Sección Tres: Hojas Su Prosperidad, Fuerzas y Medicina: Capítulo 1 ¿Qué Importancia Tienen Las Hojas?

Hulugaga Ella Fallas by Charlth Gunaranthna Flickr

Arboles plantados juntos a las corrientes, foto por Charith Gunaranthna, encontrada en Flickr

“Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.” Salmos 1:3

En preparación para escribir este libro, no tenía idea qué cosa iba a escribir al llegar a esta sección del libro.  Sabía que no podía pasar por alto a la mención por Dios de la hoja del árbol.  “…su hoja no cae y todo lo que hace prosperará” Salmos 1:3 y “no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde…” Jeremías 17:8 y “sus hojas nunca caerán…(serán) para medicina” Ezequiel 47:12. Hemos visto la importancia de dar fruto, y que todo fruto tiene su tiempo y toma su tiempo.  Ahora ¿Qué importancia tienen las hojas del árbol y como se refleja esto en la vida del creyente?

En estos tres versículos se ve que las hojas tienen una importancia grandísima, puesto que Salmos 1 nos enseña que el justo por lo que su hoja no cae, es prosperado todo lo que hace y esto tiene su paralelo en 3 Juan 2 cuando dice “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.”  En Jeremías dice que los justos de Dios no sentiremos la prueba, no veremos cuando venga el calor por tener la hoja verde y a la vez también está diciendo que aun en la prueba extendida se mantendrá verde nuestra hoja.  En Ezequiel dice que nuestras hojas serán para medicina a las naciones.

Un día estudiando a estos versículos y acerca de la función de las hojas en los árboles, le pedía al Señor discernimiento, puesto que yo sabía que fue el Señor que me impulsó a escribir este libro (y que me ha dado las fuerzas para seguir escribiendo aun en la prueba).  Me respondió el Señor y me reveló que las hojas de los árboles son como el espíritu del hombre.  Y esa revelación dio nuevo sentido a estos versículos para mí y abrió mis ojos en gran manera a como la naturaleza (la creación) misma testifica acerca del creador y de nuestra relación con nuestro creador (Romanos 1:19-20).

Primero, es importante notar la orden en Salmos 1, primero las aguas, el Espíritu Santo, La Palabra de Dios, y Cristo (quién es el Verbo), primero es la fuente.  Segundo es el fruto, lo que rinde el árbol, lo que provee para los demás, lo que provee para el Reino de Dios.  Tercero se mencionan las hojas y último habla de prosperidad, dando que entender que si falta uno de estos tres ingredientes (fuente, fruto y hoja) no habrá bendición o sea prosperidad espiritual en la vida del creyente. El orden de este libro se basa en el orden dado en Salmos 1, sin embargo, yo creo que el orden de importancia en la vida del creyente de estos ingredientes es más bien reflejado en Jeremías 17:7-8: “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.  Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.”  Vemos aquí que las aguas siempre vienen primero, la fuente que es Dios y viene de Dios siempre es principal.  Sin embargo, en Jeremías, luego de las aguas habla de las raíces (que son mencionadas en la sección sobre los tipos de árboles), de hojas y último de todas de fruto.  En Jeremías la promesa en vez de prosperidad es fuerzas y resistencia, luego veremos cómo estas dos cosas son relacionadas en la vida del creyente.

En verdad la hoja es más importante al árbol que el fruto. Sin fruto no hay prole para el árbol y su linaje no sigue, pero si el árbol no tiene hojas y si las hojas que tiene no son saludables, ¡nunca podrá dar fruto!  Son de tanta importancia las hojas para el árbol, tiene el mismo nivel de importancia para el árbol que lo tienen las raíces.  ¿Por qué?  Porque el árbol necesita tanto el agua que chupan las raíces como el sol que recibe a través de las hojas y no puede funcionar sin esas dos cosas.  Y en este capítulo veremos el paralelo de esto en la vida del creyente.  Como cristianos necesitamos a Cristo (nuestra raíz) y también necesitamos un espíritu bien alimentado por la comunión con el Espíritu Santo, si no tenemos estas dos cosas, nunca tendremos fruto en nuestras vidas. Mientras que el fruto es sumamente importante, lo es aún más el cuidado de las hojas.

