarrollar buenos raíces.  Son árboles llenos de resina.[iii]

-Zonas Cálidas-

Pienso que todo ser humano crece mejor en ‘zonas cálidas,’ ¡especialmente cuando uno está hablando espiritualmente!  Hay dos tipos de calor a las cuales me refiero.  Primero es el calor de una iglesia llena del fuego del Espíritu Santo y el segundo es que la iglesia sea llena de amor.  ¿Alguna vez ha visitado a alguien en su casa y le han dado tanto amor y tanto cariño, y le han hecho sentir que para él o para ella es una persona importante?  ¡Qué bonito se siente cuando lo traten así!  Yo he conocido personas así y he conocido también personas que cuando he estado en su casa se portan con una frialdad y ¡solamente estaba ansiando que llegue la hora para irme a casa!  De igual manera hay iglesias que cuando entra por sus puertas siente el ambiente de amor y el calor de los hermanos que se congregan en ese lugar.  Y hay iglesias que al no más entra quiere salir corriendo porque le miran mal quizás porque se viste un poco diferente a ellos o por cualquier razón, y nunca más quiere volver a ese lugar.  Con decir esto lo primero que quiero hacerle entender es que debe estar firmemente plantado en una iglesia lleno de amor, donde los pastores dan el ejemplo de amor a la congregación.  Segundo, como cristiano es nuestra responsabilidad cultivar en nuestras vidas el fuego del Espíritu, dar amor a los demás y contribuir a un ambiente amoroso.

Es especialmente importante establecerse en una iglesia así llena del fuego y amor de Dios desde que uno acepte a Cristo Jesús y no andar de iglesia en iglesia porque el crecimiento del cristiano es así como el crecimiento de ciprés.  Cuando uno primera acepta a Cristo Jesús y anda en su primer amor (Apocalipsis 2:3-5), está lleno de un celo para las cosas de Dios, ora, ayuna y lee la Biblia deseando conocerle más y más a Él (esas son las primeras obras) y es cuando la mayoría del crecimiento espiritual toma lugar, ralentizándose después al igual que el crecimiento del ciprés.  Entonces, eso significa que la iglesia en donde uno se siembra ¡es muy importante!  El cristiano siempre tiene que estar aprendiendo y creciendo, así que aún si ya tiene diez, quince o veinte años en el evangelio, no importa, todavía puede tener mucho crecimiento espiritual, es tan simple como pedirle a Dios que le devuelva su primer amor.  Y si leyendo esta parte del libro, reflexiona y siente que la Iglesia en donde se encuentra no es ni llena del fuego ni del amor del Espíritu Santo, doble sus rodillas y ore fervientemente para que el Señor tome control de ese lugar y los bautice en fuego y en el Espíritu (Mateo 3:11).  Comience a dar y demostrar amor para los demás y va a ver que Dios va a honrar el esfuerzo y va a crear una ‘zona cálida’ allí mismo donde ahora se congrega y habrá hecho una gran obra para el Señor.  Fácil es decir ‘yo me voy’ fácil es buscar la comodidad personal, pero un verdadero siervo de Dios no busca su propia comodidad, sino que busca avanzar el Reino de Dios.

-Muchos años de vida-

…porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos” Isaías 65:22.

 “Porque: El que quiere amar la vida Y ver días buenos, Refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engaño” 1 Pedro 3:10. ¿De qué sirven muchos años de vida, si la vida es una miseria?  El ciprés llega a vivir hasta trescientos años, obviamente, nosotros no vamos a alcanzar mucho más de cien años de vida aquí en la tierra, en este cuerpo corrupto, pero los días de nuestra vida ¡pueden ser buenos días!  ¡Podemos amar la vida!  La Biblia nos da instrucción de cómo tener una vida llena de días buenos.  “Refrene su lengua del mal…sus labios no hablen engaño.”  Y también en Salmos dice: “¿Quién es el hombre que desea vida, Que desea muchos días para ver el bien?  Guarda tu lengua del mal, Y tus labios de hablar engaño.  Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela” Salmos 34:12-14.  La lengua según está escrita en Santiago es un mundo de mal: “Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas.  He aquí ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!  Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad.  La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” Santiago 3:5-6.  La promesa en Isaías 65:22 es larga vida, está en nosotros asegurarnos que esa vida larga es una vida buena, llena de buenos días, llena de amor y de amistades, llena de paz y sobre todas las cosas llena del Espíritu Santo de Dios.  Pero entre nosotros y esa meta está nuestra lengua.

Tenemos que aprender a controlar nuestra lengua si queremos vivir una vida llena de días buenos y llena de paz y de gozo.  La lengua si no la controlamos puede destruir toda nuestra vida, destruye el hogar, destruye nuestros hijos, destruye nuestra carrera y sobre todo destruye nuestro testimonio y nuestro propósito para el servicio de Dios.  Una palabra hablada sin pensar primero puede causar grandes daños en la vida del oyente y del que lo ha hablado.  Por eso manda el Señor en Efesios 4:29: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” Al igual, una palabra bien escogida puede edificar y puede levantar al que lo escucha: “El hombre se alegra con la respuesta de su boca; Y la palabra a su tiempo ¡cuán buena es!” Proverbios 15:23.

