Sección Dos – Frutos de Justicia, El bien de Jehová, Capítulo 1 El Olivo

Olive Tree WC Ferrell Flickr

El Olivo, Foto por WC Ferrell, Encontrada en Flickr

“Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros.  Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?” Jueces 9:8-9

En esta sección vamos a empezar a ver la bendición de dar fruto a través del análisis de árboles que dan fruto y el fruto que dan.  Vamos a comenzar con el olivo, un árbol que rinde un fruto muy importante. Dios escogió al aceite del fruto de este árbol para ser el aceite de la unción y del alumbrado de las lámparas del tabernáculo.  “Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder continuamente las lámparas” Éxodo 27:20. El aceite del olivo representa la unción de Dios la cual debe haber en todo creyente.

-Fruto ¿para qué? y ¿para quién? –

Fruto en la Biblia toma dos formas, físico y espiritual.  Hay fruto que es producido por un árbol o que es por el trabajo de uno, eso juntamente con el fruto del vientre (los hijos) es fruto físico, tangible. También hay fruto espiritual, fruto que se percibe como un cambio en la persona, pero no es algo que se puede tomar en la mano. Y es necesario saber que toda persona, sea hombre o sea mujer tiene un vientre espiritual para dar a luz bendición y los propósitos del Señor para su vida.

Pero ¿de quién y para quién es el fruto?  El fruto tanto físico como espiritual que rinde en su vida ¿a quién le pertenece?  Hay frutos que son únicamente para el Señor, como las almas (Romanos 16:5). Hay frutos que producimos por amor de Dios, pero el beneficio de ellos es para los que nos rodean, como las buenas obras (vea Tito 3:12-14 y Romanos 15:26-28) y hay frutos que son para la gloria de Dios y benefician no solamente a los que nos rodean, sino que nos benefician a nosotros también, así como gozo y paz y los demás frutos del Espíritu (Gálatas 5:22-23).

La Biblia tiene mucho que decir acerca de quién se queda con los frutos; por ejemplo, dice “quien cuida la higuera comerá su fruto” Proverbios 27:18, si usted es higuera, por ejemplo, ¿Quién le está cuidando?  ¡Dios y su pastor!  Entonces ellos dos tienen un derecho a disfrutar de los frutos para así disfrutar usted de las bendiciones de Dios (1 Corintios 9:9 y 1 Timoteo 5:18 y Ezequiel 44:30). También dice la Biblia: “Decid al justo que le irá bien, porque comerá del fruto de sus manos” Isaías 3:10.  Usted, como justo (eso si permanece en Cristo) tiene derecho a comer del fruto de sus labores en Cristo.  También, los que alcanzan misericordia delante de Dios tienen derecho a disfrutar de los frutos por pura gracia.

-Aprendiendo del Olivo y sus lecciones-

El olivo es un árbol que crece en los costados de las montañas donde la tierra está llena de piedras y aun así rinde bastante fruto, hasta dos veces por año lo rinde.  Este árbol produce miles de pequeñas flores blancos, pero solamente un flor de cada cien rinde fruto.[i]  El olivo da fruto más de mil años, aun cuando el tronco está ya podrido por dentro por la edad, las ramas siguen dando fruto.  Aun cuando ha sido talado, da renuevos y dentro de un par de años puede estar rindiendo fruto de nuevo.  En el olivo, lo más valioso es el aceite que rinde su fruto, aunque su madera fue usada por el Rey Salomón para adornos en el templo, su uso principal siempre ha sido rendir su fruto, la oliva para entonces rendir su aceite.  Del aceite y su paralelo espiritual, la unción, hablaremos en sección tres, capítulo tres.  Aquí nos enfocaremos en el trabajo del árbol en producir el fruto que rinde la bendición de aceite.