Ahora quiero explicar la importancia de la hoja al árbol.  Las hojas del árbol son la mayor fuente de potencia para el árbol, extraen del aire dióxido de carbono y lo combinan con agua extraída de la tierra por las raíces en un proceso llamado fotosíntesis, ese proceso produce azúcares que son la energía del árbol y produce oxígeno como producto del mismo proceso y ese oxígeno lo sueltan al aire.[i]  Entonces en las hojas se lleva a cabo el uso de las materias primas de las fuentes del árbol (las aguas y el sol) y la eliminación de lo innecesario.

En el cristiano; como expliqué, la hoja corresponde al espíritu, el hombre interior, y es allí donde mora el Espíritu Santo, es allí donde las cosas exteriores que necesitamos son usadas para fortalecernos en Dios y donde con el discernimiento que Dios nos da, eliminamos lo que no le agrada al Señor.  Sin hojas fuertes, el árbol no puede sobrevivir y ciertamente nunca dará fruto.  De igual manera sin un espíritu fortalecido por el Espíritu Santo nunca podremos perseverar en la vida cristiana ni mucho menos dar fruto para nuestro Señor.  Por lo tanto, es mi deseo, como fue el deseo del apóstol Pablo que el Señor cumpla en nuestras vidas estas palabras de Efesios 3:16: “Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu.”

-No deje caer sus hojas-

Cuando en Salmos 1 dice que su hoja no cae, hablando del árbol, podemos decir, hablando del cristiano que no le entra desánimo ni a su espíritu ni a su alma por lo que se ha mantenido cerca de su fuente (Dios) y se ha mantenido lejos de lo que agota (los incrédulos y los falsos hermanos).  También por lo que constantemente medita en las promesas y las bendiciones que Dios tiene guardados para aquellos que escuchan y obedecen a su voz.  (Salmos 1:2, Deuteronomio 28:1-14 y Isaías 26:3).

En Jeremías 17 nos dice que, con hoja verde, con un espíritu vigoroso, refrescado en Dios, de ánimo fuerte, no verá el cuándo viene el calor y en la sequía no se fatigará.  Entonces la hoja verde es importantísima para el árbol, e igualmente lo es el espíritu renovado, refrescado y fortalecido en el cristiano.

¿Cómo hace entonces el árbol para proteger sus hojas?  En la hoja del árbol hay estomas. Las estomas son agujeros pequeñitos que cierran y abren dependiendo del ambiente en la que se encuentra la hoja.  Esta acción es bien organizada para optimizar el balance entre la necesidad del árbol de producir comida y su necesidad de proteger sus hojas sin las cuales no puede producir comida.  Balanceando las necesidades actuales del árbol con la necesidad de preservar su vida.[ii]

El árbol, sin alma, sin espíritu, sin entendimiento, sabe guardar su hoja.  Sabe discernir entre un ambiente bueno y un ambiente malo.  Sabe que recibir y cuando recibirlo y sabe qué no recibir y cómo evitarlo.  Y sabe balancear las necesidades y los deseos de la vida presente con la necesidad de la preservación de su vida.  ¡Cuánto más debemos los cristianos poder discernir estas cosas!  ¡Teniendo el Espíritu Santo de Dios dentro de nosotros!  ¡El omnisciente vive dentro de nosotros, dándonos ciencia, conocimiento e inteligencia! (Efesios 1:8 y 17) ¡Hasta tenemos la mente de Cristo! (1 Corintios 2:16)

Sin embargo, muchas veces los cristianos nos abrimos a lo que contamina ¡y a La Palabra de Dios nos cerramos!  Nos abrimos a lo que destruye y nos oponemos a lo que edifica.  Nos abrimos a lo que roba nuestras fuerzas y nos cerramos a la alimentación del Espíritu Santo.  ¿Cómo, entonces, queremos tener fuerzas?  Y muchas veces nos encerramos en una mentalidad de obtener lo que necesitamos o sentimos necesitar en el momento sin pensar en su efecto eterno.  Como el hermano que deja de venir a la iglesia por trabajar en dos trabajos porque dice; tengo necesidad económica ahora. Piensa que después va a buscar de Dios, pero cuando pasa la necesidad económica (si es que pasa porque en esta vida siempre hay necesidades económicas) ya se ha alejado de Dios y ha perdido las fuerzas espirituales que tenía antes.