La decisión es nuestra, los días de nuestra vida están contados desde el día en que nacimos, solamente el Señor puede elegir añadirnos más (2 Reyes 20:1-6).  Entonces el número de nuestros días solamente está en las manos de Dios, pero la calidad de nuestros días está puesta totalmente en nuestras manos.  ¿Quiere ver días buenos?  “Refrene su lengua del mal…sus labios no hablen engaño” 1 Pedro 3:10. Y veamos otra vez la instrucción del apóstol Pablo En Efesios 4:29-40, “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.  Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”  Palabras corrompidas al salir de nuestra boca, contristan al Espíritu Santo de Dios.  Le causamos tristeza al que ama nuestra alma cuando sale de nuestra boca lo que es mentira, chisme, pleito, disensión o cualquier palabra que hiere a otro.  El apóstol Pablo aquí nos enseña que lo único que debe salir de nuestra boca es lo que es bueno, lo que es necesario y lo que edifica.  Estas entonces son las preguntas que uno debe hacerse cada vez que desea hacer un comentario o dar un consejo o una opinión en cualquier circunstancia: ¿Es bueno?  ¿Es necesario?  ¿Va a edificar al oyente?  Puede ser que lo que quiera decir no sea malo, puede que sea bueno, pero si no es necesario, no lo diga.  Hay muchas personas que siempre tienen que estar hablando, porque piensan que, si se quedan callados, serán tomados por tontos.  Pero ¿qué dice la Biblia?  “Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; El que cierra sus labios es entendido” Proverbios 17:28.  Muchas veces es más sabio el que se queda callado y deja que Dios aboga por él. Porque dice la Biblia: “En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente” Proverbios 10:19 y “Te has enlazado con las palabras de tu boca, Y has quedado preso en los dichos de tus labios” Proverbios 6:2 y “El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias” Proverbios 21:23.  Muchos años de vida de nada sirve si no es vida de abundancia (Juan 10:10) como la que vino a dar nuestro Rey y Señor Jesucristo.  Aprendamos entonces a guardar la lengua porque “La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos” Proverbios 18:21.

Un último pensamiento en cuanto a tener una vida larga y buena, dirigida hacia los muchachos jóvenes.  La Biblia amonesta a los jóvenes: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.  Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” Efesios 6:1-3.  No podemos reclamar las promesas de Dios sin vivir una vida conforme a los principios de Dios.  No piense que puede agradar a Dios sino obedece a sus padres mientras está bajo la tutela de ellos.  Y al salir de la casa siempre debe honrarlos.  ¿Qué significa eso?  Que cuando ellos quieren darle un consejo, les escucha.  Claro que, si ya tiene la mayor de edad y ya vive aparte de ellos, sus decisiones son suyas.  Usted, no ellos, pagará las consecuencias de sus decisiones, sean para bien o para mal.  Pero eso no significa que sus padres no tengan un buen consejo para darle, y así como dice la escritura debe hacer: “Examinadlo todo; retened lo bueno” 1 Tesalonicenses 5:21.  Si desea las promesas de Dios, ¡Ponga por obra La Palabra de Dios!

-Llena de resina-

“Se llenan de savia los árboles de Jehová, Los cedros del Líbano que él plantó.  Allí anidan las aves; En las hayas hace su casa la cigüeña” Salmos 104-:15-17.

La resina del árbol, aquí llamada ‘savia’ en Salmos 104, trabaja en el árbol como la llenura del Espíritu Santo en el cristiano. ‘Savia’ significa resina, pero también significa ‘esencia, fuerza, vigor, potencia y poder.’  La Palabra de Dios dice que los árboles de Jehová se llenan de esta sustancia.  Y nosotros, al igual, siendo árboles de justicia nos llenamos a través del Espíritu Santo de fuerzas, de vigor, de potencia y de poder.  “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” 2 Timoteo 1:7.  El ciprés es un árbol, al igual que el cedro, lleno de resina.  Nosotros, como cristianos debemos ser llenos del Espíritu Santo de Dios y esa llenura debe ser evidente como lo es la llenura de resina en un árbol. La resina en el árbol cumple dos propósitos.  De más importancia para el árbol es el primer propósito, el de cubrir las heridas del árbol.  De más importancia para los que rodean al árbol es el segundo, el de perfumar el árbol.

Primero hablaremos de las heridas.  De igual manera que la resina cubre las heridas del árbol, así el Espíritu Santo, el Consolador cubre nuestras heridas y las sana.  Sin Él no hay sanidad para nuestras almas ni para nuestros espíritus.  En el árbol, si no puede producir la resina y sufre una herida, no tiene con que cubrirla y protegerla y entra la pudrición en la herida y se infecta todo el árbol y el árbol es destruido, a veces por una pequeña herida.  En el cristiano, sin el Consolador, cuando somos lastimados por el prójimo no tenemos a quien acudir para protección en el momento del dolor y entra la pudrición en el alma de la persona (rencor y resentimiento) y esa alma se puede perder.  El cristiano tiene que aprender a ser lleno del Espíritu Santo, así como el ciprés es llena de savia o de resina.  Esa llenura es nuestra protección y lo que nos sostiene en las dificultades.

La otra función de la resina es de perfumar el árbol.  Hace deseable el árbol.  Óseas 14:5-6 dice así “Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano.  Se extenderán sus ramas, y será su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano.”  Cuando el Poderoso de Israel está en medio de nosotros y más importantemente, cuando está dentro de cada uno de nosotros, perfumamos el ambiente.  Son atraídos a nosotros los demás por algo que ellos no entienden, pero es el olor a Cristo que nos perfuma por estar llenos del Espíritu de Dios.  “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.  Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden” 2 Corintios 2:14-15.

La resina del árbol tiene un tercer uso, pero solamente después de ser extraído del árbol.  La resina del árbol también puede ser usado para fabricar de ella incienso y mirra que representan la adoración espiritual.  Estas dos sustancias fueron presentadas a Jesús por los magos, pues ellos sabían que a Dios se le honra con incienso y la mirra representaba su humanidad (Mateo 2:11).

