Sección Dos – Frutos de Justicia, El bien de Jehová: Capítulo Dos, La Vid

vineyard by Sean MacEntee found on Flickr

Una Viña, Foto por Sean MacEntee, Foto encontrada en Flickr.

“Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven usted, reina sobre nosotros.  Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?” Jueces 9:12-13

¿Cómo definir lo que es un árbol?  Lo que es un árbol puede ser definido como cualquier planta con un tronco de madera la cual es perennal (la cual vuelve a brotar año tras año).[i]  Basándose en esta definición la vid es un árbol, aunque nunca lo había considerado yo como tal sino como un arbusto.  Pero aún más importante que una definición humana es La Palabra de Dios, y aquí en este versículo el Señor lo está llamando árbol a la vid.

La vid es un árbol de muchísimas contradicciones.  Mientras que su ‘tronco’ es inútil (Ezequiel 15:1-4), su fruto era indispensable en Israel en los tiempos de los profetas y de Cristo.  El único trabajo de la viña es dar abundante fruto, mientras que el labrador de la viña tiene trabajo interminable.  Tiene que recortar la vid, limpiarla en el invierno, y en el verano otra vez recortar y limpiar y atar las ramas a soportes.  Requiere, por lo menos, la uva morada de agua constantemente, y todo esto para una sola cosecha en septiembre, y una cosecha bastante trabajosa, pero como veremos más adelante, ¡era y sigue siendo una cosecha de gozo!  A pesar de estas contradicciones y el afán y el trabajo de este árbol, encontramos versículos como el siguiente en el libro de Isaías 65:8 “Así ha dicho Jehová: Como si alguno hallase mosto en un racimo, y dijese: No lo desperdicies, porque bendición hay en él; así haré yo por mis siervos, que no lo destruiré todo.”

-Cetro del Rey-

“Tu madre fue como una vid en medio de la viña, plantada junto a las aguas, dando fruto y echando vástagos a causa de las muchas aguas.  Y ella tuvo varas fuertes para cetros de reyes y se elevó su estatura por encima entre las ramas, y fue vista por causa de su altura y la multitud de sus sarmientos.” Ezequiel 19:10-11

Este versículo habla simbólicamente de Israel.  Compara a Israel con una vid.  La vid debe dar abundante fruto por lo que su madera realmente es inútil para cualquier obra.  Ese fruto debe beneficiar al labrador de la viña, pero Israel como veremos, no dio fruto para Dios. Al ver que sus vástagos se habían fortalecido y servían para algo, para cetro de rey, se equivocó en creer que el fruto era para ella misma.  En el capítulo anterior vimos en la Biblia acerca de a quién le pertenecen los frutos que rendimos.  Y mientras que es cierto que nosotros vamos a gozarnos como consecuencia de rendir frutos, los frutos en sí le pertenecen a Dios porque de Él fluyen todas las bendiciones.  Todo lo que somos y tenemos como cristianos le pertenece a Dios.  Sin embargo, Israel no reconoció esa verdad, como nos dice el Señor en Oseas: “Israel es una frondosa viña, que da abundante fruto para sí mismo; conforme a la abundancia de su fruto multiplicó también los altares, conforme a la bondad de su tierra aumentaron los ídolos.  Está dividido su corazón.  Ahora serán hallados culpables…”  Oseas 10:1-2.

Seremos hallados culpables si nos jactamos en la presencia de Dios debido a nuestros frutos.  Si permitimos que nuestro corazón se divida entre agradar a Dios y ser vistos por los hombres.  Es fácil caer en la soberbia y la vanagloria cuando Dios lo usa a uno en abundancia.  Pero al caer en esos pecados corta el mismo fluir del Espíritu en su vida y del Espíritu viene el fruto.  Israel, nos dice en Ezequiel 19, fue vista a causa de sus muchos sarmientos, su mucho fruto.  Por causa de ese fruto fue levantado Israel, se elevó sobre las demás naciones, pero ¿a causa de qué?  A causa de las muchas aguas.  A causa del Espíritu Santo de Dios que la sostenía.  Hay un gran peligro en dar fruto para uno mismo, es el peligro a la jactancia y a la vanagloria, dos cosas que cortan la bendición en la vida del creyente.  Debemos mantenernos humildes en la presencia de Dios porque “Jehová exalta a los humildes, y humilla a los impíos hasta la tierra” Salmos 147:6.