Aprendamos del árbol a guardar nuestra hoja que representa nuestro espíritu.  El cristiano que ha sabido guardar su hoja, no se desespera en los problemas, no se desanima en las tribulaciones porque su hoja está verde (su espíritu está fortalecido).  Ni en un año de sequía que representa una temporada extendida de pruebas no se fatiga ni deja de dar fruto por lo mismo que su espíritu lo ha hecho fortalecer en el Señor, poniendo su confianza en Dios.  Solamente alcanzaremos esta bendición si aprendemos a abrir el corazón (la estoma de la hoja, el espíritu) a la ministración del Espíritu Santo.

Otra manera en que los árboles protegen sus hojas se encuentra en la transferencia de agua en el árbol.  En el árbol, el agua solamente es absorbido por medio de las raíces, aun el agua que cae sobre de las hojas es inútil al árbol, tiene que caer sobre de las raíces.  Al ser absorbido por las raíces, el agua es distribuida de una manera muy interesante.  El agua solamente sube a las hojas cuando las raíces están más mojadas que las hojas[iii].  Si las hojas no tienen necesidad de agua en el momento, esa agua se queda en las raíces y no sube.  Esto significa que para las hojas adquirir agua de las raíces, tienen que estar operando constantemente a un nivel bajo de humedad.  Sin dejarse secar del todo por lo que entonces se marchitarían antes que pueda llegar a ellos el agua nueva de las raíces.

Las mismas estomas que se abren para recibir el dióxido de carbono necesario a la producción de alimento para el árbol también causan la pérdida de agua para la hoja al abrirse.  Al abrirse se evapora de ellos el agua que tenía la hoja y de esta manera emiten oxígeno al medio ambiente.  ¡Un solo árbol maduro tiene la capacidad de producir el oxígeno suficiente para diez personas cada año![iv]  Así como el Señor le dijo a Abraham “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición  Génesis 12:2 (con énfasis).  Nosotros también somos bendecidos, pero ¡lo somos para ser de bendición!

También en Proverbios 11:24-25 dice, “Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza.  El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado.”  La hoja tiene que dar para recibir.  Nosotros también. Si queremos una unción fresca primero tenemos que vaciar en las vidas de los demás la unción que Dios ha derramado en nosotros.  Dios nos bendice para que seamos una bendición.  Y Dios conoce nuestros corazones. Si no estamos dispuestos a ser una bendición, tampoco nos va a bendecir.

Lo que nos enseña el árbol es la necesidad de buscar un balance en esta área de nuestras vidas, como en toda área de la vida.  Tenemos que aprender a balancear la realidad de que vivimos en un mundo caído y necesitamos ministrar a ese mundo caído (como lo hace el árbol, inhalando el dióxido de carbono la cual es veneno para nosotros y exhalando el oxígeno), con el riesgo de desgastar nuestro propio espíritu.  De igual manera como se abren las estomas al percibir la necesidad de dióxido de carbono, también se cierran totalmente cuando hay demasiado frío o esté demasiado oscuro para la fotosíntesis o cuando se presente el peligro de perder demasiada agua.

¿De qué manera llevar ese balance?  Aquí volvemos al principio de este libro, a un tema que he repetido vez tras vez.  Volvemos a la necesidad de mantener lazos bien estrechos con la fuente de nuestro poder; Dios Padre, Hijo e Espíritu Santo.  Con oración, con ayuno, con lectura de la Biblia y manteniendo la comunión de los santos, congregándose siempre.  Si siempre tiene prioridad nuestro tiempo con Dios, siempre tendremos lo que necesitamos para ministrar a los demás.  Siempre tendremos lo que necesitamos para que nuestra hoja esté verde, para que nuestro espíritu esté fuerte y refrescado y que sea medicina para los dolidos.

Tiene que haber un flujo, un intercambio de agua fresca, absorbido por las raíces, llevada a las hojas.  Y esa agua tiene que venir de Cristo y del Espíritu Santo de Dios.  “Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto.  A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina” Ezequiel 47:12.  Porque sus aguas salen del santuario…porque su fuente es Dios; ¡Padre, Hijo e Espíritu Santo!  Por eso su hoja no se va a caer, sino que va a estar fortalecido.