De igual manera, hay algo muy precioso en nosotros cuando hemos recibido la llenura del Espíritu Santo de Dios y esa cosa especial es extraída de nosotros y ofrecida a Dios cuando venimos delante de su presencia en alabanza, en adoración y en oración. Eso es lo que nos quiere decir el profeta Ezequiel: “Como incienso agradable os aceptaré, cuando os haya sacado de entre los pueblos, y os haya congregado de entre las tierras en que estáis esparcidos; y seré santificado en vosotros a los ojos de las naciones” Ezequiel 20:41.  Nos acepta como incienso agradable cuando nos alejamos del mundo y nos congregamos todos juntos para santificar al Señor en alabanza y en adoración corporal.  Como el incienso solamente huele cuando es quemado, así nosotros somos más gratos a Dios cuando nos estamos presentando en sacrificio de alabanza y de adoración a Él.  Y eso es lo que nos fortaleza para poder trabajar en la obra del Señor, pues la Biblia dice “no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza” Nehemías 8:10.

-Estacas y el neófito-

Como se dijo anteriormente, árboles nuevos de este tipo deben plantarse en su lugar permanente cuando están todavía chiquitos.  Y requieren ser estacados muy bien por doce años porque tienden a crecer rápidamente sus copas…pero ¡no sus raíces!  He elaborado en varias partes de este libro la necesidad de congregarse en un lugar y de poner sus raíces allí.  Ahora quiero volver a repetirlo.  Es absolutamente esencial al buen crecimiento espiritual del nuevo creyente estar plantado en una iglesia, y si es posible permanecer allí, y al crecer en el evangelio, servir allí hasta que el Señor lo llame a servirle en otra parte.

Para el neófito, es crucial establecerse en una iglesia.  Y NO moverse de allí.  Usted se estará preguntando (tal vez) ¿Qué es un neófito?  Es el término que usamos para hacer referencia a un cristiano nuevo.  La concordancia Exhaustiva de Strong’s lo define así ‘plantado recientemente’.  Esta palabra se utiliza hablando de los nuevos creyentes.[iv]  ¡Qué increíble!  El Señor nos da la promesa de ser como árboles, nos llama árboles de justicia, plantío suyo y ¡luego permite que el apóstol Pablo use una palabra griega que significa ‘plantado recientemente’ para referirse a los nuevos convertidos!  (1 Timoteo 3:6) ¡Es increíble para mí, darme cuenta de que aún en la manera que Dios se expresa en la Biblia hay un mensaje!  Dios podía haber usado otra palabra para el nuevo creyente, pero escogió esta.

¿Por qué es necesario que el nuevo creyente se establezca en una Iglesia y no se mueva de allí?  Por las pequeñas diferencias que hay entre las doctrinas de las iglesias, y por la diferencia que hay entre las personalidades de los pastores de una iglesia y de la otra.  Hay personas que, al venir a Cristo, andan de iglesia en iglesia, visitándolas todas las que hay en la ciudad, creyendo que si no hay culto un día en una en otra debe haber y que así tendrán más crecimiento espiritual.  Simplemente no es así.  Solamente resultan confundidos y heridos espiritualmente.  Por favor, si todavía es nuevo en el Señor, no ande de lugar en lugar, si en dado día de la semana no hay culto y usted siente la necesidad de estar cerca de Dios en ese día, simplemente doble su rodilla o abra su Biblia y Dios vendrá corriendo hacia usted por el esfuerzo de buscarlo sana y ordenadamente.

También es necesario para el nuevo estar en una sola casa de oración, porque necesita estacas en los primeros años de vida.  Recuerde que “Mil años delante de sus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche” Salmos 90:4.  Para cada creyente el tiempo en que necesita estar discipulado (estacado) es diferente porque Dios trabaja de diferentes maneras con cada hijo suyo, conforme al propósito que tiene para ese hijo, esa hija en particular.  Dios nos llama a todos con un propósito de servirle de una manera muy específica y este tiempo, el tiempo de estar estacado es el tiempo para buscar la llamada de Dios para su vida.  ¡Este no es el tiempo para ir y cumplirla!  El problema es que muchos vienen a Cristo y no toman un tiempo para prepararse en el Señor y quieren ir directos a la obra, sin saber realmente cuál es la obra que Dios tiene para ellos en particular.

“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.  De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría” Romanos 12:4-8.  Dios tiene un propósito muy especial y muy importante en la vida de cada creyente.  Desde antes de la fundación del mundo, el preparaba para nosotros un servicio que pudiéramos ofrecerle a Él (Efesios 2:10).  Este tiempo en la vida del nuevo creyente no es un obstáculo, es una oportunidad para preparación para poderle servir de todo corazón a Dios.

