Sección Tres: Hojas Su Prosperidad, Fuerzas y Medicina: Capítulo Dos: Protegiendo nuestras hojas, Encontrando el balance

wild fig tree with fruits emerging

Una higuera con frutas brotando, foto por Steve Slater, encontrado en Flickr.

En el último capítulo vimos el paralelo entre las hojas de los árboles y el alma del cristiano. Si no ha leído: Sección Tres: Hojas Su Prosperidad, Fuerzas y Medicina: Capítulo 1 ¿Qué Importancia Tienen Las Hojas? debe de leerlo primero para poder entender este capítulo mejor.

“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca” Mateo 24:32.

-Falsos Acacias-

Hay un árbol llamado Acacia Falso.  Se llama de esta manera porque al mirarlo, parece ser un Acacia, pero si lo examina bien, hace cosas que los demás Acacias no hacen.  Por ejemplo: ¡Este árbol para proteger sus hojas se convierte en un cobarde!  Cuando vienen momentos difíciles para las hojas de este árbol, los encoge y deja todo labor de fotosíntesis, deja de dar sombra para los demás y deja el proceso de rendir fruto también.  Se rinde totalmente ante las circunstancias.

Así también a veces somos nosotros los cristianos que “en el tiempo de la prueba [nos] aparta[mos]” Lucas 8:13.  Cuando lo que debemos de hacer, aun en tiempos de prueba, es seguir al Señor (aunque nos toca arrastrarnos por falta de fuerzas) y estar dispuestos a seguir trabajando para el Señor.  Esto no significa que no habrá días bien difíciles cuando sí tendremos las ganas de darnos por vencidos.  Lo que significa es que al mantenernos cerca de la fuente de toda bendición y al ser sinceros con Dios (eso es lo que significa esperar en Jehová) el Señor va a ministrar a nuestros espíritus y podremos seguir adelante, aún con más fuerzas en el Señor (esto es lo que significa levantarse sobre alas como las águilas).  No podemos rendirnos, ¡no podemos encoger nuestras hojas y rendirnos ante las circunstancias de la vida!

El Acacia falso al doblar sus hojas, ya no sirven sus hojas para nada.  No están produciendo comida para el árbol, no están emitiendo oxígeno al ambiente que lo rodea, ¡ni siquiera da sombra a otros!  Mientras que es importante guardar nuestras hojas, no podemos ser tan egoístas y pensar solamente nosotros.  Tenemos que seguir siendo de bendición en el cuerpo de Cristo.  Este árbol definitivamente nos da una lección de qué manera no debemos cuidar a nuestras hojas.  Tenemos que encontrar un balance en el Señor, y ¿quién mejor que el Señor para instruirnos en ese balance?  Entonces cuando vienen las circunstancias difíciles, aunque parece imposible encontrar una salida, busquemos de Dios para que Él nos enseñe la salida que Él mismo nos tiene guardado.

-Su Hoja No Cae-

Muchas veces en la vida del cristiano, pasa que nos enfocamos en buenas obras, pero no en aquella buena obra que Dios preparó “de antemano para que anduviésemos en ella” Efesios 2:10.  ¿Se acuerda que hablamos de Martha y María? en el momento que Cristo estuvo en su casa enseñado, tenían que estar escuchando las palabras de vida eterna que hablaba (Juan 6:68).  En algún momento, Jesús iba a terminar de enseñar y entonces sería la hora para hacer todo lo que Marta y María tenían que hacer.  Lo que Martha hacía no era mala, simplemente era en mal momento.  Es como la persona que cuando en medio de la predicación, mentalmente está pensando en lo que va a hacer al salir de la iglesia.  Eclesiastés 3:1 dice “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” Hay un momento para todo, y es importante recordarnos de darle a Dios su tiempo sin dividir nuestra atención en otras cosas, ni en aquellas cosas que parecen ser de o para Él, acordémonos que tenemos un corazón engañoso (Jeremías 17:9)