Estamos fuera de balance cuando gastamos todas nuestras energías en producir, en trabajar, en formar fruto y no cuidamos de nuestro espíritu.  Si esto lo haría el árbol, utilizando todo el alimento que producen las hojas para producir más madera o más flores para tener más fruto y no guardara nada de ese alimento para alimentar a las hojas mismas, se morirían todas sus hojas y por lo tanto el árbol mismo.  De igual manera el cristiano a enfocarse solamente en trabajar para Dios, solamente en derramar la unción en las vidas de los demás y nunca se preocupara por tomar un tiempo para descansar en Dios, se muere su espíritu, cae en desánimo y corre el riesgo de apartarse del evangelio decepcionado.  Como cristiano tenemos que dar, pero nosotros no tenemos nada para dar, por eso dice la Biblia: “…separados de mí, nada podéis hacer” Juan 15:5.  Tenemos que dar, pero primero tenemos que recibir y de lo que hemos recibido damos (1 Crónicas 29:14).

También estamos fuera de balance si solamente nos preocupamos en recibir del Señor y en proteger nuestro espíritu y nunca hacemos nada para avanzar el Reino de Dios.  Pues Jesús dijo, “Desde los días de Juan el bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” Mateo 11:12.  Dios busca personas dispuestos a trabajar para avanzar el reino de los cielos.  Dios busca hacedores de la Palabra y no oidores solamente (Santiago 1:22).   Y la Palabra nos amonesta que la fe sin obras es muerta y es la fe actuando juntamente con obras que quiere el Señor (Santiago 2:17 y 22).  Si el árbol se preocupara solamente en guardar sus hojas y no en fabricar madera para un tronco más grueso, lo botaría cualquier viento que soplara.  Si no se preocupara de producir fruto nunca podria producir otro árbol y en el capítulo acera del olivo hablamos de las plantas de olivo alrededor de la mesa.  Al final de este capítulo veremos cómo no debemos de guardar nuestras hojas, por ahora hablaremos acerca de la producción de hojas fuertes, de un espíritu fortalecido.

-Desarrollando Buen Follaje-

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.  Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.  Ya vosotros estáis limpios por la Biblia que os he hablado.” Juan 15:1-3

Alguna vez ¿ha tenido un jardín afuera o una planta en su casa?  Si lo ha tenido sabe que las hojas se secan y las tiene que quitar para mantener saludable la raíz de una planta.  ¿Por qué?  Porque es la hoja que recibiendo el sol produce comida para la raíz a través de un proceso llamado fotosíntesis.  El Pequeño Larousse[v] define de esta manera al proceso, “Síntesis de un cuerpo químico o de una sustancia orgánica, como los glúcidos realizada por las plantas clorofílicas mediante la energía luminosa.”  En palabras más simples, la hoja recibe la luz del sol y con esa luz fabrica comida para el resto de la planta.  Ese es el trabajo de las hojas, las hojas reciben agua de las raíces para poder vivir y realizar su trabajo.  Cuando la hoja se seca ya no está efectuando ningún trabajo a favor de la planta, pero mientras permanece en la planta hala agua y nutrición de las raíces y toma el espacio que pudiera ocupar otra hoja saludable.  Entonces ¿Qué hacemos?  Venimos y quitamos las hojas secas para que hojas nuevas puedan crecer en su lugar para el mantenimiento de la planta.  Sino ¿qué pasa?  Comienza a morir la planta.

Lo mismo pasa en el cristianismo.  Cristo es nuestra raíz, de Él recibimos agua (el Espíritu Santo) y nutrición (Mana o la Biblia que mora en nosotros Colosenses 3:16).  Nosotros también tenemos una responsabilidad a la planta, la raíz es Cristo, la planta es su iglesia, las ramas somos nosotros.  Nada podemos darle a Cristo, es más bien la fuente de todo, pero ¡a su iglesia podemos contribuir!  A su iglesia debemos contribuir de varias maneras; con el diezmo y nuestras ofrendas (Malaquías 3:6-11 y Filipenses 4:10-19), sirviendo en la iglesia, orando para la iglesia, evangelizando, haciendo así crecer la obra del Señor. Como puede ver, de muchas maneras podemos contribuir a la obra de Dios.  Dios no nos quiere ver calentando bancas, eso es lo que hace la rama seca, la que muy pronto es cortada y echada en el fuego (Juan 15:6).  ¿Qué ha producido usted para la obra de Dios?