El peligro de dar fruto para sí mismo es la jactancia y la consecuencia de la jactancia es caer de la gracia de Dios.  Quizás por eso el Señor hizo a la viña con esa gran contradicción de fruta deliciosa y codiciable y madera inútil.  Muchas veces el Señor, en su sabiduría, conociéndonos como somos, tiene que darnos una debilidad para mantenernos humildes delante de Él, así como hizo con el apóstol Pablo: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera” 2 Corintios 12:7.  Aceptemos de la mano del Señor no solamente lo bueno sino también lo que a nosotros nos parece malo, porque el Señor en su infinito sabiduría está cuidándonos de la jactancia que puede ser común entre los cristianos.

-La vid Verdadera–

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.  Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará para que lleve más fruto.” Juan 15:1-2

¡Nuestro Padre celestial tiene trabajo arduo e interminable con nosotros!  Gracias a su misericordia sigue trabajando en nosotros, aunque muchas veces somos pámpanos rebeldes que queremos llevar fruto ¡pero para nosotros mismos!  Como ya vimos, así era el pueblo de Israel también.  Teniendo corazón dividido no servían a Dios de todo corazón, aunque Él los plantó a ellos, los sembró en buena tierra, esperando una gran cosecha de fruto para el reino de Dios, pero ellos querían el fruto para ellos mismos.  El fruto que es producido en nuestras vidas, frutos de justicia, frutos espirituales que pudieran edificar y alimentar al pueblo de Dios, muchas veces los queremos usar para nuestro propio beneficio en vez de rendirlos para ser una bendición a otros.  Dios produce en nosotros gozo y paz y no queremos enseñar a otros como tenerlos en su vida, ni queremos alegrar la vida a otro.  El Espíritu Santo derrama en una vasija ciencia, inteligencia y sabiduría divina y luego esa persona se niega a usar el fruto de esos dones que Dios mismo ha depositado en él para ayudar a los que necesitan, a no ser por ganancia (2 Timoteo 6:5-6).  El deseo de Dios es que rindamos abundante fruto para una sola razón, para ser de bendición en la vida de los demás, así nos haremos útiles en el Reino de los Cielos, “de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8.

En Eclesiastés 11:1-3, nos lo explica el Señor de otra manera, y allí mismo en el versículo tres ¡nos da una advertencia!  “Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás.  Reparte a siete y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra.  Si las nubes fueran llenas de agua, sobre la tierra la derramarán; y si el árbol cayere al sur o al norte, en el lugar que el árbol cayere, allí quedará.”  Entregando a Dios el fruto que rindamos en nuestras vidas, el cual viene a través de la manifestación del Espíritu Santo en nuestras vidas, para que lo utilice para bendecir a las vidas de muchas personas es la única manera de lograr disfrutarlo.

Si lo echamos sobre las aguas, si lo echamos sobre el Espíritu Santo (agua 1 Corintios 12:13) con fe en la Palabra (agua Isaías 55:10-11) y en un espíritu de anticipación, entonces Dios permitirá que nosotros también disfrutemos de ese fruto, y volverá a nosotros.  Porque la Biblia dice “A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho se lo volverá a pagar” Proverbios 19:17.  El que presta ¿no recibe luego lo que prestó y aún con intereses?  Así es cuando uno presta a Dios, dando al que tiene de cerca, compartiendo dones y frutos espirituales, emocionales, físicos y económicos.