-Enfocándose en lo que va a dar fruto-

Un olivo maduro producirá miles de flores, pero solamente uno en cada cien de ellos se convertirá en fruto.  Y como ya hemos dicho, lo más valioso de este árbol es su fruto.  Flores son muy bonitos, pero no va a dar una flor a una persona hambrienta, le va a dar pan, y en Israel, la única manera que hacían pan (en el tiempo de Jesús y antes) era con harina en la tinaja y ¡aceite en la vasija!  Sin el olivo, no hay aceite, pero ¡solamente por tener una flor bonita en sus ramas no significa que tendrá fruto!

En el libro de Job 15:33, Dios nos dice lo que el árbol hace con las flores inútiles “Perderá su agraz como la vid, y derramará su flor como el olivo.” El olivo derrama todas las flores inútiles que no van a producir fruto.  ¿Cuál sería su secreto para saber cuáles flores derramar, y cuáles se convertirán en fruto?  Más importante es ¿Cómo podemos nosotros distinguir entre la flor que dará fruto en nuestras vidas y la que solamente está tomando aliento de las raíces sin cumplir ningún propósito?  El diablo le gustaría vernos tan ocupados con obras muertas que nunca cumplamos el propósito de Dios en nuestras vidas.  Hay muchas cosas buenas que pudiéramos estar haciendo, en nuestras casas, en nuestros trabajos y sobre todo en la iglesia, pero es necesario analizar cuál va a traer fruto para el reino de los cielos.

Esto hace surgir una pregunta muy grande, ¿Por qué producir más flores que el número de frutos que el árbol puede producir?  Estudiando este tema abrió mis ojos a varias verdades centrales en la vida espiritual.  Aprendí que hay varias razones para tener una sobreproducción de flores en el árbol, y también en nuestras vidas.

-El ‘síndrome de Marta’-

Muchas veces las flores fallan en producir fruto porque el fruto joven aborta en su crecimiento, puede ser debido a frio o falta de agua o por ataque de insectos.  Es igual en nuestras vidas muchas veces.  En la vida cristiana, buscando servirle a Dios, nuestros ojos y nuestras mentes se llenan con todas las posibles formas de servir a Dios y pasa muchas veces (menos veces espero cuando ya el cristiano madura) que el cristiano corre detrás de todo servicio a Dios que pueda, sin enfocarse en una en particular y sin cultivar un sueño en el Señor primero.  Y entonces ¿qué pasa?  Tarde que temprano se acaba la emoción o se agotan las energías de la persona porque está tratando de hacer demasiadas cosas a la vez, y ¡no ha consultado al Señor antes de hacer!  Entonces viene muchas veces el enfriamiento espiritual, porque el cristiano está tan ocupado en obras muertas, ninguna ordenada de Dios que ya no tiene tiempo para pasar en comunión con Dios.  Y en el final de cuentas todos sus frutos abortan y no rinde nada.  ¡Esto lo llamaremos el ‘síndrome de Marta’!

Aprendamos de Marta y María, “Aconteció que, yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.  Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía la Biblia.  Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola?  Dile, pues, que me ayude.  Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.  Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” Lucas 10:38-42.  ¿Alguna vez ha tenido una visita muy importante en su casa y estuvo tan ocupado en impresionar a la visita que ya no pudo disfrutarla?  Eso es básicamente lo que le pasó a Marta.  Y nos puede pasar muchas veces en lo espiritual.

Todo servicio a Dios es bueno y es honroso, y es importante.  Por lo tanto, quiero decir esto primero, que no nos podemos esconder detrás del “no quiero ser como Marta” y no hacer nada para Dios, porque la Biblia claramente dice, “El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero” 2 Timoteo 2:6.  Entonces si quiere participar del premio y de la recompensa guardada para las personas que sirven al Señor, ¡tendrá que aprender a trabajar para Dios!