¿Por qué es necesaria la estaca para el árbol?  Por la copa, ¿Por qué es necesario el discipulado para el neófito?  ¡Por la cabeza!  Así como el jovencito de 16 o 17 años se considera inmortal e invencible, así el nuevo creyente muchas veces considera que no hay nada que no pueda hacer.  Si le dejara el pastor, ¡se subiría al pulpito a predicar!  ¿Pero qué dice la Biblia?  “Pero es necesario que el Obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar…no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo” 1 Timoteo 3:2 y 3:6. Los nuevos si demasiado pronto reciben un privilegio en la iglesia, corren el riesgo de envanecerse que significa ‘inflarse con arrogancia’[v].  Son tres palabras griegas que se traducen ‘envanecerse’ en la Biblia, estas palabras griegas solamente se encuentran en un versículo más de la Biblia; 1 Timoteo 6:4-5 que dice “está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales.”  Estas son palabras muy duras, el que está envanecido dice el apóstol Pablo que no sabe nada, que habla necedades y causa todo tipo de problemas, le manda al joven pastor Timoteo a apartarse de tales personas.  Y todo cristiano haría bien en apartarse de tales personas.  Por eso es necesario el discipulado, el ser estacado un rato hasta que las raíces alcancen el tamaño de los sueños del nuevo creyente.  No es malo soñar con hacer grandezas para Dios, pero es necesario prepararse primero, que todo se haga en el tiempo del Señor.

[i] Stong’s Concordancia Exhaustiva #1265

[ii] http://es.wikipedia.org/wiki/Cupressus, Wikipedia La enciclopedia libre.

[iii] Plants, Flowers and Herbs of the Bible.  The Living Legacy of the Third Day of Creation.  W.E. Shewell Cooper, Keats Publishing 1977 pps 138-152

[iv] Strong’s Concordancia Exhaustiva #3504

[v] Strong’s Concordancia Exhaustiva #5187

Capítulo 2 El Templo, el Cedro

Cedar Forest Jerry Meaden Flickr“Así, pues, Salomón labró la casa y la terminó. Y cubrió las paredes de la casa con tablas de cedro, revistiéndola de madera por dentro, desde el suelo de la casa hasta las vigas de la techumbre; cubrió también el pavimento con madera de ciprés. Asimismo, hizo al final de la casa un edificio de veinte codos, de tablas de cedro desde el suelo hasta lo más alto; así hizo en la casa un aposento que es el lugar santísimo.”  1 Reyes 6:14-16

En el capítulo anterior analizamos a la acacia, el árbol cuya madera fue usada para construir el tabernáculo y el arca del testimonio. Analizamos las características del árbol y la forma en que esas mismas características forman a un buen cristiano. La acacia fue ideal para el uso en el desierto por su durabilidad y por sus habilidades de resistir en sequía y en fuego, dos cosas muy comunes en el desierto.  Fue ideal también por lo que era abundante en el desierto debido a su habilidad de defenderse en tal clima y de las fieras que andan en el desierto.  Y el pueblo de Dios se encontraba en el desierto.  Se encontraban en un desierto real y un desierto espiritual.  Habiendo pasado por cuatrocientos años de esclavitud en Egipto, habían aprendido las costumbres paganas de los egipcios. Por lo tanto, no podían entrar en la tierra prometida hasta no estar preparados en su corazón. Así nosotros también comenzamos en Cristo, después de una larga esclavitud en el mundo, vendidos al pecado (Romanos 7:14) venimos a Cristo, pero en nuestras vidas todavía hay muchas cosas que arrastramos del mundo y necesitamos pasar por un proceso de purificación. Es un proceso poco fácil, y es durante ese proceso que aprendemos a ser como la acacia.  Sin embargo, tanto como esa etapa tuvo su fin para el pueblo de Israel también lo tiene para nosotros.

En este capítulo del libro vamos a ver cómo el pueblo de Dios ha alcanzado otro nivel en su crecimiento espiritual y se encuentra en otra situación.  Ya no están vagando en el desierto buscando entrar en la tierra prometida, sino que ya han entrado.  Entramos en otra etapa para el pueblo de Dios, y de la misma manera entramos en otra etapa en la vida del cristiano.

El pueblo de Israel comenzó en el desierto, apenas un pueblo, unidos solamente por su Dios, un Dios a quien apenas servían.  Ahora en esta etapa, han entrado en la tierra prometida, tierra buena que fluye leche y miel, ahora son un pueblo verdadero.  Unidos en todo sentido de la palabra, sirviendo a un Dios bajo el liderazgo de un rey y un sumo sacerdote, con profetas para guiarlos e instruirlos en la Palabra de Dios.  Ahora están en paz con todos los que le rodean, así como la Biblia manda que el cristiano lo sea (2 Timoteo 2:22, Hebreos 12:14 y 2 Pedro 3:14).  Realmente el pueblo de Israel ha sido transformado.  Pasaron de promesa a provisión.

De igual manera el cristiano tiene que crecer espiritualmente y cambiar para reflejar una madurez espiritual.  No podemos seguir en lo mismo toda la vida y lo que es madurez para un recién convertido, ya no lo es para un cristiano con muchos años en el evangelio.  Siempre habrá cambios en la vida del creyente, y el creyente tiene que cambiar para adaptarse a esos cambios.  Así como lo ha hecho el pueblo de Dios.

-Un Árbol Codiciable-

“Su aspecto como el Líbano, escogido como los cedros…todo él codiciable…” Cantares 5:15-16

Ya no se necesitaba la acacia, que por todas sus cualidades que lo hizo ideal en el desierto, simplemente no era un árbol muy bonito.  Ahora eligieron a un árbol más codiciable, aunque era un árbol que no crecía en la tierra de Israel.  La acacia había sido una petición de Dios, fácil de cumplir, la acacia crecía allí mismo en el desierto.  Ahora el pueblo daría a su Señor una ofrenda que requería de ellos cierto sacrificio.  El cedro del Líbano sería más costoso que un árbol que sí crecía en Israel, pero Israel, y Salomón no buscaban utilidades, sino que buscaban bellezas y grandezas para aquel que lo merece, ¡Jehová de los ejércitos!  Así nosotros también olvidémonos de facilidades y ¡busquemos grandezas en el Señor y para nuestro Señor¡