En el versículo dos de Eclesiastés capítulo 11, ¡Dios nos está pidiendo que compartamos el fruto en nuestras vidas con todo aquel que se nos ponga en nuestro delante!  ¡Sin acepción de personas!  “Hermanos míos, que vuestra fe en el Señor sea sin acepción de personas…pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores” Santiago 2:1 y 9.  Estas palabras vienen con una advertencia, reparta porque no sabe el mal que vendrá sobre la tierra.  Reparta y a muchos, no quede convicto como transgresor. El versículo tres del capítulo 11 de Eclesiastés trae una última advertencia para aquella persona que desea rendir fruto para sí mismo.  Nos dice “Si las nubes fueran llenas de agua, sobre la tierra la derramarán.”  Es necia la persona que cree que podrá retener su propio fruto.  Cuando el fruto del árbol madura, con una pequeña sacudida el fruto cae del árbol, y se pudre en la tierra, y lo que no cae los insectos lo comen.  El fruto todavía inmaduro no lo comen los insectos porque es amargo todavía, pero ya maduro y dulce está expuesto a toda clase de insecto y de ave.  Si uno no rinde su fruto para Dios, se engaña a sí mismo creyendo que podrá retenerlo para uno mismo.  Tanto como la nube una vez llena no puede detener su lluvia, y el árbol una vez maduro su fruto tampoco no lo detiene, ¡nosotros no podremos!  ¡Entreguemos todo nuestro fruto al Labrador Divino, Dios Padre!

-El labrador de nuestra viña-

“Como tú no sabes cuál es el camino del viento (Del Espíritu Santo – Juan 3:8) o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas” Eclesiastés 11:5.

“Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña.  Tenía mi amado una viña en una ladera fértil.  La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres… ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?  ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?” Isaías 5:1-2 y 4. ¿Qué más puede hacer Dios para nosotros para que le demos fruto en abundancia y Él pueda sacar algún provecho de nuestras vidas?  Nos ha dado una tierra fértil, plantándonos en una iglesia llena del fuego del Espíritu Santo.  Somos nosotros que causamos divisiones en la tierra y arruinamos lo lindo que Dios nos ha dado.  Nos ha puesto cerco todo alrededor de nosotros, protegiéndonos de todo ataque de las fieras del campo, del diablo y sus demonios.  “Mas Tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza” Salmos 3:3.  Muchas veces somos nosotros que quitamos nuestro propio cerco, queriendo vivir, según nuestros pensamientos, libres (según nuestro pensamiento), cuando el pecado no es libertad, sino que es esclavitud.

Él ha despedregado la tierra, quitando todas las piedras de tropiezo que hay a nuestro alrededor.  Y nos enseña a poner nuestra mirada en Él para no tropezar a causa del comportamiento de algunos que solamente se llaman ‘cristianos’.  El problema es que a nosotros muchas veces nos gusta el chisme, nos gusta el saber, y quitando la mirada de Cristo para escuchar lo que no edifica, cuando nos damos cuenta, ya la viña está repleta de piedras que vienen a causa de nuestro pecado.

Nos plantó el Señor, esto significa más que el pequeño esfuerzo del sembrador que nada más avienta la semilla y cae donde cae, y parte va caer en buena tierra, pero la mayoría no (Mateo 13:3-9).  El labrador de la viña, para plantar una vid, especialmente una vid escogida como dice de nosotros en estos versículos de Isaías, hace un hueco en la tierra a la medida exacta para la preciosa vid que va a plantar.  Y luego lo pone a la tierra y rellena el hueco con abono y tierra buena.  El Señor tomó con nosotros todas las precauciones para que rindamos uvas y no uvas silvestres, para que demos fruto abundante para el reino de los Cielos y no fruto para nosotros mismos, que simbolizan las uvas silvestres, o aun peor, nada de fruto.

Edificó torre en medio de nosotros para estar Él en medio de nosotros.  “Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel” Isaías 12:6.  Edificó torre allí para estar con nosotros de día y de noche y nunca dejarnos solos.  “Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?  Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.  No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda.  He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel.  Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha.  El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche.  Jehová te guardará de todo mal; El guardará tu alma” Salmos 121:1-7.  Edificó torre en medio de nosotros para estar omnipresente con nosotros y saber siempre en qué condiciones nos encontramos, para cuidarnos del fuerte sol del día y del fuerte frío de noche.  Edificó torre en medio de nosotros para espantar a las zorras: “Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; Porque nuestras viñas están en cierne” Cantares 2:15.  El Señor reconoce cuando estamos en cierne, cuando estamos brotando la flor que se convertirá en fruto y que en ese momento está delicada y tierna nuestra vid delante de Dios porque está por manifestarse la promesa de fruto en nuestras vidas.  A todo costo, el Señor estará con nosotros para traer a luz ese fruto que tal vez ahora mismo es solamente una promesa para el futuro.