Se equivocó Marta en el momento y en la manera que quiso servir a Dios.  Jesús vino a enseñar, primeramente: “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” Mateo 4:23.  Lo principal en la vida de Jesús era enseñar al pueblo y predicar el evangelio de Dios.  Luego Él sanaba a los enfermos.  La sanidad de los enfermos y la compasión para la gente eran muy importantes en la vida de Jesús, pero lo principal era enseñar porque: “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?  ¿O qué recompensa dará el hombre para su alma?”  Mateo 16:26. ¿Qué provecho había para las multitudes si los sanaba, pero los dejaba en la oscuridad de condenación segura en la cual se encontraban?  El evangelio, la enseñanza de la verdad los iba a conducir a la vida eterna, no la sanidad en el cuerpo.  Por las señales muchos van a creer (Juan 6:30) pero primero necesitan ser enseñados en que deben creer.  Jesús se podía haber enfocado solamente en sanar, y hubiera hecho muchas cosas buenas, pero su pueblo todavía estaría en oscuridad, ¡nosotros todavía estaríamos en tinieblas si no fuera por la verdad que Él enseñaba!  Entonces si la tarea principal de Jesús era de enseñar entonces la tarea principal de Marta era recibir enseñanza, primeramente.  Nuestro primer trabajo tiene que ser, y el de Marta también tenía que haber sido, el escuchar y el aprender del Señor.

-Fruto no tiene edad-

Hay muchas personas que tienen un concepto muy equivocado que hay personas o muy jóvenes o muy viejos para ser útiles en el Reino de Dios.  ¡Eso simplemente no es verdad!  Siempre habrá personas que le digan que está demasiado joven o demasiado viejo, pero hay una cosa que tenemos que aprender y eso es no prestarles atención a las opiniones de la gente, ¡prestarle atención a Dios solamente! (Miqueas 6:9) La gente no nos va a dar la salvación, ¡solamente Dios!  De igual manera, la gente no establece ni castigos, ni los tiempos.  ¡Es Dios quien los establece! Dios en todo tiempo quiere que llevemos fruto para su reino, desde los primeros días que lo conocemos ¡hasta el día en que nos lleva a estar siempre con Él!  Y claramente, ¡tengo algunos ejemplos de la Biblia!

Para el joven y el niño, comenzaremos con Samuel, “Y Elcana se volvió a su casa en Ramá; y el niño (Samuel) ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí” 1 Samuel 2:11.  Samuel, aun siendo niño ministraba en el templo de Dios, dice la Biblia que a Dios le ministraba.  Cualquier ministra a otra persona, este niño a su corta edad ¡ministraba a Dios!  Mucha gente no ve la distinción entre ministrar al pueblo y ministrar a Dios, y no puedo entrar en ese tema aquí, pero usted puede leer Ezequiel capítulo 44 y Malaquías 3:13-18 para entender que sí existe una diferencia entre ministrar al pueblo de Dios y ministrar a Dios mismo.

Samuel, no tuvo que esperar mayor de edad para servirle a Dios.  Dios busca a personas para servirle de todo corazón, y si un niño o una niña dispone su corazón y la prepara para inquirir la ley de Jehová y cumplirla y para enseñarla, entonces la mano de Dios va a estar con esa persona, (Esdras 7:9-10) no a pesar de su edad, sino sin importar su edad.  No nos debe sorprender que Dios use a los pequeños, la Biblia dice: “de la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos para hacer callar al enemigo y al vengativo” Salmos 8:2. Dios con un plan usa a los pequeños, para confundir al diablo.  También está escrito: “Tocad trompeta en Sion, proclamad ayuno, convocad asamblea. Reunid al pueblo, santificad la reunión, juntad a los ancianos, congregad a los niños y a los que maman, salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia” Joel 2:15-16.  Los niños son parte integro de la congregación de los santos, son el futuro de la iglesia, pero no tienen que esperar el futuro para servir a Dios, porque Dios se complace en usar la persona que se disponga.