Así como aprendimos de la acacia, aprenderemos también mucho del cedro. Primeramente, Cuando este árbol crece en un bosque rodeado por otros cedros crece derecho y angosto, pero si crece solo, sus ramas se extiendan y descansan sobre la tierra… [i] El cedro del Líbano, como todo cedro verdadero (hay árboles que se llaman cedro pero no lo son) no le gusta ser trasplantado y necesita un ambiente libre de contaminación y asoleada. El árbol también contribuye a su ambiente. En el día de hoy, los grandes bosques de cedros se han casi eliminado y en su lugar hay tierra árida y estéril.  Al perder la protección del bosque la tierra ya no puede retener el agua.[ii]

-Derechos y Angostos-

“No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”  Hebreos 10:25

El cedro del Líbano nos enseña acerca de la necesidad de congregarse uno en una iglesia.  No es suficiente con escuchar predicaciones y grabaciones de alabanza y de adoración.  Es necesario tener una Iglesia donde congregarse uno, la Biblia lo manda así en este pasaje. Necesitamos estar en la Iglesia para recibir la exhortación de La Palabra de Dios y ser advertidos del pecado que tan fácilmente nos asedia (Hebreos 12:1).

Cada uno de nosotros tenemos uno o dos (o más) áreas en la vida que nos son una lucha para mantenernos puros para Cristo, y el que dice que no se hace mentiroso.  La Biblia es bien claro, que “No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” Romanos 3:11-12.  Por esto mismo necesitamos estar en una iglesia.

En Proverbios 27:17 dice “Hierro con hierro se aguza; Y así el hombre aguza el rostro de su amigo.”  Esta es otra razón para estar en una Iglesia, Dios usa los pastores y los hermanos de la iglesia para hablar a la vida de cada uno.  Dios pone la palabra exacta y perfecta en la boca de sus siervos.  Envía la palabra justo a tiempo para consolación (2 Corintios 1:3-4), exhortación y corrección (2 Timoteo 4:2), para sabiduría (2 Corintios 2:1-7) y salvación (Santiago 1:21).  Por medio del que predica, Dios nos habla.  También puede usar a los líderes de la iglesia y a los hermanos más maduros en el Señor que se disponen, aún al más nuevo puede usar.  Siempre es mejor pedir el consejo de sus pastores o de un líder de la iglesia que pedirlo de un hermano en la iglesia, sin embargo a veces el Señor nos habla a través de la persona que ni conoce nuestra situación, y cuando viene así la respuesta de Dios es aún más poderosa por lo que es indiscutible que el Señor haya enviado el mensaje y el mensajero.

El hecho de que el cedro necesita estar rodeado de más cedros para crecer derecho y angosto me hace pensar en el camino angosto que tenemos por delante.  ¡Cuánto necesitamos estar rodeados de hermanos que nos ayuden a mantenernos en ese camino!  “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, …” Mateo 7:13.  Es fácil nos dice el Señor Jesús entrar por el camino ancho y difícil entrar por el camino angosto.  Las influencias en nuestra vida o sean para el bien o sean para el mal contribuyen mucho al camino que elegimos.

El cedro rodeado se apoya en los otros cedros.  Las ramas del cedro son largas y pesadas, más y más pesados cada año por el crecimiento del árbol.  Cuando el cedro se encuentra solito no hay quien le ayuda a llevar la carga de sus ramas pesadas, no hay quien levante sus ramas para arriba para que se mantenga derecho y angosto.  ¿Luego qué pasa?  Extiende sus ramas para afuera y las deja descansar en tierra.  Se vuelve ancho y caído.  La Biblia manda al cuerpo de Cristo en Gálatas 6:2-3, “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.  Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña.”  Nos engañamos a nosotros mismos si creemos que podemos sobrellevar nuestra propia carga, si creemos que no necesitamos a hermanos que nos rodeen, si creemos que solo tambien estaremos bien nos estamos engañando y va a ser para nuestra perdición.  Todos necesitamos a nuestros hermanos en Cristo, y nuestros hermanos en Cristo nos necesitan a nosotros.

En Hebreos 12:12-13, también dice “Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.”  Si tus ramas (tus brazos) han caído a tierra por falta de hermanos que te rodeen, vuelve a tu redil, vuelve al pastor que Cristo puso para velar por tu vida, como quien ha de dar cuenta (Hebreos 13:17).

-El cedro verdadero-

Como todo cedro verdadero no le gusta al Cedro del Líbano ser trasplantado.  Primero veamos lo que significa el decir ‘todo cedro verdadero’.  Antes de nada, déjame decirle que, así como hay cedros verdaderos y cedros falsos que solamente son llamados cedros sin serlo en realidad, de la misma manera hay cristianos verdaderos y hay personas que se llaman cristianos, pero obviamente, no lo son.  Hay personas que ni tienen que decir que son cristianos porque su vida es un testimonio vivo del evangelio de Cristo Jesús, esos son cristianos en verdad.  Y a la vez hay personas que se llaman cristianos, pero su vida no lo demuestra.

En sí la palabra cristiano significa ‘perteneciendo a Cristo”[iii] también he visto la Biblia cristiano traducido como ‘pequeños Cristos’ y primeramente fue usado este término en Antioquía por los gentiles para burlarse de los seguidores de Cristo (Hechos 11:26).  Sin embargo desde el segundo siglo después de Cristo uno se llama cristiano con alegría, y se considera un título de honor.[iv] ¿pero será que al analizar nuestras vidas podríamos decir que somos ‘pequeños Cristos’ o aun que ‘pertenecemos a Cristo’?  Pregunto esto porque es bueno reflexionar y analizar nuestras propias vidas. “Si, pues nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados” 1 Corintios 11:31. Nos da la oportunidad de arrepentirnos si es que no hemos estado viviendo como debemos.