Tomemos de nuevo como ejemplo el Cedro del Líbano. Para mantener el buen follaje en el Cedro del Líbano, las hojas tiene que ser recortadas con los dedos, solamente dejando la tercera parte.[vi]  De igual manera, Dios nos tiene que ‘recortar’ a nosotros de vez en cuando para que nosotros podamos desarrollar bien.  En Romanos capítulo 5:3-5 dice La Palabra de Dios lo siguiente: “… nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.”  La esperanza dice la Biblia es lo que no nos va a dejar avergonzados, entonces Dios quiere desarrollarla en nosotros.  Nos enseña que es desarrollado a través de un proceso.  Esa es la manera que Dios nos ‘recorta’ a nosotros para que desarrollemos una hoja que no cae.  El proceso no es divertido mientras lo estemos pasando, pero su resultado es un cristiano que nunca será avergonzado.  Veamos el proceso…

Primero, el diablo nos pide para zarandearnos (Lucas 22:31), Cristo le da permiso de hacerlo, con una condición, ¡Cristo mismo va a estar intercediendo a nuestro favor! (Lucas 22:32) Por esta causa el diablo ¡puede molestarnos, pero NUNCA derrotarnos!  Luego la tribulación que el diablo quería para nuestro mal obra en nosotros para producir paciencia (que como ya vimos es parte del fruto del Espíritu). Entonces ¡lo que él quiso para nuestro mal, Dios lo usa para nuestro bien! (Génesis 50:20) Una vez producida la paciencia, entonces la paciencia produce en nosotros una prueba, unas arras de nuestra redención, o sea una comprobante tangible de nuestra salvación, un cambio permanente en la manera de ser.  La paciencia como parte del fruto del Espíritu es una de las arras o sea que es garantía de nuestra redención.  ¿Cómo verdaderamente sabemos que somos salvos?  Por las arras del Espíritu, (Efesios 1:13-14) el fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas.

Ya viendo nosotros mismos el cambio en nuestras vidas y como ahora tenemos paciencia y todo tipo de fruto espiritual en nuestras vidas, nos llenamos de esperanza, dándonos cuenta que La Palabra de Dios realmente es viva y eficaz (Hebreos 4:12).  Y es la esperanza que nunca nos deja avergonzados, mientras el cristiano tiene esperanza tiene la victoria, cuando deja que el diablo le robe el gozo y la esperanza entonces es derrotado el cristiano.

Tal vez se encuentra en una situación muy difícil ahora mismo, y no halla salida, y no entiende si Dios le ama ¿por qué está permitiendo que sufra de esta manera?  Ahora ¿entiende?  Dios lo está permitiendo por el amor tan grande que tiene para usted.  Dios quiere producir en su vida algo que aún en los momentos más difíciles nunca dejará que quede avergonzado: la esperanza.  “Porque la esperanza no avergüenza” Romanos 5:5.

Muchas veces tenemos un concepto equivocado de la esperanza.  Muchas veces no entendemos que mientras que la esperanza apunta hacia el futuro, viene del pasado.  La esperanza viene de recodar a todas las maravillas que ha hecho el Señor en nuestras vidas y de creer que Dios es fiel para volver a hacer maravillas aún más grandes en nuestras vidas en el futuro.  Es necesario recordar de donde Dios nos ha sacado para poder creer que nos puede sacar del apuro en que estamos y que es fiel y misericordioso para hacerlo también.

En el Salmos 22:1-2 David le clama al Señor “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no me respondes; y de noche y no hay para mí reposo.”  Estas son palabras de un hombre que aparentemente ha perdido toda esperanza, sin embargo, en el versículo tres David cambia de tono y de dirección con sus palabras, comienza a alabar a Dios y a traer a su memoria las grandezas que Dios ha hecho con su pueblo y llega a esta conclusión: “Los que teméis a Jehová, alabadle; glorificadle, descendencia toda de Jacob, y temedle vosotros, descendencia toda de Israel. Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él, le oyó” Salmos 22:23-24.  Cuando David dejó de enfocarse en su problema presente y comenzó a alabar a Dios por todos los prodigios que Él había hecho tanto para él mismo y para el pueblo de Israel entonces volvió a tener esperanza porque la esperanza viene de una experiencia, de un encuentro con Dios

A veces la misma prueba es su puerta hacia la esperanza.  Acordémonos que en Oseas dice: “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Y le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza…” Oseas 2:14-15.  Acor significa turbación, entonces lo que nos está diciendo aquí el Señor es que a veces (quizás muchas veces) nuestras pruebas más grandes son una puerta abierta hacia nuestra bendición.  Nuestras pruebas son oportunidades para que Dios se muestre fuerte y fiel a nuestro favor para que tengamos recuerdos de donde sacar nuestra esperanza, una esperanza que nunca nos dejará avergonzados porque su fundamento es Dios.