Los hijos del sacerdote Elí, no se disponían para servir a Dios, ¡sino que para pecar contra Él y contaminar todo el pueblo de Dios!  Ellos tenían la edad “normal” para servir a Dios y el parentesco para servirle (eran de los hijos de Leví, linaje de Aarón, vea Éxodo 28 para más información sobre del linaje del sacerdocio) pero no tenían el deseo de santificarse para Dios.  Samuel aparentemente no tenía la edad, ciertamente no tenía el parentesco (venía de la tribu de Efraín, hijo de José), ¡pero sí tenía la disposición!  Y ¡Dios le permitió ministrar!  Dios honra a los que le honran a Él (1 Samuel 2:30), no importando la edad o las calificaciones.

Para el anciano o la anciana, vamos a ver el ejemplo de Daniel.  Yo sé que siempre los dibujos de Daniel lo demuestran como un hombre joven y fuerte, pero La Palabra de Dios demuestra que Daniel lo servía a Dios en su vejez también.  Así como el olivo sigue rindiendo sus aceitunas hasta mil años, así en nosotros tiene que haber fruto aun en la vejez. Nunca llega un tiempo cuando Dios le echa a uno para un lado y busca a otro; eso es lo que hace el hombre, pero ¡Dios no!  Y no seamos nosotros así tampoco, pues yo he oído de casos cuando a los pastores de cierta edad han sido hechos para un lado, teniendo todavía ganas de y fuerzas para servir a Dios, son abandonados por lo que nadie puede ni controlar, ni evitar: la edad.  Demos fruto siempre, y dejemos que los demás den fruto siempre también.

Hablando de Daniel, generalmente, se acepta que Daniel entró en Babilonia de aproximadamente 15 o 16 años de edad, y desde el principio no se quiso contaminar con las cosas de Babilonia (Daniel 1:8), y hasta el final, cuando ya se cumplían los setenta años de cautividad en Babilonia, y entonces los ochenta y tantos años de vida para Daniel, ¡Daniel todavía estaba sirviendo a Dios en Babilonia!

Daniel fue parte de la primera deportación de Jerusalén a Babilonia en el año 605 a.C.  Daniel que significa ‘Dios juzga’ fue llevado a Babilonia para ser instruido en las cosas de Babilonia y los cultos de los dioses de ellos.  Hasta le cambiaron su nombre a Beltsasar, el nombre de un dios pagano de ellos.  Querían que él olvide que Jehová de los ejércitos fuera su juez, pero Daniel nunca lo olvidó y fue fiel a Dios en toda su vida.  Y recuerden que una cosa es servirle a Dios en la iglesia, ¡otra cosa totalmente diferente es servir a Dios en la Babilonia perversa!  Sin embargo, allí dio fruto de justicia y para justicia por setenta años.

Bajo Nabucodonosor (605 a.C. hasta 562 a.C.), por 43 años, Daniel interpretaba sueños, y no solamente los interpretaba, sino que cuando el rey no se acordaba el sueño, ¡él se lo revelaba por el espíritu de revelación que Dios había derramado en su vida!  (Daniel capítulos 1-4).

Bajo Belsasar[ii] (555 a.C. hasta 539 a.C.), Daniel tuvo varias visiones propias, visiones acerca de los últimos tiempos, visiones que aún se estudian el día de hoy.  Visiones en las cuales, a Daniel, Dios le reveló el tiempo para la venida del Mesías (Daniel 7:24-25). Y visiones del más allá de la segunda venida del Mesías (Daniel 7:9-10 y 8:17).  ¡Eso sí que es fruto que permanece! (Juan 15:16) También bajo este rey, al final de su reino, interpretó la escritura en la pared, y aun teniendo por lo menos 81 años de edad, no tuvo temor de hablar con autoridad La Palabra de Dios.  Y por su veracidad y fidelidad para con Dios bajo todo rey y reino ¡Daniel era exaltado a un puesto muy alto en el reino! (Daniel 5).