Finalmente, el Padre ha hecho un lagar en medio de nosotros.  Esto demuestra que Dios realmente cree en nuestra capacidad para producir buenas uvas.  Nos miró, nos llamó ‘vides escogidas’ e hizo todo lo posible para que podamos dar buen fruto y en gran abundancia.  Para que Él pueda extraer de nosotros bendición, gozo para derramar en las vidas de las demás personas.  Dios cree en nuestra capacidad de rendir buen fruto hasta tal punto que se esfuerza haciendo en medio de nosotros el lagar.  ¿Qué es el lagar?  Se estará preguntando, ¿Por qué poner tanto énfasis en el hecho que el Señor haga un lagar?  El lagar es el lugar donde las uvas son vaciadas y pisadas para extraer de ellos su mosto.  Entonces con el hecho de que el Señor tome el tiempo de construir un lagar en medio de nosotros significa que Él está seguro que vamos a rendir fruto y que ese fruto va a ser buen fruto, útil para una “libación de vino superior ante Jehová” Números 28:7.  Posiblemente, usted haya visto los lagares del día de hoy que son hechos simples con madera y clavo y calafateados para no perder el mosto.  De un lagar así no está hablando el Señor, sino que, en los tiempos bíblicos, no era cosa tan liviana hacer un lagar.  ¡Los lagares entonces tenían que ser cavados de rocas![ii]  ¡La misma palabra hebrea que aquí es traducida como lagar significa excavar!  ¡Qué gran esfuerzo de Dios para con nosotros!  ¡Qué ingratitud de parte nuestra no darle el fruto que Él espera!

-Uvas silvestres-

 “Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada.  Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella.  Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya.  Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor” Isaías 5:5-7.   Dios espera de nosotros frutos apacibles de justicia (Hebreos 12:11), espera que demos fruto con perseverancia (Lucas 8:15), espera de nosotros un fruto que permanezca (Juan 15:16), fruto de santificación (Romanos 6:22), fruto que abunde (Filipenses 4:17), fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23) y sobre todo fruto de labios que confiesan su nombre (Hebreos 13:15) que reconocen que de Él vienen sus frutos.  Si no damos los frutos que Él espera, somos echados afuera, cortados, y hollados.  Dios no puede ser burlado.  Quitará nuestro cerco y nuestra torre y seremos expuestos a las fieras del campo, a todo ataque de nuestro enemigo el diablo.  No seamos más así, seamos sinceros con Dios, ¡no rebeldes!  ¡Porque el Espíritu de Jehová no siempre contenderá con el hombre! (Génesis 6:3) y “los caminos de Jehová son rectos, y los justos andarán por ellos; mas los rebeldes caerán en ellos” Oseas 14:9. No caigamos aun caminando en el camino angosto, seamos sensibles a la voz del Espíritu Santo, rindamos abundante fruto, pero no para nosotros mismos sino para avanzar el Reino de los Cielos.

-Fruto más abundante-

Es a la vez beneficial y duro para la viña el trato del labrador, pero es para su bien, es para que pueda crecer y ser exitosa en su único propósito, el de llevar fruto.  “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” Juan 15:8.  Pues en el versículo dos, de Juan 15, la Biblia nos dice que aun el pámpano que está llevando fruto no escapa del labrador.  Es limpiado para que pueda llevar más fruto.  Las hojas viejas y secas son quitadas, las flores inútiles que no van a dar fruto son arrancados y el pámpano tiene que ser amarrado a un soporte para aguantar el peso de las uvas una vez que éstas hayan madurado.  Y es necesario soportar de buena gana todo este trato porque “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿Qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?” Hebreos 12:7. Siendo hijos, recibiremos disciplina porque Él azota a todo aquel que recibe por hijo (Hebreos 12:6) sin acepción de personas, sin necesidad de que primero hagamos algo malo (pues el pecado está ligado a nuestro corazón desde el nacimiento (Proverbios 22:15)).  El azote que el Señor da es uno para rendir un carácter agradable delante de su presencia.  Un carácter lleno de los frutos que debe rendir todo cristiano.  Es normal en una vid que se sequen las hojas, pero eso no significa que el labrador no los va a arrancar.  Los tiene que arrancar para que puedan crecer más hojas verdes en su lugar (veremos más adelante la gran importancia de las hojas).  De igual manera, puede haber cosas en nuestras vidas, actitudes o hábitos que en si no son malos, pero Dios, viendo el final deseado de nuestras vidas sabe que las tiene que quitar, esa es la verdadera disciplina de Dios.  ¡Eso es lo que rinde un cristiano lleno del poder del Espíritu Santo!  Aun siendo duro este trato para la viña y para uno, es más duro para el Padre.  ¡Imagínese su corazón de Padre cuando escucha y ve las lágrimas de sus hijos y sus hijas!