La palabra ‘cedro’ en sí significa ‘firme por la tenacidad de sus raíces’[v].  El cedro en sí es un pino, pero no todo pino es un cedro.  No todo pino tiene las características que destacan al cedro, especialmente al cedro del Líbano. ¿Se podrá decir de mí que soy firme? ¿que hay tenacidad en mis raíces en Cristo Jesús? Es la oración mas profunda de mi alma que eso se pudiera decir de mi que yo soy una cristiana firme por la tenacidad de mis raíces que venga lo que venga que lanze lo que me lanze el diablo ¡yo estaré firme porque hay tenacidad en mi espíritu! ¿Podrás decir es este dia que ese tambien es tu deseo? Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.” Salmos 37:4

Ahora analiceremos las consecuencias de ser trasplantado, tanto para un cedro, como para un hijo de Dios. Al cristiano que en verdad lo es no le gusta andar de iglesia en iglesia.  ¿Por qué?  Porque es dañino tanto para el árbol como para el cristiano.  Tanto el árbol como el cristiano necesitan raíces buenas y fuertes, y para tenerlos es necesario establecerse.  Cuando uno se mueve de lugar en lugar, de iglesia en iglesia, uno nunca pone raíces profundas y sin profundidad de raíces, nunca hay crecimiento.

2 Timoteo 3:7 nos enseña que puede haber cristianos que “siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad.”  Eso es básicamente lo que pasa con los cristianos que andan de iglesia en iglesia.  ¿Por qué?  Porque cuando una persona entra en una congregación, tiene que acostumbrarse al ritmo y al movimiento de esa casa de oración, todos los pastores predican la Biblia con su propio estilo, tienen su propia personalidad, y toda congregación tiene su propia gracia.  “Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria” 1 Corintios 15:41. Es solamente al establecerse en la congregación después de un tiempo que puede la persona comenzar a poner raíces y establecerse en la doctrina y ‘llegar al conocimiento de la verdad.’

En cambio, si la persona cambia de iglesia en iglesia, nunca logra poner raíces y nunca logra establecerse en la doctrina.  Así es como las pequeñas diferencias doctrinales que hay entre las iglesias se conviertan en grandes piedras de tropiezo para el creyente.  Lo dejan confundido e incierto y corta todo crecimiento espiritual que podía haber tenido.

Y ¿Por qué razón las personas van de iglesia en iglesia?  Porque buscan una que sea perfecta.  Es una mentira del diablo que haya una iglesia ‘perfecta’ solamente Cristo es perfecto, y las iglesias están compuestos de seres humanos con defectos.

Entonces, aprendamos del Cedro del Líbano, así como es cedro verdadero a ser cristianos verdaderos.  Plantados, cimentados y arraigados en la fe, en una sola casa de oración.  Una iglesia donde es enseñada la Palabra no adulterada de Dios.

-El Ambiente Importa-

Así como el cedro prefiere un ambiente soleado y libre de contaminación, de igual manera nosotros debemos estar en una iglesia donde Cristo es iluminando y que sea libre de contaminación doctrinal.  Debemos tener el suficiente discernimiento espiritual para darnos cuenta e incomodarnos en un lugar donde se ausenta la luz admirable de Cristo y donde hay nubes oscuras de contaminación espiritual.  Ya he dicho que no hay ninguna iglesia perfecta; sin embargo, es necesario asegurarse que la iglesia donde uno se congrega tenga su base en Cristo, la luz que ilumina y que esta esté llena del Espíritu Santo que es el aire que nosotros deseamos respirar.

-La necesidad de luz-

Veamos primero la necesidad de sol.  El Cedro del Líbano no aguanta la sombra.  No aguanta que haya algo entre él y la luz, ¡qué gran lección para nosotros!  No debemos permitir nunca que nada ni nadie vengan entre nosotros y Cristo.  Nada debe tomar el tiempo que es de Cristo, ni el trabajo, ni la pareja, ni los niños, ¡Nada!  Nada debe tomar el lugar en nuestro corazón que le pertenece a Cristo.

La idolatría no es solamente adorar a una estatua, también es permitir que el amor al trabajo, a la pareja, a los niños, al dinero o a lo que sea se haga más grande que el amor a Dios.  Por esto la Biblia dice que la avaricia es idolatría (Colosenses 3:5).  Cuando dedicamos más de nuestro tiempo a algo aparte del Señor, se vuelve un ídolo en nuestra vida.  Y nuestro Dios es un Dios celoso (Santiago 4:4-5).

Cuando permitimos que algo nos separe de Cristo.  Cuando dejamos de asistir a la iglesia por alguna razón; nos pasa lo mismo que a este árbol le pasa en la sombra, se marchita, se debilita y tarde que temprano se muere.  Nosotros alejados de Cristo, marchitamos espiritualmente, ya no sentimos el mismo gozo, ya no escuchamos su voz, ya no nos llama la atención ni orar ni leer la Biblia ni mucho menos ir al culto.  Debemos preocuparnos si hemos perdido el apetito espiritual.  Si se pierde el apetito físico, si ya no llama la atención comer, entonces sí se preocupa uno, hasta va y consulta con el médico, porque sabe que, si no come, muere.  Sin embargo, hay muchos cristianos en el día de hoy que han perdido su apetito espiritual y sus espíritus se están muriendo.  En otras palabras, han perdido su primer amor (Apocalipsis 2:4-5).  Dice: “Recuerda, por tanto, de dónde te has caído.”  ¿Has caído?  ¿Estás sirviendo a Dios con el mismo esmero que al principio? o ¿has marchitado por permitir que la sombra te separe de su luz?