Finalmente, bajo los reyes, Ciro de persa y Darío el medo (Daniel 6:28) (539 a.C. hasta la muerte de Daniel en cautividad), Daniel siguió sirviendo a Dios.  Lo más impresionante en este tiempo es la fidelidad de Daniel.  Daniel, ahora de 81 años o más, ha aprendido a serle fiel a Dios y a servirle a Dios no importando el costo y ¡es en esa edad que llega su prueba más grande!  ¡Porque es bajo Darío que Daniel es echado en el foso de los leones por orar a Dios! (Daniel capítulo 6) Siempre en los dibujos de Daniel en el foso, lo dibujan como un jovencito, pero la historia nos enseña por las fechas de la cautividad de Judá y las fechas de los reinos de estos reyes que Daniel no era muchacho era un hombre ya avanzado en la edad cuando aconteció esto.  Dios no dejó de usar a Daniel por lo que su edad avanzaba, al contrario, ¡cada año lo usaba más!

Y ¿Cuál fue el final del foso de los leones?  “Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: Paz os sea multiplicada. De parte mía es puesta esta ordenanza: Que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel; porque él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido, y su dominio perdurará hasta el fin. Él salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra; él ha librado a Daniel del poder de los leones. Y este Daniel prosperó durante el reinado de Darío y durante el reinado de Ciro el persa” Daniel 6:25-28. Esta fue la declaración de Darío, y otra fue la declaración de Ciro: “Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá.  Quien haya entre vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en Judá, y edifique la casa a Jehová Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén.  Y a todo el que haya quedado, en cualquier lugar donde more, ayúdenle los hombres de su lugar con plata, oro, bienes y ganados, además de ofrendas voluntarias para la casa de Dios, la cual está en Jerusalén” Esdras 1:2-4. Dios usó a Daniel para despertar el espíritu de Ciro rey de Persia (Esdras 1:1). Dios lo usó a Daniel en su vejez para hacer esto, no en su juventud, ¡aún los más viejitos son útiles para Dios!  Porque Él es el que salva y libra, y ¡busca quien confía en su salvación y liberación!  Eso también es fruto que podemos dar en cualquier edad y ¡se llama fe! (Gálatas 5:22 y Hebreos 11:1-6) Y así como aprendieron a dar fruto de fe los de Media y de Persia, solamente viendo como era expresada la fe en la vida de Daniel, no con palabras sino con hechos (oración cuando podía costarle la vida) y con paz frente a un foso de leones, sirviendo a Dios aun cuando podía costarle su vida, creyendo que ¡Dios era fiel para guardar su depósito de fe y devolvérselo con intereses de salvación!  (2 Timoteo 1:12 y Proverbios 19:17) Porque todo el bien que hacemos, debemos saber que ¡Dios nos lo vuelve a pagar!  ¡No hay mayor testimonio que una vida que desde la juventud hasta la vejez este sirviendo a Dios!

¿Tengo necesidad de seguir?  Porque todavía se puede seguir con Daniel, que en el mismo año que fue echado en el foso de los leones, oró para la restauración de su pueblo a su tierra (Daniel 9) y que dos años después a los 83 o 84 años, poco antes de su muerte, Daniel recibe una gran visión del tiempo del fin (Daniel 12:4) y ¡Daniel, muchas veces por la grandeza de las visiones que tiene departe de Dios es postrado en cama! (Daniel 8:27) y, aun después de tener que convalecer por una visión, al tener otra visión bajo el rey Ciro, se pone a ayunar y orar para tener mayor entendimiento de la visión.  Por 21 días ayuna Daniel (Daniel 10:2-3), agotando así sus fuerzas, y nos dice la Biblia que al venir la visión completa no queda fuerza en él, que su fuerza se convierte en desfallecimiento, queda sin vigor alguno, en otras palabras, sin vida, cae Daniel sobre su rostro (Daniel 10:8-9).  Dios no lo deja caído y sin fuerzas tampoco, en versículo 19, ¡el Señor lo fortalece con sus palabras para que Daniel le siga sirviendo!  ¡Dios no buscó a otro solamente a causa de la debilidad de la edad!  Porque como ya vimos en 1 Samuel 2:30, Dios siempre honra a los que le honran a Él.  Honre a Dios, sírvele de todo corazón, y no se preocupe nunca de ser inútil para Dios, porque ¡Dios no deja de usar al vaso que se dispone!