-La necesidad de agua-

“Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación, y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres, en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido” Isaías 12:3-4.

La uva morada para que sus viñas estén cargadas de uvas requiere de agua constantemente.  Si no reciben el agua que necesitan se marchitan, se secan y finalmente se mueren.  Pero fiel es nuestro labrador, Dios Padre, tan fiel que dice en la Biblia “si fuéremos infieles, Él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo” 2 Timoteo 2:13.  Y nos da invitación tras invitación en la Biblia de tomar de sus aguas.  En este versículo de Isaías 12, nos enseña cómo adquirir el agua que necesitamos.  “Sacaréis con gozo…”  Es necesario gozarnos en nuestro Dios, que Él sea nuestro gozo, nuestra delicia para poder sacar las aguas que nosotros necesitamos.  Es importante notar aquí que habla de aguas.  En si la palabra agua es plural, indicando una cantidad de agua.  La palabra aguas denota una cantidad de más que un tipo de agua.  Esas aguas que necesitamos vienen siendo el Espíritu Santo para refrescarnos (Juan 7:38, Apocalipsis 22:1) y la Palabra que sale de la boca de Dios que hace germinar y producir (Isaías 55:10-11).  Y ¿de dónde vamos a sacar esas aguas?  “de las fuentes de la salvación” que significa Cristo Jesús.  Otra vez la palabra es plural.  Fuentes en vez de fuente, indicando más de una fuente, entonces creo que es debido analizar más a la salvación.

Si Dios nos dice aquí que hay fuentes de salvación, pero sabemos que la salvación viene de una confesión de fe en Jesucristo: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.  Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” Romanos 10:9-10; entonces esta confesión es lo que resulta en la salvación, pero el proceso de la salvación comienza antes de la confesión y sigue aun después.  Estas son las fuentes de la salvación;

  • La gracia del Señor Jesús (Hechos 15:11)
  • La justificación de la sangre del Señor Jesús (Romanos 5:9)
  • La reconciliación mediante la muerte de Cristo (Romanos 5:10)
  • La esperanza en Cristo (Romanos 8:24)
  • La retención de la palabra predicada (1 Corintios 15:2)
  • El obsequio de la vida, cuando estábamos muertos en nuestros pecados (Efesios 2:1 y 2:5)
  • La fe en Cristo (Efesios 2:8) Y esa fe siendo don de Dios (Romanos 12:3)
  • El amor de la verdad (2 Tesalonicenses 2:10)
  • El creer en el Señor Jesús y ser bautizado (Marcos 16:16)
  • La Perseverancia aun cuando somos aborrecidos por causa de Cristo. (Marcos 13:13)
  • La Benignidad de Dios (Romanos 2:4)

Sabiendo que la uva requiere de agua constantemente ¿Se imagina el trabajo de Dios en regar a todos los creyentes todos los días?  Pero Dios tiene unas aguas especiales  “… el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” Juan 4:13-14 y  “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” Juan 7:38.  El agua en términos humanos, al recibir y consumirlo se acaba y vuelve uno a tener sed, pero el agua que da Cristo, el agua del Espíritu Santo y de La Palabra de Dios es especial, de una vez derramado en nosotros se vuelve una fuente, se vuelve un agua que nunca se gasta, más bien se está renovando constantemente dentro de nosotros, de tal manera que si seguimos a Cristo y retenemos una comunión íntima e estrecha con Dios, no tendremos nunca más necesidad de otro agua ni de otro depósito de agua.  El depósito original de Cristo se renueva y se purifica cada vez que oramos, cada vez que leemos La Palabra de Dios, cada vez que ayunamos y cada vez que en la iglesia alabamos y adoramos a su Santo Nombre.