Se acuerda que vimos que un olivo maduro producirá miles de flores, pero solamente uno en cada cien de ellos se convertirá en fruto.  Y como ya hemos dicho, lo más valioso del olivo es su fruto.  Flores son muy bonitos, pero no va a dar una flor a una persona hambrienta, le va a dar pan, y en Israel, la única manera que hacían pan (en el tiempo de Jesús y antes) era con harina en la tinaja y ¡aceite en la vasija!  Sin el olivo, no hay aceite, pero ¡solamente por tener una flor bonita en sus ramas no significa que tendrá fruto!

Cuando está considerando todas las flores (posibles obras) que están brotando en su árbol, y está tratando de decidir cuál hacer botar para que rinde su fruto, y cual dejar caer porque no va a rendir fruto es necesario pedirle dirección al Señor, la Biblia dice que “Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo” Proverbios 11:14 y “con dirección sabia se hace la guerra” Proverbios 20:18.  Dios en su misericordia le dará la sabiduría y el discernimiento para proseguir solamente en aquello que va a rendir fruto valioso para el Reino de Dios.  Todo tiene su tiempo, por eso que en Salmos 1 dice de aquella persona aquel que se deleita en Dios: “da su fruto a su tiempo.”  Todo es en el tiempo de Dios, y todo ya está dentro de los planes de Dios.  No tengamos temor al arduo trabajo, simplemente no pensemos que las obras nos salvarán, mantengámonos firme en el primer amor, ¡siempre volviendo a los pies de Jesús para escuchar su voz!

La segunda razón que tiene el olivo, y tenemos nosotros para producir una buena cantidad de flores es porque los frutos jóvenes compitan con el crecimiento de nuevas hojas para recibir recursos de las raíces.  La raíz siempre va a preferir a la hoja en tiempos difíciles entonces muchas flores y sus posibles frutos son perdidos.  Mientras más flores se producen, más frutos tendrá eventualmente.  La raíz prefiere la hoja y nosotros debemos preferir nuestras almas a nuestras obras porque a veces vamos a pasar por un desierto espiritual, cuando vamos a encontrarnos en tiempos difíciles, espiritualmente hablando. Entonces vamos a tener que cambiar nuestro enfoque de uno de producir fruto/hacer obras a uno de buscar más comunión con el Señor.  Y el cristiano que se encuentra en esta circunstancia hace bien en dejar de cultivar fruto para cultivar más y más la oración, el ayuno, la alabanza, la adoración y la lectura de la Biblia.  Y por consecuencia de haber cultivado estas cosas encontrará su vida llena del fruto del Espíritu que se encuentra en Gálatas 5:22-23.

Una tercera razón para producir más flores que frutos eventuales es porque entonces el árbol tiene la posibilidad de elegir y nutrir el fruto mejor y más lleno de semillas.  Pensándolo bien, esto es muy inteligente, porque el propósito verdadero del fruto es perpetuar al árbol mediante la semilla que lleva adentro.  De igual manera, el propósito del fruto en el cristiano, es perpetuar el Reino de los Cielos mediante la promesa que rinde.  Si el fruto no tiene este propósito, no es realmente fruto, es simplemente una manera de mantenerse ocupado con obras muertas. Todas estas razones hacen resaltar la necesidad en el cristiano de discernir entre obras muertas y aquella obra que Dios ha reservado especialmente para uno mismo.  Aquella obra que despierta pasión en la vida del creyente y rinde mucho fruto en el reino de Dios.