Luego que el espíritu se haya marchitado, se pierde la fuerza espiritual.  Vienen luchas y pruebas, tentaciones que normalmente no serían demasiado fuertes, pero habiéndose debilitado, el cristiano se entrega a la depresión y al pecado.  Finalmente, alejados de Cristo, separados de Él y de su luz admirable viene la muerte espiritual.

Busquemos el sol, busquemos la estrella resplandeciente de la mañana (Apocalipsis 22:16) día a día busquemosle a Él para nunca caer de la gracia de Dios.  ¿Cómo le buscamos?  En oración, en ayuno, en lectura de la Biblia, en asistir a una iglesia donde Él es señalado a través de una alabanza avivada, una adoración espiritual y la predicación de la Palabra pura de Dios.  Una iglesia donde su luz es evidente en la conducta amorosa de los hermanos.  “El que dice que está en luz, y aborrece todavía a su hermano, está todavía en tinieblas” 1 Juan 2:9.

-La contaminación espiritual-

 “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero” 2 Pedro 2:20.  Dice en este versículo que hemos escapado las contaminaciones de este mundo al venir a Cristo.  Y da la advertencia que, habiendo escapado de ellos, no nos debemos enredar de nuevo en ellos.  Hay muchos cristianos que creen que pueden tener muchas relaciones íntimas con inconversos.  Muchos que hasta su mejor amigo es un inconverso.  Muchos jóvenes que buscan novia o novio en el mundo, creyendo que no va a traer consecuencias.

El problema es que los cristianos que hacen estas cosas se están enredando otra vez en la misma contaminación que ellos escaparon.  No en vano dice la Biblia que amistad con el mundo es enemistad contra Dios (Santiago 4:4).  La verdad del asunto es que las amistades ejercen influencia en nuestras vidas, aunque no queramos reconocerlo, así es.  Y cuando nos damos cuenta, nos han hecho alejar del Señor.  Es especialmente peligroso buscar noviazgo con un inconverso, la Biblia nos enseña que fueron las mujeres de Salomón que lo hicieron alejar de Dios.  “¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel? Bien que en muchas naciones no hubo rey como él, que era amado de su Dios.  Y aun a él le hicieron pecar las mujeres extranjeras” Nehemías 13:26.

Con esto no quiero decir que hagamos a un lado todas nuestras amistades que no sean cristianos, eso también sería un error porque sería tropiezo para ellos.  Al hacerlos para un lado no estamos mostrándoles el amor de Cristo.  Necesitamos desarrollar amistades estrechas con creyentes y asegurarnos que las amistades que tenemos con inconversos sean para bendición de ellos y no maldición en nuestras vidas.

Lamentablemente, hay también algunas iglesias con contaminaciones doctrinales.  Iglesias donde en vez de predicar la verdad de La Palabra de Dios, predican otro evangelio, no que haya otro (Gálatas 1:6-8), sino que distorsionan a la verdad para evitar hacer sentir mal a las personas, para así no perder a gente.  Nunca debemos de aceptar nada más que el evangelio completo y puro, por eso dice la Biblia, “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor” 1 Pedro 2:1-3.

“Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote…”  Hechos 9:1. Aun en el aire que respiramos operan espíritus, aquí en estos versículos están operando espíritus de amenaza y de muerte.  Los espíritus que operan en los aires que nos rodean pueden afectarnos.  Por eso es que necesitamos estar en un lugar libre de contaminación en el aire.  Son los pastores que han sido investidos de poder de parte de Dios para controlar los aires de la iglesia.  Ellos son los que se responsabilizan de asegurarse que ningún espíritu del maligno esté moviéndose en la iglesia.  Sin embargo, todos los miembros de la iglesia tienen la responsabilidad de contribuir al ambiente de la iglesia, viviendo una vida en santidad e intercediendo por la obra.

Un ambiente libre de contaminación espiritual no se reconoce visualmente, ya que los espíritus son invisibles. Sino que se reconoce a través de manifestaciones de la Palabra en la vida de los hermanos de la iglesia.  ¿Es llena de amor la iglesia?  Entonces está libre de la contaminación de los espíritus de odio, rencor, envidia, etc. y lleno del Espíritu Santo de Dios.  Pues así dice la Biblia en 1 Juan 4:12-13; “Nadie ha visto jamás a Dios.  Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.  En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.”  Tenemos de su Espíritu cuando andamos en amor y cuando tenemos de su Espíritu, los espíritus del maligno no están operando en nuestras vidas.

-Contribuyendo al ambiente-

“…como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza” Abdías v.15. Vamos a comenzar esta parte con una pregunta ¿Está usted haciendo un efecto en el mundo para Cristo?  Hemos visto la necesidad de contribuir a la Iglesia, también es necesario contribuir a un cambio en el mundo.  Tenemos que ser luz que brilla en la oscuridad.  Así como la pérdida del Cedro devastó al terreno en donde antes estaban los grandes bosques, así será devastado el mundo cuando ocurra el arrebatamiento (el rapto) de la iglesia.  Y aun ahora, estando la iglesia en la tierra, se debe notar una diferencia cuando estamos nosotros presentes en un lugar a cuando estamos ausentes.  Es bueno cuando los inconversos se incomodan por su presencia, significa que el Espíritu Santo de Dios es evidente en su vida y la luz que hay en usted es más fuerte que las tinieblas que en ellos hay y esto les incomoda a ellos.  Al contrario, cuando el cristiano no es realmente guiado por el Espíritu Santo de Dios, no se incomoda ni él ni el inconverso que le rodea.

