¿Qué buscas cuando miras a Jesús?

¿A quién buscas, un Señor, Un Rey, Un Sanador, Un Padre? Source: Gerardofegan adapted from onesimus' photo

¿A quién buscas, un Señor, Un Rey, Un Sanador, Un Padre?
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¿A quién buscas, un Señor, Un Rey, Un Sanador, Un Padre?

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¿A Quién buscas?

Cuando primero creíste en Jesús como tu Salvador personal, ¿a quién o a qué buscabas? ¿Buscabas a alguien que te rescatara de todos tus problemas?  Los judíos en el tiempo de Jesús buscaban al Cristo.  Esperaban que viniera en poder para salvarlos de la esclavitud del reino Romano.  Ellos tenían a Abraham por padre y por lo tanto no buscaban a un salvador, ¡no creían necesitar un mediador entre ellos y Dios!

Entonces, ¿qué tenías tú en mente cuando llegaste a los pies de Jesús? ¿Jesús ha logrado satisfacer tus expectativas? Si no lo ha hecho, quisiera decirte que has tenido las expectativas equivocadas y realmente no has conocido a Jesús personalmente.

Atrapado en una prisión de dudas…

Juan el Bautista había estado buscando un Libertador en la primera venida de Jesús. Cuando Jesús vino como Cordero él esperaba al León.   Como nosotros, cuando sus expectativas no fueron satisfechas, sintió desilusión.  Peor que solamente desilusión, Juan se encontraba en una cárcel no sola de duda, sino que se encontraba tras las rejas de una cárcel física.  Fue desde esa prisión que envío a sus discípulos a preguntar a Jesús: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?” Mateo 11:3. Solamente hacía meses que Juan había bautizado a Jesús y había visto que del cielo descendiera una paloma y había oído la voz que proclamaba: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:13-17.

Cuando Jesús había venido a Juan a ser bautizado, Juan había protestado, dándose cuenta que él tenía la necesidad de ser bautizado por Jesús, y no Jesús por él.  Aun así, él hace las cosas como Jesús le pide y vio el milagro y escuchó las palabras…Juan conocía la verdad acerca de quién era Jesús.

Conoceréis la verdad

La verdad acerca de la persona de Jesús es que Él no es necesariamente quién nosotros queramos que sea, pero siempre es quién realmente necesitamos que sea.  Cuando Juan envió a sus discípulos a preguntar si Jesús era aquel que había de venir, Jesús no le dio una respuesta directa de sí, sino que les dijo a los discípulos de Juan que se fueran, volviera a Juan y le dijeran a Juan lo que ellos habían visto.  “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio;” Lucas 7:22. Jesús básicamente le recuerda a Juan que él no vino a hacerle la vida más cómoda a sus seguidores, sino que Él vino a encontrar los perdidos y a sanar a un mundo dolido.

Finalmente, Él dice una última cosa a los discípulos de Juan antes que ellos partiesen: “y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.” Lucas 7:23 En todo esto, Jesús les está implorando a Juan a quitar sus ojos de las rejas de fierro que le rodean en la vida terrenal y mantener su vista en el premio puesto delante del aquellos quienes corren la carrera y no tropiezan por hallar ofensa en Jesús.

Y la verdad os hará libres…

¿Alguna vez has tropezado por haber hallado ofensa en Jesús?  Posiblemente a ti no te gustan las cosas que Dios ha permitido en tu vida.  Tal vez has tenido fracasos y te duele tu corazon en el día de hoy y tú le cuestionas a Dios y le demandas una respuesta al ¿por qué? ¿Por qué permitió que esas personas te usaran y te dejaran? Necesitas saber en el día de hoy que Dios conocer nuestro dolor y jamás permite que el dolor sea en vano.  Si nosotros le permitimos él usará ese dolor para alcanzar al mundo.

Tal vez estás enfrentando a una enfermedad crónica y le has pedido al Señor que te quite el dolor o que te sane porque no quieres morir antes de tiempo y la única respuesta que has tenido del trono de Dios o ha sido silencio o ha sido la respuesta que tuvo el apóstol Pablo: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” 2 Corintios 12:9 y tú no estás dispuesto todavía a decir como el apóstol Pablo: “Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades.” Esa simplemente no es la respuesta que quieres escuchar.

La verdad es que todos vivimos en un mundo caído.  La verdad es que Eva comió de la fruta prohibida y ella le dio a comer a Adán de la fruta y él también comió.  El pecado entró a este mundo y con el pecado la muerte y la enfermedad y mientras vivamos en la Tierra viviremos con enfermedad y con las fallas deficiencias de los demás quienes nos lastiman.  Las buenas nuevas del; evangelio de Dios es que en esta vida tenemos al Espíritu Santo para confortarnos y en la muerte estaremos con el Señor y ya no sufriremos más.

La verdad también es que de una vez que dejamos de luchar contra la naturaleza caída de este mundo y ponemos nuestra Mirada en Jesús y confiamos en él plenamente entonces podemos descansar sabiendo que su voluntad perfecta es verdaderamente perfecta para nosotros; que no tenemos de que preocuparnos y no tenemos necesidad de preocuparnos y ninguna necesidad de sentirnos encarcelados por desilusión, enojo, duda o frustración.

Liberándose

Lo único que requiere para liberarte de tu propia prisión de desilusión, duda, frustración, lo que sea que te está robando tu fe n este momento es una determinación de confiar en Jesús.  Esta no es la determinación de confiar en el cómo tu Salvador. Ojalá ya hayas hecho esa determinación. determinación (y si no entonces te invito a hacerla hoy mismo). Esta es la determinación de confiar en él sin importar lo que pasa en tu vida.

Esta es la determinación que vas a confiar en Jesús aun cuando tus finanzas están desmoronándose y tu matrimonio está en escombros, aun cuando tu doctor te da la mala.  Cuando no tienes a nadie a quien acudir, ¡todavía lo tienes a él! Todavía puedes confiar en él porque él es digno de tu confianza. Nunca te ha dejado, nunca te desamparará (Hebreos 13:5) nuestro Dios no puede mentir (Tito1:2) No puede ser infiel (2 Timoteo 2:13) porque al hacer estas cosas sería negarse a sí mismo.

Jesús es digno de toda tu confianza, muchas veces, es nuestra habilidad de confiar que ha sido dañada, pídele a Jesús que te ayude. Pídele que envié su Santo Espíritu para ayudarte a aprender a confiar de Nuevo.  A veces hemos sido lastimados tantas veces que realmente es muy, muy difícil, pero con Dios…¡todo es posible! (Mateo 19:26)

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