Daniel murió en Babilonia, pero el fruto que dio allí permaneció (y nuestro fruto debe permanecer) y abrió camino al pueblo de Dios para que ellos pudieran volver a Jerusalén y reedificar el templo y ¡restaurar el culto al Dios vivo!  Nunca piense siervo, sierva de Dios que llegará un día mientras tenga vida que no pueda servir a Dios, o que será inútil en la obra de Dios, ¡ese día nunca llegará!  Es el hombre que desecha, no Dios (1 Pedro 2:4), Él honra a los que le honran, y ha hecho escribir delante de Él un libro de memoria para usted y ¡usted es especial tesoro para Él!  (Malaquías 3:16-17)

-Puede dar fruto aún después de una caída-

“…Siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse…” Proverbios 24:16,

Este árbol al igual que la acacia, aunque pareciera destruida se vuelve a levantar.  ¡Así somos nosotros, cuando nuestra justicia y nuestra vida igualmente están en Cristo Jesús!  En Miqueas 7:8-10 dice así “Tú enemiga mía, no te alegres de mí, porque, aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz, La ira de Jehová soporté porque pequé contra él, hasta que juzgue mi causa y haga mi justicia; él me sacará a luz; veré su justicia. Y mi enemiga lo verá, y la cubrirá vergüenza; la que me decía ¿Dónde está Jehová tu Dios?  Mis ojos lo verán; ahora será hollada como lodo de las calles.”

Cuando el cristiano cae (porque no hay nadie perfecto) siempre va a haber alguien presente (de eso se va a encargar el diablo) para verlo.  No va a faltar alguien que quiera destruir a uno del todo cuando uno le ha fallado al Señor.  Por eso tenemos que aprender a caminar en santidad y confiar en Dios para todo lo demás.  Si fallamos, aunque estemos tratando de caminar en rectitud, confiemos en Dios “Fiel es el que os llama, el que también lo hará” 1 Tesalonicenses 5:24.

En estos versículos de Miqueas el Señor habla de Jerusalén.  Habla de soportar la ira (la disciplina) de Dios para ver también su salvación.  Soportar la disciplina es muy importante (hebreos 12:5-11), porque al soportarla, Él le sacará a luz y avergonzará a aquellos que se atrevían a juzgar.  “¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno?  Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme” Romanos 14:4.  Poderoso es Dios para mantenernos firmes en sus caminos.

Es importante la distinción que hace Salmos 1 entre el cristiano que es como un árbol y el incrédulo o el impío que son como el tamo.  Porque en Job dice “Porque el árbol si fuere cortado, aún quedará de él esperanza; Retoñará aún, y sus renuevos no faltarán.  Si se envejeciere en la tierra su raíz, y su tronco fuere muerto en el polvo, al percibir el agua reverdecerá, y hará copa como planta nueva” Job 14:7-9.  Mientras que el árbol tiene raíces y puede revivir aún si una tormenta pareciera destruirlo, el tamo está muerto para comenzar y en el pequeño soplo del viento es arrastrado y destruido del todo.  Recuerde esto siempre, usted es árbol.  Aunque fuere cortado, o por tormenta o por pecado, quedan esperanzas de su vida.  Aunque se haya secado su vida espiritual y esté como una piedra en la presencia de Dios, al percibir el agua del Espíritu reverdecerá y hacer copa (vida) nueva en Dios. Todo está en el quererlo, y el quererlo solamente está en usted.