Y aún si siente que hasta la esperanza está perdiendo, siga luchando para la bendición prometida, que no será avergonzado, y verá que cuando ya no tiene fuerzas para agarrarse de Dios, ¡Él le agarra a usted!  “Volveos a la fortaleza, oh prisioneros de esperanza; hoy también os anuncio que os restauraré el doble” Zacarías 9:12.  Cuando siente que hasta la esperanza se le va, Dios manda a la esperanza que le tome prisionero, porque Dios se compromete con Su Palabra de no dejarle avergonzado.

Yo soy testigo de esto porque cuando yo llegué al punto más bajo en mi vida y creía que mi vida se me iba, y no podía ni agarrarme de los recuerdos de las veces que Dios me había librada en el pasado porque no me sentía digna de ser librada por el Señor.  Sin embargo, Dios asió de mí y nunca me dejó y no quiso permitir que yo me apartara de Él.  Él fue mi fortaleza y la prueba más grande de mi vida fue mi puerta hacía una esperanza firme y fuerte en el Señor.  También me permitió aprender más misericordia para el caído y para los adoloridos y así mi puerta de esperanza puedo usarla para dar esperanza y alimentar a la fe de otras personas.

Por esta razón nos podemos gloriar y gozar en las tribulaciones porque podemos saber que son temporarios y ¡la gloria de las arras del Espíritu Santo es eterna!  Y como cristianos tenemos que poner nuestra mirada en lo que es eterno.  “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de Gloria; no mirando las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” 2 Corintios 4:17-18.  Lamentablemente, aun como cristianos, muchas veces ponemos nuestra mirada solamente en las circunstancias y nos olvidamos que nuestro Dios es soberano y que Él está obrando como el alfarero, formándonos para que nuestra vasija pueda ser una vasija gloriosa, útil para Él.

– “No verá cuando viene el calor”-

Los árboles también corren riesgo de perder sus hojas en días de demasiado calor.  Así como nosotros corremos el riesgo de desanimarnos durante el intenso calor de pruebas.  La Biblia lo compara a un fuego: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese” 1 Pedro 4:12.  Entonces el árbol también cuenta con una manera de proteger sus hojas en esos periodos de intenso calor.

Cuando se arrecia el calor, las hojas cierran algunas de sus estomas para evitar la pérdida de demasiada agua.  El problema es que al cerrar las estomas para proteger su agua también pierde esa oportunidad de producir comida para sí mismo.  El árbol tiene que hacer una decisión entre proteger sus hojas y producir su comida.  Este problema no lo tiene el árbol que vive en sombra.  El árbol con sombra puede aprovechar todo el sol del día para producir su comida.

En Jeremías dice: “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.  Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto” Jeremías 17:7-8 (con énfasis).  ¡No dice que el calor no vendrá!  Dios nunca promete una vida sin pruebas, al contrario, dice: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.  Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” Santiago 1:2-4.  Dios nos manda a gozarnos en las pruebas porque producen en nosotros la paciencia con el fin de que no nos falte ninguna cosa.

La promesa en Jeremías 17 es cuando ponemos nuestra confianza en el Señor, al venir los problemas nuestro espíritu estará tan fortalecido que no sentiremos ese calor tan fuerte, sino que seguiremos con el vigor en nuestro espíritu.  Por eso dice el Salmos 91: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.  Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré.”  Y “Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará.  Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos.  Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada” Salmos 91:1-2 y 7-10.  Al tener a Cristo para alumbrarnos y para dar nos sombra en las dificultades, aunque vengan los problemas que vengan podremos sobrellevarlos y salir vencedores y no solo eso: “antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” Romanos 8:37.