Como nosotros hacemos, Dios va a hacer con nosotros, dice este versículo en Abdías.  Si nosotros contribuimos al ambiente en nuestra iglesia, Dios se va a encargar de bendecirnos por hacerlo.  Sin embargo, si no estamos dispuestos a contribuir a su iglesia y al ambiente que hay en su iglesia, o si aún peor contaminamos ese ambiente con disensiones y con chismes, nuestra recompensa volverá sobre nuestra cabeza.

“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada?  No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” Mateo 5:13. Si comenzamos a perder nuestro efecto y nuestra influencia en la tierra entonces perdemos nuestro valor como cristianos. El cristiano sí puede hacer un efecto para Cristo, simplemente esforzándose para vivir una vida santificada para el Señor.  Eso significa apartarse del pecado y de todo lo que contamina la vida.  En sí, la palabra santificado significa ‘apartado para Dios’[vi].  Para vivir una vida en santidad, entonces es necesario apartarse de todo lo que contamina en la vida.  Para eso necesitamos discernimiento para diferenciar entre amistades que edifican y amistades que destruyen nuestra vida espiritual.

-Firmeza y resistencia-

Un último punto acerca del Cedro del Líbano viene de su nombre.  El cedro en realidad es un pino, sin embargo, lo llaman por el nombre cedro por la firmeza de sus raíces algo in común entre los pinos.  En sí, como ya se mencionó, cedro significa ‘firme por la tenacidad de sus raíces.’  Esa firmeza permite que los cedros crezcan mucho más altos que cualquier otro pino.  Y otra característica muy importante del cedro es que su madera resiste a la pudrición [vii]  Me imagino que ya saben que voy a decir.  El cristiano requiere de raíces firmes en el Señor para resistir en las pruebas y en las luchas no desanimarse ni desmayar.  También requerimos raíces tenaces que pase lo que pase no soltemos a Cristo, pase lo que pase vamos a seguir a Cristo.  Venga la tormenta que venga nuestra casa no va a caer porque ¡fue fundada sobre la roca que es Cristo Jesús! (Mateo 7:24-25).

La Palabra de Dios dice “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.  Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” 2 Timoteo 3:1-5. En el mundo de hoy hay hombres y mujeres así que hacen tropezar a las almas y engañan aún a los cristianos.  Tenemos que resistir toda mala doctrina, que es como carcoma o gangrena que pudre al cristiano.  Resistamos, así como el cedro resiste.  Es por esa resistencia que fue elegido el cedro para construir las casas de los reyes y el Templo de Dios.  Es por resistencia a la mala doctrina y resistencia al desánimo y al pecado que ¡seremos elegidos como columnas en la casa del Gran Rey!  (Apocalipsis 3:12).

-La Gloria del Líbano-

“La gloria del Líbano vendrá a ti, cipreses, pinos y bojes juntamente, para decorar el lugar de mi santuario; y yo honraré el lugar de mis pies” Isaías 60:13. La gloria del Líbano según este versículo son sus árboles.  Tres de ellos en particular: el ciprés, el pino y el boj.  El ciprés lo veremos próximo, pero aquí quiero señalar al cedro.  Dirá que el cedro ni aparece en este versículo, pero ¡sí está allí!  En sí, el cedro es un pino, como ya vimos, simplemente es llamado cedro por la firmeza de sus raíces.  También, aquí cuando dice “pinos y bojes juntamente” menciona realmente dos veces al Cedro de Líbano, porque el boj es una especie de cedro conocido por cuan derecho crece.[viii]  Recordemos nuevamente como el cedro crece derecho y angosto cuando este está rodeado de otros cedros.  Queremos ser conocidos como derechos, como buenos cristianos, conocidos porque actuamos bien en toda situación.  Queremos ser “imagen y gloria de Dios” (1 Corintios 11:7) como estos árboles fueron la gloria del Líbano.

Ojalá aprendamos las lecciones del cedro y pasemos a otro nivel de madurez en el Señor, creciendo derechos en el camino angosto de Dios, siendo cristianos verdaderos quienes disciernan el ambiente y buscan un ambiente limpio y lleno del Espíritu Santo de Dios.  Ojalá sintamos la gran necesidad de luz que tenemos como hijos de la luz.  Ojalá al encontrar un ambiente limpio y lleno del Espíritu de Dios también contribuyamos a ese ambiente, siendo de bendición para la iglesia, para los demás hermanos y aun para nuestros pastores.  Que tengamos el gozo de ser conocidos por la firmeza de nuestras raíces espirituales y nuestra resistencia al mundo y persistencia en seguir al Señor.

Referencias para informacion usadas aparte de la Biblia

[i] http://www.blueplanetbiomes.org/lebanon_cedar.htm

[ii] http://www.blueplanetbiomes.org/lebanon_cedar.htm

[iii] http://en.wikipedia.org/wiki/Christian

[iv] Strong’s Concordancia Exhaustiva de la Biblia #5546

[v] Strong’s Concordancia Exhaustiva de la Biblia #730

[vi] Strong’s Concordancia Exhaustiva de la Biblia #6942

[vii] Strong’s Concordancia Exhaustiva de la Biblia #0730

[viii] Strong’s Concordancia Exhaustiva #8391