Todavía hay la posibilidad de salvación, de servirle a Dios y de dar fruto para Dios.  Porque como veremos más adelante en esta sección, es fruto que Dios desea.  En el fruto está la semilla, para poder sembrar y cosechar.  En el fruto hay alimento para sostener la vida.  No deje de desear fruto en su vida.  Aún quedan de usted esperanzas, aunque haya caído, aunque el hombre o la mujer le desprecia y le desecha, Dios no desecha a nadie, nunca lo hará.  ¡Jehová será su luz hasta que le saque a luz, sus ojos lo verán!

Nunca crea que Dios no lo quiere levantar o que Dios lo haya abandonado, o que Dios está cansado de rescatarle de sus errores.  Aprendamos del libro de Job: “Dios redimirá se alma para que no pase al sepulcro, y su vida se verá en luz. He aquí, todas estas cosas hace Dios dos y tres veces con el hombre” Job 33:28-29.  De esta verdad soy testiga yo, a través de mis propios errores y de la misericordia que Dios ha tenido para conmigo.

-Una nota especial a la juventud-

“…Sus hijos como plantas de olivo alrededor de su mesa” Salmos 128:3. Este versículo da un retrato de cómo el joven o la jovencita debe comportarse para con sus padres.  La palabra hebrea ‘shetil’, aquí traducida como ‘plantas’ significa ‘trasplante o renuevo’[iii] da que entender que es parte del árbol original cortado de él y hecho crecer para producir otro árbol igual al primero, como si fueran los hijos del árbol original.

En la naturaleza, el árbol madura echa sus semillas alrededor de él mismo y comienzan a brotar otros árboles de olivo alrededor de él.  Y así cuando el árbol original ya ha envejecido, los renuevos que ha echado ya están dando fruto y el árbol original no tiene tanta necesidad de producir, siente un alivio por la ayuda de los árboles ‘hijos’ que ha producido.

Esto es un ejemplo dejado de parte del Señor para la juventud.  En la juventud, es importante ayudar a los padres en toda forma posible, sabiendo que llegará el día cuando ellos ya no van a poder trabajar, cuando ya van a depender de usted para su mantenimiento.  Este versículo viene de parte de un salmo de bienaventuranza.  Esta es una bendición reservada para aquellas personas que temen a Jehová.

Entonces, si ve que sus padres terrenales, aunque imperfectos como todo ser humano, se esfuerzan para servir a Dios, también debe esforzarse para ser de bendición para ellos.  ¿Qué cosa mejor podía tener una persona alrededor de su mesa en tiempos bíblicos que árboles de olivo para producir sustento para la casa?  De igual manera, en el día de hoy ¿Qué cosa mejor hay para tener en casa que hijos que dan fruto de justicia?  Que buscan de Dios y buscan servirle a Dios, ¡eso sí que es bendición!  Tiene la oportunidad de servirle a Dios sirviendo a sus padres.  Honrar a sus padres es una forma muy importante de honrar a Dios, porque Dios así lo mandó.

Aunque sus padres hayan sido malos con usted, aunque no han hecho para usted, honra a Dios, honrándolos a ellos, pues ¿Cómo sabe si no conducirá a la salvación de ellos?  Sea cómo planta de olivo alrededor de la mesa de sus padres, rindiendo fruto y compartiendo ese fruto con ellos, porque sean lo que sean, le criaron, sustentaron su vida, y hasta cierto punto, usted es quien es gracias a ellos

[ii] Fue rey juntamente con su padre Nebonidus, siendo Belsasar segundo después de su padre desde 555 a.C. hasta 539 a.C. Nabonidus[Nebonidus fue hijo de Nabocodonosor, haciendo ay Belsasar fue su nieto, por eso todavía lo llama hijo de Nabocodonosor, en Daniel 5:22 así como el Cristo es llamado el hijo de David).

[iii] Strong’s Concordancia Exhaustiva de la Biblia #8363

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