No nos preocupemos, Dios sabe de qué tenemos necesidad (Mateo 6:32).  Tenemos que demostrar confianza en Él.  Recuerde como Dios dio al pueblo de Israel columna de nube en el día para protegerlos del calor abrasador del desierto y columna de fuego de noche para protegerlos del gran frio que desciende de noche en el desierto (Éxodo 13:21-22).  Dios supo en qué momento dar nube y en qué momento dar fuego.  Todavía en el día de hoy lo sabe.  Dará a nuestras vidas fuego y sombra siempre en el momento perfecto para que vivamos una vida abundante y victoriosa en Él. Solamente tenemos que confiar en Él y descansar en su soberanía, así moraremos bajo su sombra y efectivamente no veremos cuando viene el calor, sino que estaremos confiados.

-Renovando el espíritu-

Si tiene un árbol conífero de hoja perenne cerca de su casa y lo contempla, se dará cuenta que ¡sí pierde sus hojas!  De hecho, yo antes tenía tres y el primer año que fueron plantados, al llegar el otoño, yo estuve llamando al hombre que me las vendió porque pensaba yo que se morían los árboles por lo que yo pensaba que el árbol conífero no perdía sus hojas.  Pero aprendí que sí las pierde, ¿Entonces por qué se llama perenne?  Porque a diferencia de los árboles caducifolios que pierden todas sus hojas al venir la estación desfavorable, los perennifolios solamente pierden las hojas más viejas que se han vuelto inútiles.  Cada año al venir el invierno, estos árboles se deshacen de sus hojas viejas que ya no son tan eficaces porque ya le crecieron hojas nuevas.

Estos árboles se están siempre renovando.  Lo mismo tenemos que hacer nosotros, estarnos renovando siempre: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” Efesios 4:22-24.  El ciprés se despoja cada año de lo que ya no le sirve, ¡qué buena lección para los creyentes!  Momento a momento tenemos que estar dispuestos a despojarnos de todo lo que no nos permite servir a Dios eficazmente.

En su vida las hojas viejas pueden ser ministerios que en un tiempo Dios los puso en su vida, pero ha llegado su momento de transición a otro ministerio o a otro oficio en el Señor.  Sin embargo, uno mismo sigue estancado tratando de retener a lo que ya no está en los planes de Dios para la vida de uno.  Estas hojas viejas también pueden ser hábitos que en la infancia espiritual Dios los permitía pero que, ahora teniendo más madurez espiritual, Dios quiere que sean erradicados de la vida de uno. Tenemos que estar dispuestos a permitir que el Señor sea quien nos quite las hojas inútiles que ya solamente inutilizan a la raíz de la planta.  Para esto tenemos que ser sensibles a la voz del Señor y dispuestos a obedecerla.

Nos toca pedirle a Dios la sabiduría y el discernimiento para darnos cuenta qué sacar de nuestras vidas y qué guardar.  También tenemos que estar dispuestos a pedirle a Dios continuamente que Él nos esté renovando y que nos vaya quitando toda hoja inútil que nosotros mismos no nos hemos quitado y que estorba a nuestro crecimiento espiritual.  Si le da permiso al Señor entrar en su vida de esta manera, encontrará que el Señor hará grandes cosas en su vida y vivirá en y disfrutará de una libertad sobrenatural y un gozo y una paz inefable, se lo digo de experiencia y se lo recomiendo de todo corazón.

Si el ciprés retuviera las hojas viejas, tendría que fabricar la comida suficiente para ellos, aunque ellos ya no están contribuyendo al árbol.  Lo mismo en nuestras vidas, hay áreas en nuestras vidas que nos quitan energías, nos quitan tiempo, nos quitan del todo y no añaden nada a nuestras vidas, son nuestras hojas viejas (nuestro viejo hombre) y tenemos que despojarnos “de todo peso y del pecado que nos asedia” y correr “con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1).  ¡Y eso no lo podemos hacer con hojas viejas!  Tener hojas perennes no significa nunca perder una hoja, significa que siempre tendrá más hojas para reemplazar a los que ya no le sirven.  Dios en su gran gracia y amor se encarga de eso.

[i] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

[ii] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

[iii] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

[iv] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

[v] El Pequeño Larousse Ilustrado 2006 Diccionario Enciclopédico pg. 461

[vi] Cedar of Lebanon – Cedrus libani http://bonsai-bci.com/species/cedar-of-lebanon.html

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