Finalmente, la última razón que tiene el árbol en producir una gran cantidad de flores tiene que ver con la manera que la flor produce el fruto.  Lo cree o no, las flores de los árboles tienen género, son masculinos o femeninos.  En algunos árboles, cada flor tiene masculino y femenino y entonces tiene la posibilidad de producir un fruto sin ninguna participación exterior.  Otras flores requieren esa participación exterior, requieren que alguna abeja traiga en sus patitas lo que le falta para reproducirse y convertirse en un fruto.  En casos de árboles que tienen los dos tipos de flores, flores que se han reproducido solos sin participación exterior y flores que a base de la participación exterior han sido germinados, el árbol prefiere el fruto del último.  Los frutos que resultan de participación de más de una flor crecen más rápidamente y son preferidos por las raíces del árbol, por lo tanto, tienen más posibilidades de sobrevivir.

Esto tiene su correlación espiritual; muchas veces el fruto que estamos tratando de rendir como cristianos no es porque el Espíritu Santo lo ha depositado en nosotros, sino porque es lo que nosotros en nuestra propia prudencia, en la cual no nos debemos apoyar, creemos lo más espiritual.  El fruto que va a ser preferido por la raíz, que es Cristo, como hemos visto, es aquel fruto que el Espíritu Santo ha hecho formar en nosotros.

-Hojas Solamente-

Recordemos la higuera estéril, la de Mateo 21:18-19, la cual maldijo el Señor.  La Biblia dice que la maldijo porque “no halló nada en ella, sino hojas solamente…”  Otra manera de proteger las hojas es dejando de gastar fuerzas en la producción de frutos. Es cierto que a veces hay la necesidad de dedicarse a la introspección para el proceso de la restauración del alma.  Esto se debe limitar.  Porque es fácil caer en la trampa de auto compasión o el “pobre de mí.”  Como cristianos tenemos que aprender a mantenernos tan cerca de Cristo que aun en el tiempo de la prueba siempre estamos llenos del Espíritu Santo de Dios, aunque siempre lo estamos derramando en la vida de otros.

Yo he aprendido a través de muchas experiencias con diversas pruebas que muchas veces el Señor quiere usar la prueba en mi vida para ministrar a los demás o para enseñarme cómo ministrar a o aconsejar a los demás.  Si yo no estoy dispuesta a dar este fruto en la tribulación y en la angustia entonces yo le estoy fallando a Dios y estoy negando propósito a mi sufrimiento y sufrimiento sin propósito le roba la vida del creyente. No crea que escriba fríamente estas palabras. Aun ahorita el enemigo trata de detenerlas con sus artimañas.

El dejar de dar fruto para enfocarse con egoísmo solamente en las hojas puede traer la maldición de nunca más poder producir.   Con esto reconozco que hay momentos en que la prueba es muy recia y es necesario dedicarse a la renovación y restauración del espíritu sin embargo nuestra motivación siempre es importante para el Señor. Hay personas que dejan de dar fruto en la prueba por simple egoísmo porque no han aprendido que al derramar en las vidas de los demás recibirán aún más del Señor.  No han aprendido que: “hay quienes reparten, les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza” Proverbios 11:24.  Hay que repartir y confiar que Dios, el juez justo, va a añadir más a nuestras vidas.

A veces el fruto que damos en nuestras vidas va a tomar diferentes formas.  En momentos de pruebas el fruto que quiere Dios de nosotros puede ser simplemente nuestra honestidad en reconocer nuestras propias debilidades o que nos dispongamos a buscarlo a Él fervientemente.  En otros momentos puede ser que Dios nos quiere usar para dar el consuelo a otra persona de conocer que hay otra persona sintiendo lo mismo que ellos sienten.

-El balance correcto-

“No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué has de destruirte? No hagas mucho mal, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir antes de tu tiempo? Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes tu mano; porque aquel que a Dios teme, saldrá bien en todo Eclesiastés 7:16-18 (con énfasis)

En la Nueva Traducción Viviente estos versículos terminan con “todo el que teme a Dios evitará caer en ambos extremos” (v.18).  Qué linda lección de nuestro Señor dado a través de los labios del hombre más sabio que hubo y que habrá en toda la tierra el rey Salomón (1 Reyes 3:12).  Un hombre que en su vejez se apartó de Dios debido a la influencia de sus mujeres (1 Reyes 11:4).  El rey nos escribe aquí en estos versículos de un corazón amargado por haberse apartado del Dios vivo, el dador de todo gozo y de toda paz.  A pesar de su amargura, el rey nos da una buena lección en estos versículos.  Nos enseña que es importante evitar a los extremos en nuestras vidas: “Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes tu mano…”  Esa es una lección importantísima cuando estamos hablando de cuidar a nuestras hojas.