-La bendición del racimo-

“Así ha dicho Jehová: Como si alguno hallase mosto en un racimo, y dijese: No lo desperdicies, porque bendición hay en él, así haré yo por mis siervos, que no lo destruiré del todo” Isaías 65:8.

Deseo dar otra llamada a congregarse.  El mosto, la bendición de que habla el Señor en este versículo es el del racimo.  De una uva no se hace vino, se hace cuando el lagar se ha llenado hasta rebosar con miles de racimos de uvas.  Hay una gran importancia en la alabanza y la adoración corporal.  Muchas personas creen que hacen bien quedándose en su casa para alabar a Dios, pero la Biblia dice: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos” Mateo 18:21.  La presencia prometida del Señor es en la congregación de los santos.  La Biblia también dice que la presencia de Dios habita entre las alabanzas de su pueblo (Salmos 22:3).  La persona que se queda en casa en vez de congregarse en una iglesia pierde una grande bendición.  Porque cuando el pueblo de Dios se junta y alaba y adora a Dios unánimes y a una voz (Romanos 15:6) la presencia de Dios desciende en ese lugar y llena no solamente el lugar, sino que también llena cada vaso que ha dispuesto su corazón para buscar de Dios.

En Salmos 133 dice: “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía…Porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna ¡” Salmos 133:1y3b.  El Señor envía bendición a su pueblo cuando el pueblo se reúne para buscar su rostro.  No es suficiente con alabar a Dios y leer la Biblia en la casa, de hecho, en Romanos 10:17 dice que “la fe es por el oír” y en Apocalipsis 1:3 la Biblia promete una bienaventuranza a los que oyen las palabras de Apocalipsis.  En el racimo hay bendición, bendición que Dios promete no destruir, bendición que Dios manda que no desperdiciemos.  Seamos sensibles a La Palabra de Dios, pongámoslo por obra.  Necesitamos estar rodeados de creyentes.  Necesitamos congregarnos en una iglesia.  Las uvas no crecen individualmente, crecen en racimo.  Las uvas no rinden su mosto individualmente, lo rinden en racimo.

-Una nota a los casados-

“Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa…” Salmos 128:3

En los tiempos Bíblicos, sembraban vides no solamente en viñas, sino que también los sembraron junto a las casas.  En aquel tiempo, las casas fueron hechas de adobo y las paredes de la casa retenían el calor del sol que las alumbraba en el día de tal manera que aún en el frío de la noche una vid sembrada junta a la casa se mantenía caliente toda la noche.  Esa calor permitía a la viña rendir fruto en gran abundancia.

El esposo debe cumplir esa misma función en el hogar, debe dar a la esposa el calor y el cariño necesario para que ella florezca y rinda fruto.  En 1 Pedro 3:7, La Palabra de Dios da esta instrucción para los esposos: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.”  Si el esposo quiere que sus oraciones sean oídas por el Señor entonces dice la Biblia que debe usar sabiduría en el trato de su esposa, que la trate como a un vaso más frágil, dándole a ella el honor que merece por ser su esposa y la madre de sus hijos.

En Colosenses 3:19 dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.”  La mujer no florece en condiciones de hostilidad al igual que la viña no da fruto si las condiciones son malos o muy secos o muy fríos.  El hogar influye mucho en la vida de la mujer; y el hombre, como cabeza del hogar y de la mujer (Efesios 5:23) tiene en sus manos hacer que su mujer se levante y dé fruto para el Reino de Dios, o que la mujer decaiga en su vida espiritual.  Hay mujeres que viven en hogares llenos de desprecio y todavía se hacen grandes mujeres de Dios a través de mucha lucha y sufrimiento, pero como cristiano, Dios pedirá cuentas al hombre si no trata a la mujer como es debido, como una mujer cuya “estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas” Proverbios 31:10.

[i] Trees: Their Natural History by Peter Thomas, Cambridge University Press ©2000.

[ii] Strong’s Concordancia exhaustiva #3342

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