Hemos visto dos ejemplos del extremo de cuidarse a uno mismo encogiendo las hojas o dejando de producir fruto.  Ahora veamos el otro lado del espectro.  Hay personas a quienes les cuesta pedir ayuda (yo se que las hay porque yo era una de ellas).  Estas personas prefieren hacer todo ellos mismos porque piensan muchas veces que así será más fácil y no se tienen que preocupar si se hizo bien o no se hizo bien.  Yo estoy tratando de evitar este extremo en mi vida ahora porque me ha costado caro en mi salud y en preocupaciones en extremo.

Mientras que jamás estaría bien rendirse ante las circunstancias de la vida y dejar de serle útil al Señor en el Reino, tampoco está bien ir al otro extremo y agotar a sus fuerzas corriendo detrás de todo ministerio y ayudando en todos lados sin haber siquiera inquirido del Señor si es su voluntad o no para su vida el hacerlo. Es sumamente importante para el cristiano el vivir una vida en balance, así como lo es para el árbol.  Y para esto es necesario pedirle a Dios mucho discernimiento.

Si usted se encuentra en cualquier de estos dos extremos, pídale a Dios que le ayude a volver a una vida balanceada para que usted pueda cumplir con los propósitos de Dios para su vida.  Él dice en la Biblia: “Salvaré a la que cojea, y recogeré la descarriada” Sofonías 3:19.  El Señor está dispuesto a recogerle del camino equivocado y ponerle de nuevo en el centro de sus planes para su vida dónde usted va a ser de bendición para otras personas, no solamente porque está rindiendo fruto espiritual sino también porque está dispuesto a permitir que los otros le bendigan a usted con el fruto que hay en sus vidas.

Hasta aquí hemos hablado de la función de las hojas y su paralelo en la vida del creyente y hemos visto la necesidad de proteger a nuestras hojas y de qué manera no hacerlo, ahora vamos a ver a una habilidad especial que tienen las hojas y que, gracias a Dios, nosotros también lo tenemos: la habilidad de seguir a la fuente.

-Siguiendo al Señor-

“Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” Lucas 9:62

¿Sabía usted que las hojas de los árboles se pueden mover solitos sin ninguna brisa?  ¡Sí!  Las hojas tienen la habilidad de moverse durante el día para seguir al sol.  En la mañana lo están buscando al oriente y se mueven todo el día para seguirlo al occidente para poder absorber más luz para la fotosíntesis.  Las hojas buscan al sol, no esperan que el sol les alumbre.  Como cristianos tenemos que hacer lo mismo.  Tenemos que estar mirando a Cristo Jesús “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” Hebreos 12:2.  Esta es la manera más eficaz y buena de guardar a nuestras hojas.

Cristo es lo único en esta vida que no cambia, su amor para nosotros nunca cambia, su poder y su deidad nunca cambian.  Mientras que todo lo que nos rodea está constantemente cambiando.  En la naturaleza hay un ciclo constante de muerte y vida nueva y en nuestras vidas al no más nos acostumbramos a vivir de una forma, las circunstancias cambian y fuerzan a que nosotros hagamos algo nuevo.  Sin embargo, en medio de todo el caos que forma esta vida humana, está Cristo como una antorcha, para darnos dirección en la oscuridad que nos rodea.

Aquí en Lucas 9:62, el Señor Jesús nos dice que una vez que ponemos nuestra mano en el arado para trabajar para Él, al mirar atrás, que implica volver al mundo, nos hacemos inútiles para Dios.  Por esto es que también dice en Hebreos 10:36-38: “Porque os es necesario la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aun un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma.”  No podemos retroceder, tenemos que seguir para adelante y seguir el ejemplo de las hojas de los árboles y poner nuestra mirada en el Señor y seguirle en su ceñir desde el oriente cuando recién aceptamos al Señor hasta que se ponga en el occidente porque Él nos lleva a casa a estar eternamente con Él.

Seguir al Señor implica esperar en Él.  Seguir al Señor es reconocer que es Dios quien ordena sus pasos (Jeremías 10:23) y buscar atentamente en la Palabra del Señor la dirección que necesita para su vida (Proverbios 119:133).  Seguir al Señor quiere decir que está dispuesto a no hacer nada muchas veces mientras que el Señor no le ha dado dirección clara.  Es en el esperar que muchas personas encuentran dificultades.  Seguir al Señor activamente, moviéndose, cambiando de dirección y haciendo es muchas veces más fácil que esperar en silencio hasta ver la salvación de Jehová (Lamentaciones 3:26).  Sin embargo, seguir al Señor quiere decir que está dispuesto tanto a hacer como para abstenerse de hacer.

A veces seguir al Señor traerá dolor a nuestras vidas, pero es el dolor del quebrantamiento del vaso que se había deformado en manos del alfarero y para ser útil y para ser bello tiene que ser reformado según el diseño original.  En Nahum 1:7 la Biblia nos dice que “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.”  Durante el proceso de quebrantamiento, Dios se mantiene a nuestro lado para fortalecernos y para darnos el ánimo que necesitamos para seguirle a Él en medio de este proceso tan importante.

-Una nota a los padres-

Algo muy interesante que aprendí acerca de los árboles y sus hojas a lo largo de escribir este libro es que en el árbol hay hojas de sol y hojas de sombra.

Las hojas de sol son las hojas que crecen más altos en el árbol y están acostumbrados a recibir el fuerte calor del sol en el día (que tiene su paralelo en las tribulaciones y las pruebas).  Estas hojas llevan a cabo la mayor parte del trabajo de fotosíntesis para proveer para el resto del árbol.  Estas hojas somos nosotros como padres con hijos pequeños, y en especial lo deben ser los papás en el hogar como sacerdote tanto para los hijos y para la esposa.

Las hojas de sombra son hojas que viven la mayor parte de su vida a debajo de las hojas de sol.  Estas hojas trabajan en la fotosíntesis también y tienen su función para el sustento del árbol (o del hogar en este paralelo), sin embargo, estas hojas normalmente no sienten la fuerza completa del sol o su calor.  De la misma manera los hijos no deben estar expuestos a las tribulaciones y pruebas que estamos pasando los padres o el matrimonio. Ellos no tienen la madurez todavía para poder entender o sobrellevar a tantas cargas.  De manera similar, la esposa como vaso más frágil no está hecha por Dios para llevar la mayor parte de la carga del hogar como lo fue hecho el hombre.

Cuando un árbol ha desarrollado hojas de sol y hojas de sombra y pasa algo catastrófico al árbol y pierde las hojas que eran sus hojas de sol y repentinamente están expuestas a la plena fuerza y calor del sol las hojas que antes eran hojas de sombra, estas hojas muchas veces no están preparadas para aguantar la fuerza del sol, se secan y se mueren y el árbol entero está expuesto al peligro de morir.

Como padres, es nuestra la responsabilidad de proteger a nuestros hijos y asegurarnos que mientras ellos vayan creciendo, vayan aprendiendo de manera gradual a sobrellevar las cargas de la vida para que cuando llegue el día en que ellos ya no están con nosotros, ellos estén preparados para vivir una vida victoriosa en el Señor y no que se encuentren expuestos a las dificultades y pruebas de esta vida de forma repentina e inesperada porque nosotros no supimos protegerlos y no supimos prepararlos para la vida.

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